Música &#34clásica&#34: ¡fuera de pre

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A esta música llámele usted como quiera: clásica, académica, de concierto, instrumental. Hay quienes incluso, en el colmo de la pedantería, suelen calificarla de “culta”. A estos apelativos habrá que sumar otro, dado por Enrique Barrios, director de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA): música buena. “Pero –advierte de inmediato, como para ahondar en la ambigüedad– también hay buena música dentro de la llamada popular, y mala dentro de la clásica”.

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Barrios es uno de los jóvenes directores mexicanos que ha buscado promover la música “clásica” (para usar el término más difundido) a través de caminos, por lo menos en México, heterodoxos. Presentaciones en programas de radio y televisión; interpretación de música de autores populares como Agustín Lara, acompañándose de cantantes prestigiosos (como Ramón Vargas y Plácido Domingo); pantallas sobre el escenario que “subtitulan” pasajes operísticos; ciclos temáticos que acaparan varios conciertos en una temporada... Las giras al interior del país y en el extranjero, normales en cualquier orquesta que se respete, juegan también un papel relevante en esta agrupación.

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Estas iniciativas, a veces vistas con recelo por parte de varios tradicionalistas, le han dado a la OCBA buenos resultados en términos de afluencia a sus conciertos. Barrios trata de revertir el hecho de que, aunque se supone que hay mucha gente que gusta de la música clásica, no es raro que las salas -mexicanas muestren grandes huecos en el graderío.

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“Si los músicos nos encerramos en nuestra torre de cristal –comenta– la gente simplemente no acude. Todavía algunos creen que mientras más vacía esté una sala mejores son la obra o los músicos. Eso significa perderse la mitad del espectáculo: el concierto es una comunión entre músicos y público. Es bastante -deprimente cuando hay más gente arriba del escenario que abajo.”

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Desde hace cuatro años Barrios dirige los destinos de esta -agrupación. Ha utilizado, como antes lo hiciera en la dirección musical de la Ópera de Bellas Artes, pantallas donde se lee en castellano lo que los artistas cantan en otros idiomas. “Poco a poco fui pensando cómo podíamos adaptar la tecnología a los conciertos. Aunado a los CD-ROM que hay de obras clásicas, nos percatamos que podíamos llevar a la gente de la mano por las obras. Y dio resultado.” Desde Bach, Vivaldi, Mozart, Haydn, Schubert y Beethoven hasta Bartok, Schönberg o Bernal Jiménez, el repertorio de esta agrupación es de amplio registro (sus límites los impone, acaso, su propio tamaño, a lo más 45 músicos, menos de la mitad de los que tiene una sinfónica).

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Pero también se puede tener capacidad de convocatoria sin más tecnología que la contenida desde hace siglos en los instrumentos, más mucha imaginación y mercadotecnia. Todavía es recordada la exitosa serie de conciertos para violín de Mozart, interpretados por -solistas relevantes con varios de los famosos instrumentos Stradivarius. “En México ya se habían tocado -varios de esos violines, pero a nadie se le había ocurrido decirlo, y mucho menos hacer una serie de conciertos con ellos.”

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Pero desde ahora se puede prever que la OCBA no se quedará ahí. “Es necesario quitar muchos prejuicios, ritos y exceso de hermetismo en esta música para poder llegar con más naturalidad a la gente”, dice Barrios, quien insiste en que es importante “desechar esa bola de tabúes, como que no hay que aplaudir en medio de los movimientos, o qué hay que hacer cuando sale el director a escena... todos esos -protocolos que, si bien son interesantes, son sólo modas de fines del siglo XIX. En la época de Haydn lo mal visto era no aplaudir, el compositor esperaba la reacción del público. Se estilaba, incluso, hacer -encores (repetir fragmentos de un movimiento) en medio de una sinfonía”.

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Se le recuerda a Barrios que, para abolir esas usanzas contemporáneas, tendrá antes que batallar contra muchos “puristas”, entre ellos algunos colegas suyos. Responde: “El único argumento para no aplaudir es que no se desconcentre la gente. Bueno, creo que tanto los músicos como los escuchas pueden volver a concentrarse, ¿no?”

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Barrios ha sido director huésped en varias orquestas en el mundo. El director de la OCBA–uno de los 20 “buenos” directores del país, según él mismo– está convencido de que “no hay obras musicales inaccesibles. Las sinfonías 5 ó 9 de Beethoven sólo son más ‘accesibles’ porque son más conocidas que otras. No hay que quedarse sólo con las obras favoritas de la gente, las infalibles. Hay que hacer nuevas favoritas. Una vez, en un ‘Programa Vienés’, tocamos una sinfonía de cámara de Schönber, totalmente desconocida en México. La sala estaba llena y teníamos que aprovechar esa situación. ¿Porqué estaba llena? Íbamos a tocar, al final, el Danubio Azul”.

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