Multiplicación sin fin

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Nahum Zenil. El gran Circo del Mundo. El pintor más provocativo, irreverente, escatológico y narcisista de la plástica nacional, traza un circo de muchas pistas en la Sala Carlos Pellicer del Museo de Arte Moderno. Con sus payasadas de entrada y de salida, pone a la gente a dar vueltas en círculo, exponiéndolas a sus ocurrencias, tanto las que hacen reír como las que sirven para escandalizar al que se deje. Su “divertida” iconografía a veces cansa. Peca, hacia el final, de exceso.

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Zenil pinta autorretratos a diestra y siniestra; los dibuja, los esculpe, los teje, los talla y los recorta. Se multiplica en cada lienzo o papel. Zenil no tiene pudor. Desborda su loquera en una perpetua catarsis que lo pone siempre en evidencia. Su habilidad para el dibujo, su facilidad para manejar distintos medios de expresión, en vez de sacarlo, lo meten en apuros. Siempre en el borde de la caricatura, parece que goza y se burla de todos. Primero de él, como corresponde y, enseguida, de la gente que visita su circo. Para ubicarse ha trazado enormes mapas, unos planos, otros redondos, y muchos más geométricos. La exposición reúne 71 cuadros. Es un circo para no llevar a los niños, a menos que quiera hacerlos precoces.

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