Maquilando la educación

¿Podrá la nueva propuesta educativa de Fox crear un mercado laboral competitivo?
Marina Delaunay

Cuando el 8 de agosto el gobierno mexicano firmó el programa Compromiso Social por la Calidad de la Educación, la pregunta del millón fue si de una vez por todas se iniciaría la aclamada “revolución educativa”.

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Un no rotundo ha sido la respuesta. “Sólo producirá más mano de obra barata para maquiladoras”, advierte José Manuel Orozco Aribay, profesor de problemas sociales mexicanos. 

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“Es muy dudoso que en el corto o el mediano plazos el plan sea exitoso; además de calidad, se necesitan infraestructura, insumos, buenos salarios y manejo sindical no clientelar”, comenta el académico.

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“Se cometió el mismo error que en otras épocas cuando se descentralizó el sistema educativo sin considerar las diferencias de los estados federativos, los verdaderos operadores de la educación”, comenta Vidal Garza Cantú, director del Centro para el Análisis y la Evaluación de la Política Pública del TEC de Monterrey. Según este académico, las diferencias regionales desencadenarán otro riesgo en cuanto a la elección de los indicadores de calidad pedagógica por parte de un consejo técnico.

La proporción entre alumnos y profesores, cantidad de horas cátedra y otras variables exclusivamente cuantitativas no arrojarán un diagnóstico real y la solución elegida no será la indicada.

El contexto socioeconómico en que se aplica la ponderación es ignorado tanto por el reciente programa como por las políticas públicas anteriores.  “Es como una ISO 9,000: sólo demuestra que sabes documentar muy bien, pero no dice nada sobre la calidad de una empresa”, compara el profesor del TEC. En lo que sí hay consenso es en el objetivo: producir mano de obra especializada y competitiva. La clave está en cómo.
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