México desarmado

La prosperidad se aleja aún más. Ante las señales de desconfianza por la mayor duración de la g

Adiós a las últimas manifestaciones de optimismo. Ahora el nombre del juego es incertidumbre nueva y mejorada. Los mercados ya dejaron claro que no esperaban las complicaciones que han surgido tras la invasión estadounidense a Irak.

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Las consecuencias no se han hecho esperar: bajas de los principales índices accionarios, incrementos en el precio del petróleo, debilidad del dólar con relación al euro (y, por lo mismo, del peso) y presiones en las tasas de interés. El propio Fondo Monetario Internacional ya declaró el riesgo de recesión mundial. Y como señalamos en este mismo espacio en nuestra edición anterior, hay voces que ya alertan sobre el riesgo de una depresión. En el artículo de portada (que inicia en la página 50) presentamos, en medio de un análisis completo sobre los posibles escenarios de posguerra, una interesante reflexión de miembros de Boston Consulting Group sobre un funesto (improbable, pero posible) horizonte de deflación. Hay que tomarlo en serio.

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Según el análisis semanal de BankBoston, hacer un pronóstico es sumamente difícil, dada la complejidad del entorno. Sin embargo, añade que en este ambiente de pesimismo cualquier noticia positiva en los entornos geopolítico, económico o corporativo puede provocar reacciones benéficas en los mercados. Por lo pronto, la “única variable segura será la volatilidad” (o sea, escenario que se antoja rentable sólo para realizar operaciones de trading).

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Bajo estas consideraciones, nuestro país se aleja un poco más de la ansiada prosperidad. Como también se diagnostica en la historia de portada, ante la agudizada incertidumbre en Estados Unidos, “la situación presenta a un México desarmado, con un mercado interno incapaz de absorber los choques externos”. Y se añade más adelante: “El diagnóstico internacional es unánime: felicitaciones al buen manejo de las finanzas públicas, con una deuda controlada, un déficit público y una inflación envidiados por el resto de las economías emergentes. Pero esto no será sostenible a mediano plazo con unos índices de competitividad que nos colocan por debajo de Trinidad y Tobago.”

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Más claro, ni el agua.

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–Los editores

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