Más allá del dinero

Softbank Latin America Venture apuesta a la diversificación de su cartera de inversiones para contr
Andrés Piedragil Galvez

Para muchos emprendedores, Jan E. Boyer es alguien que puede marcar una gran diferencia. A través de la organización que encabeza, Softbank Latin America Ventures (SBLV), este hombre inyecta importantes sumas de dinero a compañías noveles y proyectos de negocio que están relacionados con el campo tecnológico. Cuando el ímpetu abunda, pero los recursos financieros escasean, el respaldo de este fondo de inversión resulta estratégico para asegurar el futuro de una empresa.

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SBLV se estableció en enero del año pasado y, hasta el momento, ha brindado su apoyo a cinco firmas latinoamericanas: Connectmed: servicios basados en internet, dirigidos al sector salud de Brasil; LearningSoft: diseño de aplicaciones y soluciones para el ámbito educativo; From2.com: sistemas de comercio electrónico y de logística inteligente (recientemente, se fusionó con Arzoon, un proveedor de software para cadena de suministro); Dineronet.com: compañía de operaciones financieras basadas en la Red (e-Finance) que atiende a los mercados de habla hispana y portuguesa; y BitTime: soluciones de mercadotecnia virtual (e-marketing) dirigida a organizaciones latinoamericanas.

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Con el fin de continuar su labor de respaldo, SBLV cuenta con un fondo de inversión de $150 millones de dólares. Sin embargo Boyer –presidente y director operativo de la asociación–, considera que el capital no es su mejor carta de presentación. La capacidad económica, según él, no es el factor que lo legitima. Más allá del dinero, las compañías de América Latina que reciben el apoyo de SBLV obtienen dos valores que –en términos empresariales– resultan imprescindibles: conocimiento de la región y experiencia.

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En una reciente visita a México, Expansión charló con Jan E. Boyer. A continuación unos extractos de la plática.

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Al igual que otras empresas del sector, SBLV invirtió muchos recursos en el área de internet. Ese ámbito, en términos generales, traicionó las expectativas originales. Hoy muchos inversionistas están arrepentidos. ¿Siente lo mismo?
-No. Gracias a la experiencia acumulada en otras regiones del mundo, la incursión en Latinoamérica se basó en una estrategia bien diseñada. La compañía sabe reaccionar ante los movimientos financieros y tecnológicos. El difícil momento que se vive actualmente no es el primero ni será el último.

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A principios de 2000, cuando SBLV se estableció, la pregunta recurrente era: ¿no creen que la empresa llegó demasiado tarde al mercado? Nunca entendí el cuestionamiento. Para la organización el momento era el ideal, aunque muchas personas consideraban que el barco ya había salido de puerto, que las mejores oportunidades ya habían pasado. En la firma se tenía la certeza de que, en Latinoamérica, el desarrollo de la economía digital apenas comenzaba. Hoy, casi dos años después, la opinión pública apunta hacia la dirección contraria: internet fue una ficción, un invento, un exceso. Dicha apreciación, desde mi punto de vista, no es correcta. La Red, se decía hasta hace poco, transformará las piedras en oro. No es así. Sin embargo, tampoco es lo peor que existe en el mundo de los negocios.

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Además, la visión de SBLV es muy amplia. Nuestra definición de tecnología no se restringe a la web; también incluye biotecnología, infraestructura de comunicación y telecomunicaciones.

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No obstante, el escenario para la inversión ya no será igual. El susto no fue menor.
-Hay que reconocer el impacto del Nasdaq, aceptar que se creó una gran burbuja. Sin embargo, yo creo que nada ha cambiado. Por ejemplo, las inversiones de SBLV en la región se realizaron después del ajuste del índice, en abril de 2000. En el contexto de lo que ocurrirá con la economía digital en Latinoamérica durante los próximos 10 años, este evento, por muy catastrófico que sea –y a pesar del gran respeto que siento por el mercado y sus indicadores–, sólo es una anécdota. Una muy importante, pero sólo una anécdota. En México hay muchas cosas por hacer. Para las organizaciones involucradas en el desarrollo tecnológico –inversionistas, proveedores, consumidores–, el país no estará entre los primeros que adoptan soluciones de punta. Quizá será de las últimas naciones en hacerlo; pero tendrá el privilegio de realizar uno de los mejores procesos de adopción: aprenderá de los errores y las estrategias que ya se instrumentaron en otras zonas del orbe.

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En Latinoamérica, ¿qué factores determinan el éxito de una inversión en tecnología?
-La clave está en aportar y aprovechar la experiencia, sin perder de vista el enfoque local. Por ejemplo: con el fin de determinar qué software empresarial es el indicado para el sector mexicano de la pequeña y mediana empresa (PYME), no basta con recurrir al proveedor más importante en el contexto internacional. Antes de cualquier decisión, hay que comprender cómo trabaja la PYME local, bajo qué condiciones de mercado se desenvuelve. Incluso se tiene que entender qué es. No se trata de reinventar la rueda. Es preciso aprender de las experiencias globales y, en función de dicho conocimiento, aportar valor a los proyectos nacionales.

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Además, los inversionistas deben tener una visión muy clara: la economía digital tiene que ir hacia la gente y no al revés. El acercamiento debe incluir todos los aspectos: dispositivos, contenidos, aplicaciones y costo. Si el proceso no satisface estos criterios, el impacto no será tan profundo.

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En México, ¿qué áreas tecnológicas representan buenas oportunidades de inversión?
-El país puede desarrollar tecnología de clase mundial. Hace un año yo afirmé esto en una conferencia. Nadie me creyó. Sin embargo, conozco empresas en Corea y la India que ya lo hacen. Considerando las ventajas que posee México –geográficas, intelectuales, económicas y de cultura emprendedora–, ¿qué razones cancelan la posibilidad de que aquí se construya tecnología de punta? La oportunidad es muy amplia: crear software, aplicaciones, equipo, etcétera. No hay ningún motivo para pensar que esta labor resulta imposible.

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¿Qué rasgos caracterizan al emprendedor mexicano?
-Como en todos los lugares, hay buenos y malos. El rasgo que distingue al mexicano es su seriedad. Un aspecto que muchos podrían interpretar como ausencia de ambición. Por lo general, a este tipo de personas sólo se les atribuye la capacidad de empuje, los deseos de aspirar a mucho. En mi opinión, la formalidad debe ser una característica muy importante en un emprendedor.

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En México todavía hace falta desarrollar una cultura de este tipo. Tradicionalmente, el talento empresarial se presenta en sectores socioeconómicos específicos. Yo conozco personas que están fuera de ese molde. Hay mucha capacidad en los lugares que nadie explora.

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