México - Brasil <br>Vuelve el coqueteo

Por encima de crisis financieras y de la falta de entendimiento mutuo, el contacto entre estas econo

La crisis financiera brasileña hace lo que los políticos no han podido: acercar a las dos mayores economías latinoamericanas.

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Después de que, a la mitad de un intenso proceso de negociaciones comerciales entre países y bloques de países, México y Brasil habían roto sus acuerdos comerciales en 1997, al año siguiente la devaluación del real cambió radicalmente los flujos comerciales entre los dos países. Durante 1998, se registró un sorprendente aumento de las exportaciones de Brasil a México, estimado en 20.9% respecto al año anterior, al pasar de $828 millones a $ 1,000 millones de dólares. En sentido contrario, Brasil compró 17% menos productos mexicanos, lo que, a decir de los especialistas, se debió a la debacle del real, la moneda brasileña, que abarató los productos de este país en los mercados internacionales y disminuyó su capacidad de compra de mercancías importadas.

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Muchos países se vieron inundados de productos made in Brazil como resultado de su crisis financiera, especialmente autopartes, un renglón en el que la economía brasileña tiene una de sus mayores fortalezas y campo de no pocas batallas con México. Difícilmente la economía azteca hubiese podido escapar a esta realidad. Más aún, compañías multinacionales que operan en ambos países, como Volkswagen, supieron aprovechar muy bien el colapso del real y privilegiaron las exportaciones de autopartes brasileñas, relegando a un segundo plano los efectos que una medida de esa naturaleza podría producir a los trabajadores mexicanos. La industria automotriz emplea en México 240,000 trabajadores, que “tiemblan ante las turbulencias de la globalización”, escribió el diario bonaerense Ámbito Financiero.

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Panorama distinto
Mientras los productos brasileños seguían su camino hacia México, las inversiones directas hacían la ruta inversa. Jugos del Valle, de Manuel Albarrán, por ejemplo, puso en marcha una planta valuada en $18 millones de dólares en la localidad de Americana, cerca de São Paulo, y a cuya inauguración asistió el presidente Ernesto Zedillo. Con esta inversión, Jugos del Valle se convirtió en la gran estrella del pequeño grupo de hombres de negocios mexicanos (no más de 12, según indagaciones de Expansión), que ha decidido aventurarse en las tropicales tierras brasileñas. La mayoría de ellos representa a empresas mexicanas con experiencia en operaciones internacionales, que disponen de know how y tienen la paciencia para conquistar consumidores de distintas mentalidades y gustos.

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El mercado brasileño de jugos tiene la peculiaridad de estar fuertemente atomizado, lo que anima las aspiraciones de Jugos del Valle de convertirse en “la marca fuerte de jugos y concentrados de fruta en el Brasil”, según el comunicado oficial dado a conocer por la compañía con motivo de la apertura de la nueva planta.

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Otro protagonista en esta incursión en Brasil es Grupo Posadas, presidido por Gastón Azcárraga Andrade, la principal cadena hotelera latinoamericana, que en junio del año pasado adquirió los hoteles Caesar Park de São Paulo, Río de Janeiro y Buenos Aires. Actualmente, los directivos de Posadas planean expandir sus operaciones hacia las ciudades del sur del país, si bien el director general de la cadena, Luis Barrios, declinó en una reunión con periodistas brasileños dar detalles acerca de estos proyectos. “La intención es crecer sostenidamente, pero con cautela”, se limitó a decir.

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Las estrategias usadas por los mexicanos en su conquista de Brasil difieren entre sí. Algunos han preferido buscar socios con el fin de establecer alianzas estratégicas, que les eviten algunos riesgos. Sanluis Corporación e Industrias Axa, por ejemplo, se unieron a Nisho Iwai y Yazaki Co, respectivamente, multinacionales japonesas consideradas como conocedoras del mercado brasileño de autopartes. Mientras tanto, el fabricante de pañales desechables, Mabesa, se unió a la estadounidense Trade Brands para adquirir Cremer Kids y explorar posibilidades de un segmento de mercado que se considera en fase de expansión.

