Ni muy muy, ni tan tan...

Si, será el año de la odisea mexicana, luego del cambio de expectativas sobre el desempeño de la

Desaceleración o recesión, he ahí un posible dilema. La realidad es que respecto de la economía de nuestro poderoso vecino, aunque se encuentra inmersa en un periodo de desaceleración muy importante, son pocas las casas de análisis que pronostican tasas negativas. Incluso los más pesimistas hablan de crecimiento, aunque este sea mínimo. Es decir, debemos esperar un aumento de entre 2 y 2.5% para la economía estadounidense en este 2001.

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Semántica a un lado, el impacto de la caída será inevitable. Estados Unidos significa casi un tercio del Producto Interno Bruto mundial. De ahí que cualquier estornudo en esa nación presagie gripes y pulmonías en otras latitudes, incluyendo evidentemente a México, cuyo desempeño comercial se encuentra atado al  mercado del norte del Bravo.

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Pero tampoco hay que dejarse seducir por profecías trágicas. Tal como comentaron al equipo editorial de Expansión economistas de México y América Latina de Merrill Lynch, “el mundo no es tan malo como se teme ni tan bueno como se espera”. En otras palabras, los ciclos económicos son inevitables: siempre habrá años buenos y años malos, y muchos olvidan fácilmente que Estados Unidos viene de la más larga expansión económica en décadas, por lo que hoy presenciamos la otra cara de la moneda, que además no será tan oscura como algunos imaginan. Debe tomarse en cuenta que la estadounidense Reserva  Federal o Fed, mediante la baja de tasas de interés, ya está moviendo los hilos necesarios para matizar la desaceleración, como respuesta a temores exagerados de los mercados, antes de que el estado de pánico invada al consumidor promedio y cierre sus billeteras.

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¿Qué ocurrirá en México? Es obvio que el crecimiento inicialmente esperado de 4.5% del PIB no se dará. Ahí no hay vuelta de hoja. Habrá que espera ahora, de acuerdo con las estimaciones de diversos analistas, un incremento ubicado entre 3.3 y 4%. Asimismo, como ha podido observarse en los últimos días, el peso se depreciará, posiblemente a niveles de hasta $10.40 pesos por dólar (lo cual tendrá más efectos positivos que negativos, siempre y cuando estos ajustes no repercutan en mayor inflación), pero los expertos coinciden en que no existen condiciones que le abran la puerta a una maxidevaluación.

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Por supuesto, el impacto más grave de la desaceleración estadounidense se dará en la balanza comercial mexicana, ya que las exportaciones crecerán a  menor ritmo, pese a la mayor competitividad que registrará el tipo de cambio. Aun así, el efecto más importante se observará en las exportaciones de la maquila, una industria que importa al menos tres cuartas partes de sus insumos, por lo que el daño se acentuará solamente en la pequeña fracción que aporta valor en divisas para el país. Así, ciertamente habrá repercusiones importantes en la marcha económica de México, pero es exagerado hablar de una potencial crisis de inicios de sexenio. En la Fed confiemos…

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