Manita de tigre

Cómo se reinventó el Circo Ringling Brothers and Barnum & Bailey para no aburrir y perder audienc
Ira Franco

Reinventar todos los días uno de los negocios más antiguos del mundo no se antoja fácil. Como la mayoría los empresarios circenses, Kenneth Feld, dueño del Circo Ringling Brothers and Barnum & Bailey, proviene de una familia que diariamente lidia con las minucias operativas de una empresa peculiar: contratar al encargado del departamento de zapatos extra largos, despedir a un payaso por mala conducta o negociar el contrato con el trapecista de moda.

- En cada show trabajan un promedio de 150 personas y el Ringling es capaz de tener hasta 15 espectáculos en diferentes ciudades del mundo de forma simultánea. “Somos, sin duda, el circo más grande del mundo en cuanto a número de espectáculos simultáneos”, presume Feld. ¿Pero cómo hace este empresario para no aburrir a la audiencia?

- Su vida es, literalmente, un circo de tres pistas. Todos los días recibe el informe de cada show vía electrónica. “Los responsables de cada locación tienen que enviarme un reporte detallado de la respuesta del público. Si un acto no funciona, tenemos la capacidad para modificarlo o retirarlo de un día para otro”, explica Feld.

- El dueño del Ringling acepta que particularmente en la última década se han originado nuevos retos para un espectáculo con raíces en el medioevo. Quizás el más amenazador sea la escuela de circo que se inauguró en 1984 con el Cirque du Soleil, que no utiliza animales en sus actos, lo cual resulta muy atractivo para quienes defienden sus derechos.

- La audiencia también se ha vuelto más impaciente. Hace 20 años el espectáculo del circo era de dos horas 40 minutos y cada acto de 15 minutos, aproximadamente. Hoy, para complacer al público, los actos se han acortado a unos seis minutos porque la gente se aburre con mayor facilidad.

- “El mayor cambio en el negocio del circo es resultado de internet”, considera Feld. “En esta época todo el mundo tiene la misma información al mismo tiempo. Solía ser diferente cuando los europeos no sabían qué clase de espectáculo se ofrecía a los estadounidenses”.

- La estrategia de negocio se enfoca a hacer ligas íntimas con la audiencia. “Creemos que nuestra audiencia necesita otro tipo de contacto con los artistas y los acercamos a ellos antes de que empiece el show. Es una estrategia amigable. Una hora antes del espectáculo se les invita a tocar a algunos animales y a saludar a los payasos, por ejemplo. Los niños se divierten mucho porque lo sienten más cercano e interactivo. Es como una fiesta previa y cuando estás disfrutando el espectáculo, sientes que ya conoces a los que están actuando para ti”, cuenta.

- En lo que respecta a los empleados, el empresario dice que cada año y medio su hija Nicole se lanza en una gira por el mundo en busca de talento. “Trabajan por temporadas y la mayoría tiene muchas ganas de estar allí, por eso no podemos hablar de problemas o despidos, aunque si no nos tomamos muy en serio las cosas, podríamos decir que a los payasos se les debería despedir de un pastelazo en la cara”, ríe el empresario, consciente que sin la participación de su familia, el ‘espectáculo más grande del mundo’ podría haber sido archivado en la historia como un caso más de la rareza humana.

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