Mobbing: trabajando con el enemigo

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María Josefa Cañal

Miedo a fracasar o temor a lo que es diferente, enemistad personal, demostraciones de poder y competitividad, estrés por exceso de trabajo, prejuicios injustificados o falta de respeto a la dignidad humana, son algunos de los motivos que explican la aparición, sobre todo en empresas donde existen relaciones de poder muy marcadas, del llamado mobbing.

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Este fenómeno –que carece de traducción al español (del inglés to mob, burlarse)– implica un acoso psicológico por parte de una o varias personas, durante un periodo prolongado, hacia uno o varios compañeros. El mobbing no es nuevo; desde hace 15 años el profesor Heinz Leymann tipificó el intento de uno(s) de destruir la reputación o las redes de comunicación de la(s) víctima(s) –que se encuentran en una relación de inferioridad– y de sabotear la realización de sus labores.

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Tal hostigamiento psicológico –según Leymann– se presenta de distintas maneras:

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1 Limitar la expresión u opinión del afectado mediante interrupciones constantes; críticas continuas a su vida privada o a la labor ; terror telefónico; amenazas verbales o por escrito; y evadiendo el contacto con ella o mirándola con desprecio.

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2 Agredir las relaciones sociales del perjudicado, a quien se le hace la "ley del hielo" no se le permite terminar de expresarse; se le desplaza a una habitación alejada de sus compañeros o se les prohibe a éstos dirigirle la palabra.

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3 Afectar la imagen pública de la víctima: distribuir rumores; ridiculizarla; imitar sus gestos; atacar su ideología; burlarse de su nacionalidad; evaluarla mal; obligarla a realizar labores que dañan su autoestima; insultarla o hacerle ofertas sexuales.

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4 Atacar la libertad laboral y personal del lesionado –lo que se puede hacer, por ejemplo, a través de la asignación de tareas que se encuentran muy por encima o muy por debajo de sus facultades profesionales– para poder desacreditarlo.

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