Mauricio Fernández Garza <br>&#34Es una

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Entre 1991 y 1992 invirtió de entrada en la isla, junto al empresario Daniel Tafich —regiomontano, como él—, $50 millones de dólares en una empresa mixta donde su participación era de 55% y la del gobierno cubano de 45%. Se trataba de uno de los proyectos de inversión extranjera más importantes en la historia del gobierno de Castro, que luego se convirtió en la primera empresa multinacional de Cuba en el sector - industrial: la International Textile Corporation (ITC).

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A casi seis años de esta experiencia inicial, ha pasado mucha agua bajo el puente del ahora también senador panista Mauricio Fernández Garza. Tanto en su calidad de empresario como de legislador —corresponsable de que se apruebe en la Cámara Alta la ley “antídoto” a la medida estadounidense—, entrega sus reflexiones a EXPANSIÓN, las cuales han sido editadas.

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¿Qué opina, en general, sobre la Helms-Burton?
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En su parte teórica está el problema de su extraterritorialidad, en que se violan todos los derechos internacionales, de libre comercio, y también derechos que ya están muy superados en el mundo, como los que perjudican, no sólo a un inversionista sino también a sus familiares, a sus accionistas. Hay allí un concepto terrorista, intimidatorio. En la parte práctica, en el caso mexicano tiene muy poca aplicación porque sería muy ingenuo que uno de nuestros empresarios operara en activos de hace 50 años, obsoletos tecnológicamente, es decir, ahora verdaderas chatarras, que deben pertenecer a estadounidenses o cubanos que se fueron luego del triunfo de la revolución. Por lo tanto, mi única interpretación es que es una ley demagógica, soberbia y prepotente.

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Pero no por eso es menos peligrosa...
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Mi pleito personal es en defensa de la soberanía mexicana. Los -estadounidenses que hacen estas leyes no creen siquiera en lo que están defendiendo. Torricelli, hace cuatro años, y Burton y Helms, hoy día, son sólo unos oportunistas y si en 1992 no hicimos nada y ahora pasa lo mismo, no sé que otro loco fanático va a sacar una ley que sí nos perjudique. Por eso creo fundamental adecuar nuestra Constitución y nuestras leyes para que ningún país pueda legislar sobre el nuestro. La semana pasada, en una reunión en Cuba con los 17 partidos comunistas latinoamericanos, propuse una ley “espejo”, es decir, que en la medida en que una transnacional considere que somos culpables respecto a una ley extraterritorial, hay que devolverlo en la misma medida: debiéramos tener leyes mexicanas que implicaran el ojo por ojo y diente por diente.

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¿No piensa que Estados Unidos busca dejarse el camino libre para invertir en Cuba, una vez retorne la democracia que ellos quieren?
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Todo mundo le está “faltando el respeto” a esa nación, al hacer negocios con Cuba, incluyendo a Israel. Por otro lado, muchos americanos le están buscando la vuelta, a través de terceros países, para hacer negocios allí. Los americanos ya están en la isla.

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¿Cuántos empresarios mexicanos operan en Cuba?
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No tengo la menor idea. Pero le digo que hay vuelos directos desde Monterrey a La Habana, que hay un Consulado cubano en Monterrey y que hay cientos de empresarios, sólo de esta ciudad, que operan en Cuba, y de todo tipo.

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¿Qué opina sobre lo que el gobierno mexicano hace para defender a los posibles afectados?
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Se me hace muy importante que México legisle para que la agresión a un empresario se vea como una agresión nacional, a nuestro país. Porque eso es lo que está haciendo Estados Unidos.

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¿Por qué usted y el señor Tafich decidieron invertir en la isla?
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Porque considero que las más importantes oportunidades del mundo las tiene Cuba: una infraestructura muy grande —hecha con capitales de la ex Unión Soviética—, el mejor nivel de salud del mundo, el nivel de educación más alto de Latinoamérica, una posición geográfica estratégica. Si se abre allí un turismo internacional, peligrarían tanto Cancún como Florida. Lo que les falta es encontrar la mejor forma para el flujo de capitales para la producción, y en esto es importante la confianza.

