Más política antiinflacionaria

La meta gubernamental de lograr una inflación de 20.4% este año no puede realizarse a costa de la
Alejandro Castillo

El Banco de México dio a conocer los lineamientos de la política monetaria para 1996. Como era de esperarse, ratificó que el objetivo primordial de su estrategia es combatir la inflación para situarla, al término de 1996, en el nivel establecido por los Criterios Generales de Política Económica.

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La meta gubernamental —de lograr una inflación de 20.4% en 1996— ha sido severamente criticada por grupos que, a pesar de profesar el credo liberal, suponen que combatir el crecimiento de precios puede ser resultado de un acto meramente voluntarista del banco central. Obviamente, a nadie le gusta ver que su poder de compra se pierde ante el incremento desmedido en los precios. Sin embargo, evitar esos aumentos no puede ser resultado de un decreto gubernamental y menos puede realizarse a costa de la planta productiva del país.

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Por otra parte, sería erróneo criticar los resultados de la estrategia aplicada por el Banco de México sin considerar la magnitud del reto que enfrentó el país al reconocer sus graves desequilibrios con el exterior y el costo social que ha significado adoptar medidas para corregirlos.

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Un indicador de la eficacia de la política monetaria son las diferencias entre la devaluación del peso desde diciembre de1994 y el crecimiento observado en los precios: mientras el peso pasó de $3.45 pesos por dólar a mediados de diciembre de 1994, a $7.57 pesos por dólar a finales de diciembre de 1995, alcanzando una devaluación de 119%, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), incluyendo diciembre de 1994, acumuló un crecimiento de sólo 53.29%.

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Aunque no todos los bienes consumidos internamente sufrieron el efecto de la devaluación, a raíz de la apertura comercial y la sobrevaluación del tipo de cambio en el sexenio pasado, la referencia a los precios de las mercancías en los mercados internacionales no sólo cobró importancia en aquellas ramas que incorporan insumos importados; en general, los precios externos, medidos con un tipo de cambio sobrevaluado, fueron parámetros para medir la competitividad de los productos nacionales en el mercado interno.

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De ahí que si bien la inflación de 1995 fue superior en 23% respecto de la meta propuesta inicialmente, de 42%, también se puede concluir que la política monetaria fue eficaz al limitar la inflación en cerca de 50%, cuando el tipo de cambio se devaluó en más de 100%.

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Presiones de costos
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A partir del crecimiento del INPC en 1995, de 51.97%, podría considerarse ambicioso limitar la inflación a 20.4% para 1996. En particular, existen fuertes presiones de costos. Sobre esa base, a menos que se promuevan acelerados incrementos en la productividad, en la primera oportunidad podrían presentarse aumentos de precios.

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Esas presiones se comprueban, en la esfera de la producción, con las diferentes tasas de crecimiento entre los precios de las materias primas y los precios a los que vendieron los fabricantes. Según el Banco de México, en 1995 el índice general de precios de las materias primas consumidas por las diferentes ramas industriales acumuló un crecimiento de 72.68%; en cambio, el índice nacional de precios productor sin considerar el petróleo de exportación, el que mide las variaciones en los precios a los que venden los fabricantes, creció apenas 56.9%. Esto, dependiendo de la estructura de costos de la rama de que se trate, significó una mayor o menor disminución en sus márgenes.

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El crecimiento de los costos por arriba de los precios de venta también se observa en la distribución. Es el caso de la variación entre los precios productor, que crecieron 56.9%, y los precios al consumidor, que llegaron apenas a 51.9%.

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Evidentemente, las empresas pueden compensar esa situación y hasta revertirla, con una tecnología diferente, reduciendo mermas y con una operación más eficiente de inventarios. Eso dependerá de su capacidad para invertir y de las condiciones de sus proveedores.

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Por otra parte, la contracción económica ha frenado especialmente los incrementos en los precios de los servicios y bienes que no son necesidades fundamentales de la población. En cambio, los bienes de la canasta básica —indispensables, que aumentan o disminuyen sus precios, y su demanda sólo se puede contraer hasta ciertos límites— sí han registrado mayores incrementos en sus precios. Como efecto de esto, en 1995 el índice de precios de la canasta básica creció 60.57%, casi nueve puntos porcentuales arriba del INPC.

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El resultado obedecerá a una mezcla de factores
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En 1995 la devaluación generó presiones de costos y la contracción de la demanda impidió que eso repercutiera en una inflación excesiva. Para 1996, además, es posible que se presenten nuevos factores, determinantes en el comportamiento de los precios.

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Uno negativo podría ser un desequilibrio en las finanzas públicas. Se estima que los ingresos han disminuido debido a la contracción económica y aunque se han recortado los egresos, existe un límite, determinado por el pago del servicio de la deuda

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A favor de las metas gubernamentales juega la baja en las tasas de interés de Estados Unidos y otros países desarrollados. Eso ha propiciado la captación de capitales en los mercados internacionales y la llegada de capitales especulativos a México. Aunque su magnitud está muy alejada de las elevadas cifras que se recibieron durante el salinismo, ya influyeron en el tipo de cambio y han contribuido a una apreciación del peso.

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De mantenerse ese comportamiento, las tasas de interés bajarán hasta el piso establecido por el crecimiento esperado en los precios, que a su vez resentirán menores presiones de costos.

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El problema está en que a pesar de que todo indica que en este año se mantendrá la tendencia a la baja en las tasas de interés en los mercados internacionales, existen otros factores que pudieran afectar el flujo de recursos al país.

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Esa podría ser la situación en caso de que baje sustancialmente el superávit en la balanza comercial. Pero también podría ser resultado de una complicación en el aspecto político, ya que a pesar de la madurez de la sociedad mexicana y el discurso gubernamental, persisten complicidades, clientelismo e impunidades, aderezados con un fuerte descontento social.

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