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Nicolás Madáhuar Cámara es un connotado yucateco, que a lo largo de su trayectoria ocupó importantes cargos en las dirigencias empresariales e incluso la presidencia del Consejo Coordinador Empresarial. Durante los últimos 18 meses ocupó la secretaría de Fomento Industrial y Comercial del gobierno de Yucatán. Esta entrevista fue realizada a mediados de agosto pasado, todavía como funcionario estatal, mientras esperaba la decisión del gobernador Víctor Cervera Pacheco sobre quién ocuparía esa oficina.

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¿Cuál es la principal vocación productiva de Yucatán, ahora que el henequén ha tomado una proporción más realista?
Yucatán tiene tres vocaciones principales. Una es comercial, y ha convertido a Mérida en el centro distribuidor del sureste. Pero con las nuevas estrategias comerciales y la globalización, hay que darle carácter internacional, lo que incluye el mejoramiento del puerto de Progreso y la infraestructura aeroportuaria, centrales de carga, comunicaciones, etcétera. Que sea visto como un centro internacional de comercio, y pueda competir con Miami y otros centros de la región Atlántico-Caribe.

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La segunda gran actividad económica es el turismo, donde destacan los centros arqueológicos de Chichen-ltzá y Uxmal, de fama internacional, sobre todo entre los viajeros europeos. Pero esto puede complementarse con los circuitos de ciudades coloniales y la conocida ruta maya, que se extiende hacia Centroamérica. Hay que montar más infraestructura, porque los turistas modernos exigen nuevos y más completos servicios. En los últimos dos años, la oferta local de hoteles de gran turismo aumentó en más de 40%, pero es importante desarrollar el mercado de convenciones, que en el último semestre de este año desplazará más de 12,000 viajeros.

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La tercera actividad es el campo, una vez que el henequén ha sido redimensionado, pero tomando en cuenta que aun en sus mejores tiempos las haciendas eran verdaderas unidades de producción y resultaban autosuficientes en carnes, granos, hortalizas y frutales. Debemos diversificar nuestra producción, encontrar los mejores suelos para producir, y tratar de colocar estas cosechas en los mercados nacionales o extranjeros.

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¿Y el desarrollo industrial?
La industria pesada no tiene muchas posibilidades debido a las enormes distancias hacia los centros de consumo, pero sí puede recibir otra de tipo ligero o para la exportación, industria alimentaria y maquilas, sobre todo las de textiles y confección, que aquí encuentran una excelente mano de obra. Ahora, y con la intención de ocupar la mano de obra disponible, el gobierno se propone desconcentrar las industrias hacia poblaciones más alejadas de Mérida, como Motul, Tekax, Izamal y Valladolid.

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¿Qué otros sectores productivos tienen algún potencial de desarrollo?
La pesca es una actividad a la que no le hemos hecho rendir lo suficiente, porque contamos con una gran extensión de aguas aprovechables. Esto requiere probablemente la coinversión con capitales extranjeros que aporten la tecnología, no sólo para la captura sino también para la industrialización. Lo mismo vale para las artesanías, que son un valioso patrimonio de nuestro pueblo pero que requieren revitalizarse para responder a las demandas de los consumidores. No se trata de ofrecer sólo lo que los artesanos acostumbran producir, sino estudiar las tendencias de los mercados para ofrecerles productos que, sin desvirtuar las esencias propias, respondan mejor a sus expectativas.

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Otro reto es la industria del vestido, que originalmente se basó en la fabricación de la guayabera tradicional y que en los últimos años ha debido buscar la diversificación. Requiere capacitación, un centro de diseño y nuevos sistemas de comercialización. Aquí podría ponerse a prueba el modelo de la industria italiana, que se basa en la integración de talleres pequeños, casi diría familiares, pero que producen en forma uniforme y con una tecnología única para surtir a grandes centros de comercialización.

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¿Cuáles son los cuellos de botella o los obstáculos que impiden que todas estas potencialidades se cristalicen en la realidad?
En primer lugar la infraestructura, no sólo la de comunicaciones y energía, sino la de servicios; en segundo lugar la capacitación y la actualización tecnológica; y en tercero, la falta de recursos económicos y financieros. Se dice que Yucatán depende de los apoyos del gobierno federal, porque su economía no es autosuficiente, pero habría que replantear esta situación. Creo que ese círculo vicioso debe ser resuelto con un plan de inversiones a largo plazo, que involucre el esfuerzo local apoyado por el resto del país y la federación.

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¿Qué piensa del modo tradicional de hacer los negocios, sobre todo en las empresas familiares yucatecas que parecen resistirse a los cambios?
Yo lo vería como uno de los elementos que han retrasado el desarrollo del estado. En épocas pasadas el empresario yucateco fue más que conservador, ha considerado mucho el patrimonio familiar y el cambio le ha resultado muy difícil. También se ha resistido a asociarse con otros fuera de las familias, y eso lo ha limitado en capital, en tecnología y en mentalidad. Creo que apenas empezamos en Yucatán con las inversiones extranjeras y con los profesionales que han llegado a invertir, y que son el motor que está empujando a ese tipo de dirigente conservador. Es muy válido tratar de conservar los valores, el sabor de las ciudades, nuestras tradiciones, pero también hay que activar mucho más la actividad económica. Estábamos muy cerrados; apenas se empieza a abrir el cascarón.

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¿Qué posibilidades le ve al intercambio de Yucatán con la isla de Cuba? ¿En qué nivel se encuentra esta actividad?
No es fácil comerciar con Cuba, porque hay muchas restricciones, pero más gente de la que suponemos está haciendo negocios, como el caso del aceite comestible y las galletas. El volumen es muy considerable, al punto que ya existe un barco que hace la travesía desde Progreso una o dos veces por semana. Cuba es un mercado interesantísimo para México, y particularmente para Yucatán, que está muy cerca. Cuando se abra, y eso ocurrirá tarde o temprano, será un polo turístico muy atractivo, y de hecho ya se han hecho cuantiosas inversiones en hotelería, sobre todo de capitales italianos y españoles. Una de mis recomendaciones es, en vez de buscar la competencia, integrarnos con Cuba en un circuito que aproveche a ambos destinos. Que el mayorista que envía sus turistas europeos o canadienses a Cuba, luego los haga pasar por Mérida para una visita a ruinas mayas, ciudades coloniales y otras actividades de tipo cultural, ecoturismo, etcétera.

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