Mi pulgar pidió la renuncia

Quien dijo que la tecnología simplifica nuestras vidas jamás ha escrito un &#34hola&#34 en el tecl
Antonio Puertas

Me duele el pulgar de la mano derecha. Como no soy de los privilegiados que poseen un Treo 600 o uno de los celulares inteligentes, que incluyen un teclado virtual en sus pantallas de alta definición, me veo obligado a escribir mensajes utilizando un teclado alfanumérico, en el que en ocasiones debo presionar hasta cuatro veces un botón para obtener el resultado deseado. Y cuando uno tiene amigos muy parlanchines o muy adictos al chat, el asunto puede volverse complicado.

- Se supone que, desde la invención de la rueda, la tecnología existe para hacernos la vida más sencilla. Hoy, cuando el término tecnología es sinónimo casi automático de “alta tecnología”, compruebo que con frecuencia la tecnología y la alta tecnología nos complican muchísimo la vida cotidiana. Ejemplos de ello sobran: el automóvil, que habría de acortar las distancias, sólo las alargó en términos de horas/trayecto en nuestras megalópolis; y el teléfono, que habría de facilitar la comunicación instantánea, volvió casi imposibles el diálogo y las conversaciones en vivo; internet ha degenerado en el mejor medio para enviar y recibir basura cibernética, incluyendo gusanos y virus que borran información vital de nuestras PCS; los aviones civiles se convirtieron potencialmente en clones de aquellas naves piloteadas por orgullosos kamikazes, esto es, misiles que pueden impactarse contra blancos civiles, incluidos ciertos rascacielos. Por último, menciono mi drama cotidiano: el breve teclado de mi celular, apenas 12 botones en los que mi angustia se ahoga a diario.

- Este tema de los mensajes por celular me tiene ya un poco mareado. Aunque a veces utilizo la modalidad T9 de texto en español –que en teoría debería “reconocer” la palabra que intento teclear–, los resultados que arroja el maldito teléfono son increíbles. Por ejemplo, cuando quiero responder al mensaje “¿dónde estás?”, en lugar de que la modalidad T9 reconozca el sencillísimo “en mi casa”, obtengo la frase bizarra “demo ongi barrrr”.

- Si en cambio deseo enviar un mensaje del tipo “nos vemos al rato”, la modalidad T9 escribe “nos tuv prát”, y ni Dios podría convencer al méndigo dispositivo de que eso no es exactamente lo que quiero decir. En verdad, la modalidad T9 de los celulares supera por mucho los alucinantes resultados que arrojaba la peor versión del diccionario castellano de Word.

- Los inconvenientes no terminan ahí. Siempre es posible desactivar la modalidad T9, pero el costo en términos de tiempo y presión ejercida sobre el pulgar aumentan considerablemente. Por ejemplo, el simple “Hola”, con mayúscula, implica 11 presiones. Agréguese, además, el inefable error debido a los minúsculos teclados, y la cantidad de veces que mi sufrido pulgar debe apretar con precisión ciertas teclas aumenta mínimo 50%.

- Aunque admiro a los amigos expertos en mensajes instantáneos, confieso que ya abandoné esta práctica. Si para poder teclear un sencillo “¿cómo estás?”, hay que presionar 30 veces el teclado y, al final, el resultado que obtengo es “¿còmo estàs?”, con esos horribles acentos invertidos, prefiero utilizar el correo electrónico.

- Ciertamente, la tecnología nos vuelve la vida más amable, pero también hace pedazos la ortografía y la gramática. Y nada puede ser tan urgente como para olvidarse para siempre del diccionario.

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*Periodista independiente, especializado en temas de tecnologías de información. Para cualquier pregunta, sugerencia, crítica o reclamo:
apuertas@expansion.com.mx

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