Más románticas que prácticas

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Cuando se habla de las joyas como inversión, hay que tener mucha cautela ya que no son nada fáciles de vender. Si bien tradicionalmente se piensa que al adquirir alhajas se hace una inversión, la verdad es que al momento de venderlas se toma en cuenta únicamente la pureza de los metales o el quilataje de las piedras preciosas y no su orfebrería.

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Suele ocurrir que el propietario evalúa sus piezas según el valor sentimental que tienen para él. Pero en el mercado, un comprador se fijará siempre en el aspecto comercial, amén de que existe el mito de que quien vende lo hace porque pasa por problemas financieros; por ello se tenderá a ofrecer menos de lo que realmente vale cada joya.

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Si aun así desea invertir en este renglón, seleccione alhajas de firmas internacionales (será menos difícil venderlas) y con piedras centrales valiosas, como brillantes, zafiros, esmeraldas y rubíes.

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En el caso de las piedras semipreciosas, son bien valuados los topacios y las amatistas. En cuanto a metales, no dude en seleccionar el oro de 18 quilates blanco o amarillo y el platino. Ah, y prefiera piezas pequeñas y de buena calidad.

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