Nada es más efectivo que el miedo

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Michael a. Ledeen*

Maquiavelo nunca pidió a los líderes que eligieran entre liderar a través del amor o del miedo. Él sabía que en la vida real no se hacen elecciones de blanco o negro. Por eso, lo expresa de una manera diferente, transformando este dilema en una cuestión de énfasis. ¿Se lidera mejor de una forma o de la otra?

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Su respuesta sorprende a la mayoría de los que no lo han estudiado con detenimiento. Para él la mejor solución es caminar por la línea divisoria de ambas, usando el temor y el amor en medidas más o menos iguales.

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Sin embargo, Maquiavelo también cree que la mejor solución teórica es casi imposible de aplicarse en la práctica. Muy pocas personas son capaces de caminar por esa línea y para la mayoría resulta mejor acentuar una forma u otra.

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Maquiavelo es claro acerca de cuál sería la manera más efectiva. Con base en su estudio de la Roma Antigua, admite que hay muchos ejemplos de hombres que lideraron principalmente a través del amor y llegaron a ser grandes líderes.

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Pero eran una especie extraña. El amor es inconstante y es probable que los seguidores se vuelvan en contra de su líder ante el primer indicio de que las cosas están mal.

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El temor es mucho más confiable ya que se sostiene por el miedo al castigo, que es algo que nunca falla.

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La persona que lidera a través del amor, se posiciona como el foco de toda la empresa. Si todo va bien, es su triunfo, pero si las cosas van mal (y para Maquiavelo, esto es sólo una cuestión de tiempo) será su culpa.

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Pero si el líder pone en práctica un sistema, entonces éste es a fin de cuentas el responsable de lo bueno y lo malo. La gente puede tener temor sobre su destino si rompe las reglas, pero es menos probable que responsabilice al líder por ello.

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Esto no significa que apelar a los afectos sea erróneo. Para ejemplo, una anécdota de George Washington: a fines de la Guerra, algunos miembros del ejército se sentían ignorados por los políticos y querían rebelarse. Washington fue enviado a atenuar la situación y comenzó la reunión leyendo una carta de un congresista, pero la caligrafía era pobre y Washington (cuya vista fallaba) no podía descifrar nada. Entonces trató de alcanzar sus gafas, lo que provocó el murmullo sorprendido de los soldados. “Señores”, comentó tristemente, “deben perdonarme. Mi pelo se ha vuelto gris a vuestro servicio y ahora me estoy quedando ciego.” Habiendo revelado su propia fragilidad, continuó el día en compañía de los soldados nuevamente leales.

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Este ejemplo sugiere que el amor puede funcionar mejor para los grandes líderes. Pero también hay ejemplos de que incluso a estos líderes, el amor puede resultarles insuficiente. Ronald Reagan y Magaret Thatcher fueron amados por muchos, pero también demostraron firmeza en sus mandatos, el primero despidiendo a los controladores de tráfico aéreo en huelga, y la segunda haciendo lo mismo con los mineros del carbón.

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Hace unos años, un graduado del US Marine Corps Officer Candidate School respondía qué era lo que más le gustaba de esta escuela. “Después de los primeros días, era obvio que algunos no eran aptos. En cualquier escuela, el maestro se hubiera acercado a cada uno y les hubiera dicho, ‘Vamos amigo, puedes hacerlo, no te rindas’. Pero aquí los sargentos sólo dicen, ‘Mira, amigo, no lo vas a lograr, esto no es para ti, vete de aquí e intenta algo diferente.’”

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Los Marines saben que todos los que los rodean han estado expuestos a altos niveles de rendimiento y que dichos grados se implementan a través del temor. ¿No es esto lo que un líder quiere de su organización, personas trabajando a los niveles más altos?

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En la actualidad, dirigir una empresa equivale a comandar fuerzas militares. Todos los días, miembros de escuelas de negocios de todo el mundo visitan la institución para ver cómo hacen su trabajo los Marines.

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Maquiavelo compartía estos sentimientos.

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Su consejo: el amor es grande. Úsalo a rajatabla. Pero no confíes en él.

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El líder efectivo encontrará que el temor es una herramienta más confiable.

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* Michael A.  Ledeen es resident scholar en la Cátedra Libre del American Enterprise Institute en Washington, dc y autora del libro “Machiavelli on Modern Leadership”.
mledeen@aei.org

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