María Cintrón. Aldeana global

Establecer analogías entre México y Estados Unidos es la esencia de la compañía de esta emprende
Ivette Estrada

La historia de esta mujer parece escribirse con los signos de la globalización. El soñar en capitalizar algún día sus vivencias en una empresa de consultoría corporativa y negocios internacionales parecía una utopía, pero un día supo que no era así.

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María Cintrón, la protagonista de esta historia, vivió desde pequeña la interacción entre la cultura estadounidense y la latina. En sus recuerdos más antiguos se mezclan canciones de cuna en inglés con la voz de su madre y narraciones sobre México y América Latina contadas por su padre. Con el tiempo, en su vida cotidiana adoptaría convicciones y estrategias de ambas geografías, "al grado de creer que tengo dos auténticos hogares", relata a EXPANSIÓN.

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Nacida por azar en el estado de Indiana, en Estados Unidos, hace 28 años -la fábrica de autopartes de su padre llevó a la familia allá-, desde los cinco años Cintrón vivió en Cuernavaca, hasta que regresó a esa entidad estadounidense, pues estudió administración de empresas en la Universidad de Notre Dame.

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Luego de graduarse, supo que era hora de trabajar, aunque ya se había desempeñado desde pequeña como empaquetadora o recepcionista, un tanto informalmente, en el negocio familiar. "Me decidí a ingresar en la estadounidense -Hallmark Cards y ahí permanecí tres años. Regresé a México, convencida de tener ya seguridad e identidad -profesional", recuerda.

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Así, se incorporó a un negocio de tarjetas y regalos de su familia, pero su labor ahí sólo se prolongó ocho meses, pues decidió cerrar. "La empresa inmobiliaria del centro comercial optó por dejar el arrendamiento y vendernos el local. Pero era una inversión que no recuperaríamos sólo con las ventas. Financieramente, no era sano continuar."

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Ya sin trabajo, fijó su atención en un negocio de importaciones y exportaciones que tenía su padre. Aunque el señor siempre lo había considerado como un -hobby y nunca lo desarrolló formalmente como empresa, Cintrón se empeñó en hacerse cargo de ellos y lograr los objetivos para los que habían sido creados.

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¿Vecinos distantes? Justo cuando estaba en tales planes, Cintrón cayó en cuenta de que conocía perfectamente la idiosincrasia americana, tanto la manera de pensar de los estadounidenses como la de los hispanos, especialmente la de los descendientes de mexicanos. Decidió crear una firma de consultoría corporativa, cuyo objetivo fuera doble: por una parte, facilitarle a los inversionistas de Estados Unidos establecerse en México; por la otra, ayudarle a compañías mexicanas a exportar.

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Justo cuando aparece en el panorama mercantil el Tratado de Libre Comercio (TLC), surge Consultores Internacionales CLB, con Cintrón al frente. Su misión: acortar las diferencias entre México y Estados Unidos y facilitar el establecimiento de -joint ventures entre empresas de ambas naciones. Para lograr buenos nexos en los negocios, pensó Cintrón, se debían vencer antes ciertas barreras, que inician con el idioma pero que prosiguen con las diferentes políticas administrativas y fiscales y con el desconocimiento de mercados potenciales en ambos lados de la frontera.

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"Planeamos llevar a las empresas internacionales de la mano para lograr sus objetivos. Esto incluye desde con quién hablar, hasta establecer en nuestra oficina su base de operaciones, realizar una confiable investigación de mercados, programas pilotos y en general todo lo que integra la fase inicial de un negocio."

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Inicialmente su negocio estaba enfocado a empresas estadounidenses que decidieran abrir negocios o expandir sus filiales en México, y Consultores Internacionales CLB era sinónimo en ese nicho "de poner sobre ruedas la empresa al obtener mediante ella una asesoría integral para. iniciar operaciones: desde obtener el registro federal de causantes hasta lograr la asesoría de abogados, contadores y otros especialistas".

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Gracias a las oportunidades que abrió el TLC, los resultados no se hicieron esperar. Al grado que actualmente la compañía cuenta con oficinas no sólo en Cuernavaca, sino también en el Distrito Federal, Dallas, Washington, Santiago de Chile y San José de Costa Rica. Mientras en 1993 facturó $1 millón de dólares, en 1994 llegó a $5 millones.

