Mujeres de Siliconia

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Andrés Jorge

Es ese país de donde nos llegan mujeres de grandes senos. Tiene una relación lejana con otro territorio mítico, el de las amazonas, aquellas mujeres guerreras de la Capadocia griega que se cortaban un seno para acomodar mejor el arco. Para las amazonas, los hombres eran un lastre, habían decidido que la vida era mejor sin ellos. Una vez al año los atraían para preservar la especie, luego se deshacían de todo varón, progenitor o vástago. Las siliconias serían todo lo contrario, se ponen senos, y quieren atraer a los hombres todo el tiempo. Y no sólo a los hombres, supongo; la competencia femenina es feroz, en los mensajes que se envían entre ellas y en muchas ocasiones también prescinden de los hombres.

- Y no hay mensaje de autosuficiencia femenina como el de unos pomposos senos: unos gramos de silicona bien ubicados pueden revertirse en toneladas de autoestima, así le llaman ahora. Las mujeres viajan a ese país-quirófano llamado Siliconia y regresan, en la mayoría de los casos, con una nueva figura, una reluciente sonrisa y algo que las empuja hacia adelante con nuevos bríos.

- Es uno de esos inventos modernos que parecen dejar más alegrías y satisfacciones que lo que puedan tener de negativo. A veces no funciona, pero tampoco es culpa de los médicos de Siliconia que el criterio estético de tantas mujeres esté tan permeado por el cine, la pornografía y el más vulgar gusto masculino. Ante todo, lo obvio: nada puede ser más atractivo que unos senos naturales en el esplendor de la edad, de dimensiones regulares, a veces incluso pequeños. Los senos naturalmente grandes, lo sabe cualquiera, están condenados a la caída en desgracia más temprano que tarde, existe la llamada gravedad, y todo cae por su propio peso.

- Y he ahí una de las falacias más recurrentes de quienes viajan a Siliconia en busca de una nueva vida, en la que flotarán entre infladas burbujas de autoestima: cuanto más grandes, mejor. He oído decir a alguna: quiero que vuelvan a estar como antes. Otras, que no tuvieron tal antes, miran a un futuro mejor servido, lo cual resulta igualmente comprensible, pero la gran mayoría cae en el equívoco de la ostentación.

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- Craso error, los senos artificialmente grandes son también artificialmente hermosos, cuando llegan a serlo. Pero enfrentarse con ellos cuerpo a cuerpo y reconocer su melónica naturaleza, su in- natural redondez y su indiferencia a la gravedad, al peso y al movimiento no deja de resultar algo decepcionante. Sería bueno que las mujeres, antes de realizar ese renovador viaje a Siliconia entendieran que no se trata del volumen, sino de la armonía de unas curvas, siempre más hermosas cuanto más naturales resulten a la vista.

- ajorgego@hotmail.com

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