México y la Fed

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Héctor Chávez López

A mediados de mayo pasado, los mercados mexicanos comenzaron a ponerse nerviosos ante la posibilidad de que la Reserva Federal de Estados Unidos, la FED, elevara sus tasas de interés. En su reunión del 30 de junio, la FED anunció un incremento en su tasa de referencia de 4.75 a 5% y una modificación en su postura de política monetaria de restrictiva a neutral. Esto fue interpretado por lo mercados como una señal de que las tasas de interés estadounidenses no volverían a subir en los próximos meses, generándose un clima de optimismo en los mercados mexicanos: las tasas de Cetes bajaron, el tipo de cambio se fortaleció y la Bolsa retomó una tendencia ascendente.

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¿Qué tan importante es para México que las tasas de interés de Estados Unidos sean de 5 o 5.5%? Aunque podría argumentarse que a mayores tasas de interés en Estados Unidos, México requeriría de mayores rendimientos locales para atraer capitales y financiar el déficit externo, el problema es mucho más complicado: lo importante no es que las tasas de interés suban, sino la razón detrás de dicho incremento.

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La economía estadounidense ha tenido ya muchos años de expansión sin precedente, sin que la inflación se haya convertido en un problema.  El presidente de la FED, Alan Greenspan, ha advertido ya varias veces que dicha tendencia no es sostenible. Algunos datos sobre la inflación en Estados Unidos han despertado la sospecha de que dicha economía puede estar llegando a su límite y que es necesario “enfriarla” un poco. Ante este escenario, y a pesar de que la FED ha regresado a una postura “neutral” de política monetaria, no podemos descartar que vuelva a incrementar sus tasas de interés. Si esto sucede en forma preventiva, el efecto neto para México sería positivo ya que, aunque limitaría el potencial de baja para las tasas de interés de los Cetes, el dinamismo de nuestras exportaciones podría mantenerse.

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Si por el contrario, la FED incrementa la tasa de interés para frenar al consumidor estadounidense porque aparece evidencia de que su dinamismo ya ha comenzado a generar presiones inflacionarias, entonces el efecto para México sería mucho más serio: además de que se elevarían el costo de atraer capital a nuestro país, las exportaciones mexicanas también se verían afectadas negativamente al frenarse la demanda interna de nuestro principal comprador.

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Aún reconociendo que México está en una situación menos frágil que en el pasado, la integración que tiene con Estados Unidos lo hace sumamente vulnerable a una desaceleración. Si al consumidor estadounidense lo frena la Fed con incrementos adicionales en las tasas de interés, y esto coincide en el tiempo con un clima político nacional en efervescencia, el resultado de esta peligrosa combinación puede ser nefasto para los mercados mexicanos. No podemos perder de vista los indicadores económicos de los Estados Unidos en los próximos meses. Aunque hay razones para estar optimistas, también las hay para recomendar cautela.

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El autor es economista en jefe de Santander Investement México.

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