México: ¿vocación de incompetencia?

Es frecuente que en el país la sumisión astuta se pague mucho mejor que el trabajo libre y creativ
Ricardo Medina Macías

Evitar la competencia ha sido en México, durante las últimas cinco décadas, una de las actividades más rentables. Cientos de profesionistas han aprendido que, en economía o política, una carrera exitosa puede depender más de la preservación de feudos de incompetencia que de la competitividad.

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La carrera de prósperos ejecutivos se ha fundado, en decenas de casos, en la eficacia que han mostrado para mantener a las empresas en que trabajan inmunes a la competencia. Por ello, es frecuente que en México la sumisión astuta se pague mucho mejor que el trabajo libre y creativo.

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Por su parte, el viejo PRI tuvo a sus más destacados "cuadros" dedicados en cuerpo y alma a frenar toda iniciativa que fomentara el libre combate político: lucharon contra la credencial de elector con fotografía, contra los conteos rápidos y las encuestas de salida, fomentaron la cooptación de periodistas y medios de comunicación.

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Algunos ejecutivos han transitado, con fortuna y alternativamente, del sector privado al gobierno "vendiendo" su principal habilidad: mantener el estado de cosas que permite que la empresa o el partido al que sirven siga disfrutando de condiciones de incompetencia.

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Hemos tenido feudos inútiles, pero altamente rentables para sus dueños, en autotransporte, televisión, telefonía, aviación comercial, abasto de alimentos y productos perecederos, producción de vidrio, banca, deporte, academia, literatura y artes y, por supuesto, en la política y el gobierno.

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Cuando no queda más remedio y esos dominios tienen que salir a la intemperie de la competencia surgen auténticas historias de horror y corrupción, permitidas y fomentadas por la incapacidad: el ejecutivo Fulano, tan querido en la empresa, creó todo un séquito de parásitos, estupendamente pagados gracias a que la compañía obtenía rentas estratosféricas en un mercado protegido contra la competencia.

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Además, esta conducta ha sido "bendecida" a izquierda y derecha por elaboradas teorías y bagajes retóricos que abominan el "cruel" y "despiadado" liberalismo que promueve el éxito del más apto. Durante décadas los mexicanos hemos sido formados en la aversión al empresario, al capitalista, al riesgo, a la meritocracia.

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Por supuesto, casi un siglo de ineptitud no ha sacado a los pobres de su postración, al contrario: la ha incrementado y la ha envilecido con legislaciones discriminatorias.

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Parafraseando a Marx, podría decirse que la retórica de la incompetencia se ha convertido en un verdadero opio: la miseria que genera promueve nuevas oleadas: "No somos pobres por ser incompetentes, somos pobres porque se permite la competencia."

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Tres casos entre cientos:
-1. La fortaleza del peso reduce márgenes de utilidad de algunas industrias y la "competitiva" respuesta es pedir una devaluación, una nueva disminución –por decreto– de los salarios reales.
-2. Enésima derrota de un seleccionado mexicano en algún deporte. La "competitiva" respuesta es quejarse de que no hay suficientes "apoyos" (subsidios, dinero público) del gobierno y que "el sistema de competencia es injusto".
-3. Se descubre un dispendioso gasto en "comunicación y difusión" por parte del anterior gobierno de la ciudad de México. La "competitiva" respuesta es bloquear el escrutinio público de las cuentas y posar de "víctima" de una siniestra conjura de "derecha".

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