Más escaleras

La credibilidad de la nueva administración está llegando al límite o Fox es víctima de sus ambic

Si bien por fortuna el cambio de gobierno durante el pasado 2000 no trajo consigo tormentas económicas, dado que Vicente Fox heredó de Ernesto Zedillo un macroescenario más o menos administrable, el empuje que mostró el Presidente en sus primeros días se viene diluyendo de forma más acelerada de lo que cualquiera hubiera supuesto. El peso de las circunstancias externas –como el tan mentado colapso de la burbuja de crecimiento estadounidense–, además de planteamientos opacos en materia de política económica –por ejemplo, la discutida reforma hacendaria–, han comprometido la credibilidad de la aún novata administración.

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Testimonios que refieren el prematuro desgaste gubernamental hay varios, pero baste uno elocuente: luego de que a mediados de mes se anunciara la megafusión de Banamex con Citigroup, un puñado de reporteros abordó a Lorenzo Zambrano, influyente industrial. Atenta a los comentarios del líder de Cemex, una periodista extranjera le preguntó si habría que "tener confianza en el presidente Fox". El directivo vaciló por unos segundo y respondió: "Mmh, este, sí, él es el Presidente." ¿Por qué duda?, se escuchó entra la multitud. "No lo dudo, ¿por qué la pregunta?, si yo lo doy por hecho", exclamó molesto. El suceso pudiera ser intrascendente si no fuera porque algunos empresarios mexicanos han manifestado, en privado y ante micrófonos, su inconformidad por el manejo económico del primer mandatario. Hoy le echan en cara las promesas de campaña que les llenaron de entusiasmo cuando conquistó la presidencia, pues parecía tratarse de alguien que finalmente los comprendía.

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¿Los hombres del dinero han comenzado a perder la paciencia? Buena pregunta. Lo cierto es que la falta de acuerdos políticos a nivel local empiezan a trazar una situación complicada en materia económica. Los corporativos, señaladamente los norteños, tomaron partido hace algunas semanas en las diferencias entre el propio Fox y el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, por la negativa de éste de no aplicar medidas monetarias para evitar que el peso continúe ganando terreno frente al dólar, situación que provoca graves heridas a las empresas exportadoras.

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Sería bueno suponer que los reclamos servirán para que Fox y Ortiz se pongan de acuerdo, suavicen las desfavorables perspectivas y cumplan las metas de crecimiento económico de México para este año. Otra vez, la encrucijada entre complacer y cumplir se convierte poco a poco en una molesta piedra en las botas foxistas. Difícil dilema en tiempos de intensas modificaciones económicas, las cuales permearon en la composición de los negocios como lo evidencia nuestro listado de "Los 100", que hace recodar el mexicano juego de Serpientes y Escaleras –un día se está arriba, otro abajo–, en el que el gobierno es el dueño de los dados.

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Con los ajustes en materia de gasto y crecimiento, es previsible que haya modificaciones en el comportamiento de los sectores y empresas en el país. Si bien la ubicación en los índices como el publicado en esta edición es importante en virtud de que refleja una porción muy destacada de la economía nacional, lo fundamental es que en la lucha de equilibrios el gobierno observe los objetivos de bienestar general de la población. Ojalá veamos más escaleras que serpientes.

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