Luis Orvañanos Lascuráin

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Jaime Santiago

Se puede decir que el origen de Corporación Geo, la empresa que dirige este personaje, es tan común como el de cualquier grupo de constructores. Los contratos con Infonavit eran la pura verdad para muchas compañías del sector, en donde una orden de 100, 500 ó 1,000 casitas de interés social les podía hacer el año, aún en tiempos de crisis.

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Pero hasta ahí llega la semejanza. Hace ya cuatro o cinco años, debido a los cambios a la Ley del Infonavit, este grupo, fundado en 1973 por varios contratistas, se convirtió en desarrollador, debido a que el organismo público dejó de hacer la obra directamente y se limitó a otorgar financiamiento.

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En lugar de pedir préstamos bancarios comunes y corrientes, Geo decidió ir por la grande, mediante emisiones en la Bolsa Mexicana de Valores (y de paso en Estados Unidos y Europa), tanto de acciones como de papel de deuda. ¿Por qué dieron ese salto? En parte, debido a cierta cultura financiera con que ya contaba Luis Orvañanos –aunque es arquitecto, su hermano Jorge dirigió por algún tiempo una casa de bolsa–; en parte, porque tuvieron el buen tino de ponerse en contacto con Violy McCausland, una asesora financiera que les consiguió ser una de las dos empresas mexicanas que pudieron colocar acciones en el mercado en el crítico 1995.

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El éxito fue rotundo, a pesar de que la imagen de México estaba en franco despeñadero, y de que nadie pensaría que una empresa que hace casas para la clase baja en un país subdesarrollado, con créditos del gobierno, sería atractiva para Wall Street. Incluso, firmas como Goldman Sachs y JP Morgan les habían aconsejado abstenerse.

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Pero Orvañanos y compañía insistieron. “Su gran visión es poder entender bien cuáles son los negocios que van a funcionar en un país como México. Es no traer cosas complicadas (como agencias de Mercedes Benz) y tratar de adaptarlas al país, sino poder brindar un bien y un servicio satisfactorio a la gran masa de la población”, opina de él Harish Dadoo, asesor financiero que se ufana de haber presentado a Geo con sus consejeros estadounidenses.

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De ahí, Geo se ha convertido en una empresa que construye casi 20,000 casas por año, en donde quiera que se pueda, casi siempre de la mano del Infonavit.

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Orvañanos, de 53 años, es cabeza del grupo original de constructores que se unió bajo Geo. En el crecimiento de esta empresa han colaborado –y en mucho– personas como Miguel Gómez Mont, otro de los entusiastas en salir al mercado financiero mundial.

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Últimamente el negocio ha ido tan bien que están planeando salir a Latinoamérica, y a finales de noviembre pasado cerraron una asociación con una empresa texana para irse a hacer lo mismo al sur de Estados Unidos. Al fin, casas donde quiera faltan, aunque aquí tendrán que buscar otros mecanismos de financiamiento.

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Una de las cosas que se resaltan de Geo es el hecho de que destina 10% de sus ventas a investigación y desarrollo... porque construir no es sólo pegar ladrillos; siempre se está a la búsqueda de nuevos materiales y mejores diseños y técnicas de construcción.

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Claro, este negocio no siempre es tranquilo. Son miles de casas, decenas de miles de gentes interesadas en quedarse con una y varias decenas de líderes políticos en medio. Nunca falta el caso de un mal vendedor, o algún defecto de obra, que provoca el reclamo airado de uno que otro cliente, y como la vivienda de interés social es un tema tan delicado, el riesgo de un -periodicazo es común. Sin embargo, tres o cuatro casos documentables no son un demasiado contra los volúmenes de Geo.

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Y hay quien insiste en hacer casas para ricos.

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