Manzana de Rudy

El alcalde de Nueva York opaca la presencia de Bush.
RC / Nueva York

El martes 11 de septiembre dejó vacíos difíciles de llenar para los neoyorquinos. Uno de ellos, quizá tan grande y evidente como la ausencia de las Torres Gemelas en el paisaje, fue la falta de presencia de la figura presidencial en las primeras horas de desconcierto.

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En cambio, desde los minutos que siguieron al ataque aéreo, Rudolph Giuliani consiguió la admiración de sus coterráneos. Tras ordenar el cierre de puentes, túneles, abasto de gas, electricidad y servicio de transporte subterráneo para evitar más atentados terroristas o la propagación de los incendios, el alcalde se lanzó a las calles para unirse a las labores de rescate.

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Gracias a una llamada telefónica televisada en compañía del gobernador George Pataki, la personalidad de Giuliani sirvió para fortalecer la débil figura de George W. Bush. El alcalde agradeció el apoyo del Presidente a las tareas de recuperación y abogó por la seguridad de los musulmanes que viven en Estados Unidos.

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Pero la popularidad de Rudy –como lo conocen en la gran manzana– no ha sido la misma a lo largo de sus siete años en el ayuntamiento. Amante de los reflectores, no ha omitido hacer cualquier cosa, incluyendo vestirse de mujer, para ocupar las primeras planas. Además, ha empleado toda la fuerza del equipo legal de la ciudad para favorecer los intereses del gran capital mundial que confluye en la babel de hierro a costa del bienestar de las mayorías.

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