Memorias ambiguas

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AL ROMPER DEL ALBA
Ernest Hemingway
México, Planeta, 1999
338 páginas.

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Exposiciones, conferencias, estudios sobre vida y obra de Ernest Hemingway (1899-1961) se han realizado a diario en Estados Unidos, y en no pocas capitales del mundo, para celebrar el centenario de su natalicio. Sin embargo, vale la pena detenerse en la publicación de Al romper el alba, que en ese país se presentó bajo la ambigua clasificación de “memorias de ficción”, asunto que refrenda su hijo Patrick en la introducción, tras informar que redujo a la mitad el manuscrito original.

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Frente a este libro surgen varias reflexiones. Una en torno a la rapiña de herederos que parecerían dispuestos a sacar partido hasta de las frases escritas al reverso de una nota de lavandería. Cabe, asimismo, preguntarse, acerca de los derechos que alguien más puede tener para decidir si un manuscrito –que, obviamente, necesitaba retrabajarse– llega hasta los anaqueles de las librerías; más aún en casos como el de Hemingway en que no es la primera vez que sale a la luz obra póstuma, hallada entre sus manuscritos sin terminar. Flaco favor el publicar estas memorias noveladas, que a ratos –sólo a ratos– atrapan la atención del lector. No en vano la crítica de The New Yorker las calificó de “palabras puestas, aún no escritas”. Sobre el tema –los safaris hemingwayianos en África–, más vale releer sus incomparables cuentos largos o novelas cortas: La breve vida feliz de Francis Macomber y Las nieves del Kilimanjaro.

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