Negocios con maestría

No sólo existen Harvard o Wharton para estudiar un MBA. A los líderes mexicanos Francia les ofrece
Iair Kon / corresponsal, París

“Habitar en un lugar espacioso, viajar de vez en cuando, tener una familia y vivir sin demasiado estrés” es lo que Laura Solana llama una buena calidad de vida y lo que pretende alcanzar. Su deseo es sumar a su carrera de ingeniería los 16 meses del programa MBA de altos estudios comerciales (HEC, por sus siglas en francés). Esta mexicana de 30 años eligió estudiar en el viejo continente para “conocer la visión europea”, convencida de que en Estados Unidos “no hay nada nuevo”.

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Escuela de líderes
Tras la puerta de entrada del campus de esta institución tradicional, situada a 20 kilómetros de París, lo primero que destaca es un moderno Holiday Inn destinado a alojar a los ejecutivos que vienen a tomar concentradas dosis de educación y esparcen con su presencia el aire del verdadero mundo de los negocios.

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HEC School of Management es una de las 50 grandes écoles francesas de gestión y administración pública por donde pasan obligadamente los dirigentes galos más importantes de los sectores público y privado. Desde el ex ministro francés de Economía y Finanzas, Dominique Strauss-Kahn, hasta el presidente de AOL Compuserve, Stéphane Treppoz, una larga lista de ejecutivos hicieron uso de las aulas de instituciones como HEC, ESCP-EAP, la École Polytechnique o el ENA.

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“Nosotros buscamos líderes”, dice Bernard Ramanantsoa, director general del Grupo HEC.

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Educación de elite
El sistema de educación superior francés trazó sus objetivos de forma clara: de un lado están las universidades y del otro las grandes écoles, altamente selectivas –acogen tan sólo a 10% del estudiantado de nivel superior–, cuya meta es formar a los cuadros que guíen los destinos de la quinta potencia mundial.

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Sin embargo, el tiempo y las exigencias de la economía obligaron a estas instituciones a ampliar sus horizontes para formar al creciente número de alumnos extranjeros que pueblan estos colegios.

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En 2001, según la Conferencia de las grandes écoles, había más de 16,000 inscritos (el doble que en 1994) de 142 nacionalidades diferentes, sin contar a los franceses. Entre los estudiantes foráneos censados, la mayoría de los casi 1,400 latinoamericanos eran mexicanos (551, casi el doble que los 286 inscritos en 1999), de los cuales 206 se formaban como ingenieros y 75 cursaban carreras de gestión.

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La iniciativa que refleja esa apertura hacia el exterior iniciada en los años 70 es la instrumentación del Centro Internacional de Admisiones para Estudios de Management (CIAM, por sus siglas en francés), que incluye a cinco de las más grandes escuelas de negocios galas (HEC, ESCP-EAP, ESSEC, EM Lyon y CERAM).

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Diferenciarse y ganar
La Escuela Superior de Comercio de París (ESCP-EAP) es ejemplo del proceso de internacionalización y adaptación a la demanda del mercado que vivieron las grandes écoles. “Es el resultado de la fusión de dos escuelas: la ESCP, la grande école más vieja de Francia –fundada en 1819, y probablemente el más antiguo colegio de management del mundo– y la EAP, creada en 1973 sobre la base de un modelo vanguardista de formación internacional en un universo europeo con polos en París, Oxford, Madrid y Berlín”, explica el director de programas MBA y director científico del Executive MBA, François Kolb.

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Diferenciarse de las instituciones estadounidenses es una preocupación casi unánime en los programas franceses, que apuestan a la diversidad cultural del viejo mundo como principal atracción para estudiantes de todo el globo.

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“No podemos compararnos directamente a planes inmensos como Wharton o Harvard, porque tenemos un tipo de organización diferente. Si bien el objetivo final en todos los programas es el mismo, la manera de proveer ese producto es muy diferente”, explica Jean-Jacques Rosa, director y fundador del MBA del Instituto de Estudios Políticos de París (IEP), más conocido como Sciences Po, que fue creado hace tan sólo 10 años y en el cual fueron admitidos apenas 36 estudiantes en 2003. De éstos, 20 son franceses y los restantes pertenecen a 13 nacionalidades diferentes.

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Gran parte de los estudiantes extranjeros que habitan las aulas de las escuelas francesas comparten esa opinión, como es el caso de Marc Levy, mexicano de 27 años que cursa el MBA full time de HEC. “Estudiar en Francia te permite aprender otro idioma además del inglés, otra cultura, otra mentalidad; la educación estadounidense es más estandarizada.”

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Mentes internacionales
Paulo César Castañón ya recorrió algunos kilómetros y sigue sumando estrellas a su currículum, donde lucen, entre otros méritos, tres años de experiencia en Cemex, una consultoría informática en Boston y un master of sciences in operations research en Stanford University. Con 32 años y una vida familiar en marcha, Paulo añadió en 2002 a su lista de diplomas el MBA del Insead, elección fundada en el deseo de “encontrar una visión más internacional en una escuela muy reconocida”.

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Se trata de la institución que más se identifica con el modelo estadounidense, una de las escuelas de negocios mejor posicionadas en todo el mundo. A pesar de su origen francés y de tener su campus principal en Fontainebleau, cerca de París, hace gala de una internacionalización mucho mayor que la de sus homólogas europeas (ostenta una sociedad con Wharton) y reivindica el hecho de dar todos sus cursos en inglés.

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Más con menos
Pero si bien el nivel de internacionalización es importante, no es todo. “En nuestro programa los cursos tienen menos gente y más calidad, no hay una enseñanza de masas como en Insead”, dispara Valèrie Gauthier, directora del programa MBA en HEC. En cambio, el director de MBA de ESCP-EAP considera que “la única diferencia importante entre HEC e Insead es el precio”: mientras que en el primero el programa full time cuesta $30,000 dólares, en el segundo asciende a $42,000.

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“Somos baratos porque no hay razón de ser más caros. Somos rentables y consideramos que el precio está bien adaptado”, asegura Kolb, cuyo programa cuesta $26,000 dólares, contra apenas $10,000 en Sciences Po.

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Arturo Javier Rodríguez Diez Martínez es el único mexicano entre los 36 estudiantes del programa MBA de esa organización. Militante del PAN, gerente de Finanzas de su partido en la campaña 2001 a la gobernatura de Jalisco, eligió el programa de esta institución porque “ofrece una relación empresa-gobierno y una visión geopolítica”. Este joven asegura que tras el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea la mejor opción de estudio para su porvenir profesional está en el viejo continente.

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Precio, acreditaciones internacionales, cantidad de alumnos o idiomas en que se dan los cursos son algunas de las variables que las escuelas de negocios francesas utilizan para diferenciarse entre sí, pero hay algo que las une: la misma vocación multicultural para enfrentar un mercado donde la llave es, cada vez más, el pasaporte.

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