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Se espera que el presente año traiga más noticias. Bimbo, el gigante de la panadería y Devlyn, la cadena de productos ópticos, podrían materializar inversiones de grueso calibre próximamente. Ambas empresas vienen observando desde hace al menos dos años la evolución de sus respectivos sectores en el mercado brasileño, en espera del mejor momento para hacer su arribo. Cada una ha optado por un método de auscultación distinto. Mientras que Bimbo manda hacer estudios con objetivos específicos a través de firmas consultoras y mantiene pláticas de sondeo con empresas del área del Mercosur ya presentes en Brasil, Devlyn ha optado por establecer una pequeña oficina de representación con la meta de identificar in situ la situación de las empresas locales que podrían llegar a convertirse en sus aliados estratégicos. En caso de no prosperar esta vía, Devlyn entraría al mercado brasileño por medio de franquicias. A finales del año pasado, en tanto, medios de prensa argentinos informaron sobre las reuniones que ejecutivos de Bimbo llevaban a cabo con la multinacional argentina Bunge , copropietaria de Santista Alimentos, el monstruo brasileño del sector. Ámbito Financiero anunció incluso la compra inminente de Santista Alimentos por parte de la empresa mexicana; empero, el matutino debió informar más tarde del fracaso de la operación debido a discrepancias entre los grupos de negociadores. Mientras que Bimbo se interesaba en adquirir sólo las fábricas y comercializadoras de pan, los argentinos deseaban –y desean aún– deshacerse por completo de su participación en este coloso de la industria panificadora.

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También en este año se podría producir la llegada de KOSA, propiedad del estadounidense Charles Koch y el mexicano Isaac Saba. Creada el año pasado, KOSA es el resultado del desprendimiento de la alemana Hoechst AG de su negocio de poliéster, que manejaba a través de su filial Celanese. Ha trascendido que, actualmente, la nueva firma negocia al lado de otros socios la compra de Filamentos Fairway, una importante productora de fibras sintéticas. Estudios pagados por KOSA revelan que las posibilidades del negocio de resinas para envases plásticos para bebidas (conocidas como PET) es altamente prometedor.

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El peligro de los bamboleos
Pese al empuje y valor demostrado por estos inversionistas mexicanos, la verdadera hecatombe vivida por la moneda brasileña asustó a muchos otros interesados; para ellos, la situación amazónica claramente “huele a peligro” y han preferido desistir de sus planes originales.

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Fue el caso de la siderúrgica IMSA, con sede en Monterrey, que el año pasado había anunciado la inversión de $300 millones de dólares y una promisora alianza con la local CSN, localizada en el estado de Paraná, en pleno corazón amazónico. Recientemente, sin embargo, la compañía mexicana ha dado marcha atrás. La ejecución de estos planes, se anunció, tomará algún tiempo “para estudiar el desembolso, aunque ello no signifique que el proyecto haya sido cancelado”. El propio Grupo Posadas ha precisado que su proyectada expansión hacia las urbes del sur del país “no ocurrirá de la noche a la mañana”, y Cemex, la poderosa cementera mexicana que el año pasado dejó ver su deseo de ingresar al mercado brasileño, informó después que esperará para tomar decisiones a que la moneda brasileña se estabilice.

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También las inversiones brasileñas en México se han inhibido como resultado de las turbulencias del real. Muchas de las firmas procedentes del país sudamericano que han logrado dar ese paso son filiales de multinacionales europeas o estadounidenses. Valtra, que arma tractores en Guadalajara, Jalisco, es una firma finlandesa; Triangel, productora de autopartes instalada en Pachuca, Hidalgo, es de capital alemán casi en su totalidad, y Meritor, avecindada en San Luis Potosí, desde donde exporta sus llantas, tiene su sede corporativa en Estados Unidos.

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Pero aunque pocas, también hay firmas de capital brasileño en territorio mexicano. Entre ellas están Grendene, un gigante brasileño del calzado que adquirió, junto a la argentina Panam, 51% de Reebok de México, y Datasul, empresa vendedora de software llegada a México desde hace cinco años. Para este 1999 ha anunciado su arribo a estas mismas tierras –posiblemente para la segunda mitad del año– la cadena de restaurantes de comida árabe, Habib’s.

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Pero no todos están tan precavidos. Por el contrario, en círculos financieros sudamericanos se comenta que DINA, fabricante de  autobuses y camiones, estaría analizando la posibilidad de ampliar significativamente sus operaciones en el área del Mercosur como una forma de superar sus dificultades económicas. Sus relaciones con la brasileña Marco Polo serían, de acuerdo con la versión, lo suficientemente buenas como para pensar en expandir sus actividades a Brasil. “La pesadilla de los vencimientos de pago e intereses que agobia a la mexicana DINA podría solventarse desde su planta argentina, instalada ahí en 1997”, escribió recientemente América Economía. “El próximo paso de DINA –comentó a la publicación Gamaliel García, director de operaciones para América Latina– será abrir una planta en Brasil.”

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No es que la determinación mostrada por DINA sea la regla, pero al menos queda claro que de los efectos tequila y caipirinha se puede obtener algo mejor que sólo una resaca.

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