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¿Tuvieron algún problema con el gobierno de Castro cuando iniciaron sus negocios allí?
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No, al contrario. Tuve todo el apoyo del mundo, desde el propio comandante, todo su equipo económico, hasta el entonces Consejo Estatal de Colaboración Económica (CECI), ahora Ministerio de Inversión Extranjera y Colaboración Económica (MIECE). Entré en medio de la crisis cubana, con la salida de la Unión Soviética y me ha tocado vivir todo ese proyecto de cambio y creo que han -tenido resultados muy positivos: Cuba llegó al tope en el 93, en el 94 el PIB rebotó a 0.7%, en el 95 llegó a 2.5% y para este año se espera que sea de un 6%. Cuba ya rebotó y en esa medida la caída de Fidel Castro ahora ya es sólo una ilusión. Por eso se me hace muy injusta la posición de Estados Unidos, que está bloqueando el bienestar de 11 millones de cubanos.

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¿Cómo una persona con su afiliación política puede tener esas opiniones sobre un régimen que en lo ideológico es absolutamente contrario al de su partido?
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El PAN ha sido muy mal interpretado en cuanto a sus posiciones y, además, yo no espero convertir en panista al comandante y él tampoco quiere hacerme un comunista. Creo que en todas las posiciones, aun las más extremas, hay coincidencias y, para avanzar, el mundo debe hacerlo en función de las coincidencias y no de las divergencias. No tenemos por qué ver como enemigo a ningún régimen, sistema o creencia religiosa. Yo, como persona de centro, no tengo por qué no sentarme junto a un socialista.

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¿Ustedes tenían un préstamo de Bancomext cuando invirtieron en la isla?
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Hubo una inclusión de Bancomext al inicio. Pero yo he intervenido allá fundamentalmente como promotor empresarial, buscando un acoplamiento entre sistemas diferentes para darle alguna alternativa a Cuba. Se me hace un reto muy interesante.

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¿Sigue sólo en el ramo textil?
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He estado en muchísimos ramos y aún estamos en conversaciones para entrar a los rubros eléctrico, minero y otros...

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¿Cómo marchan allí sus negocios ahora?
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La isla vive un cambio cultural, de adecuación al mercado internacional, de exigencia en la calidad, en la productividad. Les alabo su capacidad para cambiar a partir de reconocer sus errores. Por lo tanto, luego de haber participado nosotros en agarrar el rumbo, en integrar materias primas mexicanas para -regresarlas como telas —compitiendo acá con Asia—, subir la productividad y la eficiencia, atender los requerimientos internacionales, etcétera, nuestros -negocios siguen, pero sólo participamos en la comercialización ya que las plantas se han pasado totalmente a los cubanos. No se trata de ganar o no ganar dinero, a mí se me hace un proyecto muy lindo y sus resultados económicos son a largo plazo.

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Está claro que no tienen riesgo con la Helms-Burton...
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Ninguno. Cuando llegué a Cuba jamás consideré participar o comprar algún activo estadounidense o confiscado. Esto, porque estaba convencido de que en la medida en que el mundo estuviera abriéndose a Cuba los americanos -entenderían que se estaban quedando fuera del pastel y se produciría lo que ahora vemos. Además, ¿para qué me iba a meter con chatarras viejas? Hubiera estado loco...

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¿No se está actuando a destiempo en México respecto a la ley?
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Como todo el mundo. El único que actuó a tiempo fue Canadá, pero creo que hoy todos han reaccionado, a nivel internacional, a diferencia de la ley Torricelli, cuando sólo lo hizo Inglaterra.

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¿La ley “antídoto” va a salir pronto?
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Pienso que en tres meses debe estar lista.

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Es decir, después de las elecciones internas en Estados Unidos.
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Pero no estamos allá sino en México, son nuestros tiempos.

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Se dice que cuando Estados Unidos ha embargado a los países nunca ha dado marcha atrás...
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No es así. Ha cambiado sus posturas con Vietnam, con China, con la ex Unión Soviética; con la única que nunca ha cambiado es con Cuba. Allí nunca les ha funcionado nada y cada vez hay menos apoyo en el mundo a su política de bloqueo, porque está violando muchos de los principios que esa misma nación pregona. Así, Cuba seguirá adelante, le guste o no a Estados Unidos.

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