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Así, la firma iba viento en popa; sin embargo, "llegó la recesión económica y una crisis de confianza en México. Si con el TLC, el país era visto como una tierra prometida, el miedo ante la incertidumbre política hizo que los negocios disminuyeran".

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Por ello, Cintrón debió cambiar de estrategia. Ya no se trataba de impulsar asociaciones con socios de Estados Unidos sino darle una salida a los productores nacionales e impulsar las exportaciones mexicanas. En este sentido, la empresa se ha dedicado a buscar en Estados Unidos nichos de mercado potenciales, que aún no hayan sido cubiertos o que sólo parcialmente hayan sido detectados por productores nacionales.

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Encuentros cercanos. Los clientes de Consultores Internacionales CLB operan en distintas áreas de la industria: desde los productos perecederos, los de consumo, hasta juguetes, textiles, servicios financieros, despachos de arquitectura, de cómputo, etcétera. Cada uno tiene necesidades específicas, mismas que son atendidas por un staff de base mínimo y contrataciones extraordinarias de expertos enfocados hacia proyectos especiales. "No somos todólogos, pero logramos satisfacer a los empresarios de cualquier producto o servicio con proyectos integrales de imagen, costos, calidad, prioridad internacional, desarrollo de trabajo, alternativas de expansión, enlaces, presupuestos, etcétera."

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Establecer la viabilidad de los proyectos y coordinar visitas a líderes del mercado es parte de consultores Interna los servicios de nacionales CLB.

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Aunque Cintrón asegura que en su negocio la maquinaria no es esencial, pues "sólo se limita a computación avanzada y alta tecnología en comunicación", lo cierto es que la importancia de sus servicios radica en labores que realiza su gente: "La calidad de la investigación, el conocimiento jurídico que afecta en una u otra forma los negocios, las buenas relaciones con dependencias gubernamentales y la obtención de todas las variables que puedan determinar que el inicio de un negocio sea exitoso."

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Esta joven empresaria, que conoció el mundo latino gracias a su abuelo paterno y a su padre, asegura que su negocio no sólo carece de pasivos, sino que prácticamente no tiene competencia. "Aunque podríamos localizarla en despachos jurídicos o contables, una consultoría integral de negocios con nuestra infraestructura no la conocemos."

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Planeada para que las empresas mexicanas accedan al mercado estadounidense y viceversa, esta firma se promueve con las recomendaciones "de boca a boca" en México; pero en Estados Unidos lo hace a través de un boletín mensual que llega a más de 20 clientes y cuyo objetivo es dar a conocer las posibilidades de inversión en México y en América Latina.

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Pero los mayores obstáculos que Cintrón ha debido sortear rebasan el ámbito de los negocios. En México, por ejemplo, el ser mujer y pretender que fuese tomada en cuenta pudo ser un fuerte impedimento... Sin embargo, esta desventaja también tiene su lado bueno, pues al parecer una dama siempre consigue una cita y es más fácil que le confíen secretos de la compañía; si se tratara de un hombre, Cintrón cree que probablemente no se los darían.

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En Estados Unidos, "lo más difícil es que entiendan la idiosincrasia mexicana. Al trazar la ruta crítica, generalmente los estadounidenses se sorprenden de los trámites que deben efectuar".

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Cintrón, quien gusta de todo tipo de lecturas, sin géneros ni autores preferidos, así como de la música, los viajes y el cine, asegura que en una empresa, "lo que siempre debe estar en la mente del emprendedor es la calidad del servicio que ofrece". Para ella, la calidad implica tanto nulas faltas de ortografía o -de dedo en un informe, hasta la actualización de cifras y la puntualidad. Se trata, dice, de “las pequeñas grandes cosas que forman a los grandes".

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Hija mayor de una familia que comprende a sus padres y a otros dos hermanos, Cintrón cree que si algo realmente la fascinó en su vida de 30 años fue esa interacción cultural que heredó de sus padres, pues le permitió asumir con comodidad ambas lenguas, ambos patrones culturales y ambos modos de ser. "Para mí, estar en Estados Unidos o en México es permanecer en casa. Me arropa la comodidad de los dos modos de vida. Por eso, mi negocio es que mis clientes crucen el puente idiomático y cultural".

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Con apenas un par de años de vida, las expectativas de su compañía aumentan continuamente. Por ello, Cintrón ya visualiza extender sus operaciones, aunque siempre con la convicción de devolverle a la comunidad lo que ésta le da -"para no ser una empresa estéril".

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