No debe haber crisis

El consenso de los especialistas independientes es que en el 2000 no tiene por qué haber crisis. La
Alejandro Castillo

El 2000 será un periodo especial para México, ya que será testigo de diversos eventos económicos y políticos con gran influencia entre sí. Culmina un sexenio y se llevan a cabo elecciones presidenciales en las que se espera una mayor competencia y se verá si en realidad el país transita hacia la democracia. En lo económico, también se estará probando qué tan firme es la estabilización lograda con tanto esfuerzo en los últimos años y si las estrategias del gobierno fueron adecuadas para evitar que México sufra otra crisis de fin de sexenio –o de principios, como ocurrió con el periodo zedillista–.

- A continuación se expone la visión que tiene un grupo de especialistas en economía, independientes y del sector privado, acerca de las condiciones en que se encontrará la economía nacional en el 2000 y los siguientes años.

- En las entrevistas hechas se comprueba que, si bien se acepta que existen riesgos, hay un gran consenso alrededor de la posibilidad de que en este año no se presenten crisis como la que inició a finales de 1994. Unos y otros coinciden en señalar que, si bien no se han superado los rezagos, ahora la economía está más fuerte y no presenta los desequilibrios observados a finales del salinismo.

- Al respecto, Adolfo Albo, director de Estudios Económicos y de Mercados de Banco Bilbao Vizcaya (BBV), señala que, de acuerdo con las opiniones que ha intercambiado y que conoce de otras consultorías, es relevante la convergencia que se ha generado en el mercado acerca de la viabilidad de las metas gubernamentales. “Es un factor que sin duda contribuirá a que los diferentes participantes actúen en coherencia con ese programa.”

Siempre hay riesgos
La visión que tienen los especialistas acerca del contexto reconoce dos fuentes de problemas: el comportamiento de la economía estadounidense y los mercados emergentes. - Respecto de lo primero, Manuel Sánchez González, de Bancomer, estima que lo más probable es que en el 2000 se observe “una desaceleración de la economía de Estados Unidos, pero no de una forma drástica, sino que  continuaría creciendo alrededor de 3%”.

- En lo anterior coinciden Lawrence D. Krohn (economista en jefe para América Latina) y Alonso Cervera (economista para América Latina) de Donaldson, Lufkin & Jenrette. Ellos señalan que “el entorno externo será favorable para México, pues creemos que es baja la probabilidad de que se materialicen los principales riesgos externos. Nuestros pronósticos contemplan un ajuste en los precios mundiales de petróleo hasta un nivel mínimo de $19 dólares por barril para la mezcla del crudo West Texas Intermediate, equivalente a $15 dólares por barril para la mezcla del crudo mexicano de exportación”.

- A su vez, Raúl Feliz, investigador de la División de Economía del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), explica que la perspectiva de México depende mucho de qué tipo de desaceleración se presente en Estados Unidos. “Si la Reserva Federal de ese país, a través de un conjunto de políticas instrumenta un aterrizaje suave, desde el insostenible crecimiento de 5% que tiene actualmente, a tasas de entre 2.5 y 3%, México podría encontrar condiciones para crecer alrededor de 4%. Sin embargo, si la economía estadounidense se sobrecalienta a tal grado que la FED pierde el control, entonces se verá obligada a actuar de forma desorganizada, subiendo las tasas drásticamente provocando una recesión y dando lugar al peor escenario para México. En resumen, es inevitable que la economía de Estados Unidos crezca a un menor ritmo; el problema está en cómo se desacelerará y todo indica que será de manera gradual.”

- El fantasma de mayores dificultades lo explica Pablo Álvarez Icaza, de Bursamétrica, quien considera que el mercado accionario de Estados Unidos está altamente sobrevaluado y si los resultados no superan las expectativas de ganancia de las empresas, “se presentaría un desplome de la confianza de los consumidores.  Sin embargo, no se debe olvidar que Estados Unidos tiene un importante superávit fiscal, por lo que la Reserva Federal puede revertir las alzas que se han aplicado a las tasas, neutralizando el problema.”

- Los temores no sólo se generan en la economía estadounidense. Como lo señala Sánchez, de Bancomer, “nunca se puede excluir alguna inestabilidad proveniente de mercados emergentes”.

- En ese sentido, Mauricio González, de GEA, comenta que uno de los riesgos que se deberán enfrentar es lo que ocurra con el yuan chino, si se devalúa o no, porque la economía de China se está desacelerando excesivamente” y, aun entrando a la Organización Mundial de Comercio (OMCC), de todos modos presenta una interrogante. A eso se añade la situación de Argentina, “que está en la luna de miel con De la Rúa, pero ¿qué pasará cuando ésta termine y se encuentre con que debe responder al FMI, que le ofrece su apoyo a condición de que realice la reforma laboral y la reforma fiscal? En Argentina hay un problema latente y progresivamente se incrementarán los ataques a la caja de convertibilidad”.

- González también advierte que se debe vigilar a Brasil, “donde se espera una recuperación, pero enfrenta el hecho de que con todo y su devaluación, no ha logrado eliminar su déficit de cuenta corriente que está cerca de 5% en relación con el PIB, y no por su déficit comercial, que es muy pequeño, sino porque es muy alto el costo financiero de su deuda externa”. Sin embargo, aclara, “como ha sucedido recientemente, los problemas de las economías emergentes no pondrían en jaque al sistema financiero internacional”.

- Además, hay factores que podrían influir favorablemente. Sánchez, de Bancomer, apunta que el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea puede ser un elemento muy favorable para atraer flujos adicionales de inversión extranjera directa, que “quizá permita incrementar el promedio de captación anual, no de una manera transitoria, sino permanente”.

El factor político
Al referirse a este tema, Sánchez vaticina: “El 2 de julio habrá una elección limpia y con un candidato electo a la presidencia sin grandes cuestionamientos, con toda la legitimidad. En esas condiciones será secundario quién gane las elecciones, porque creo que cualquiera estará muy acotado por las reglas del juego económicas de la competencia, con una tendencia hacia los gobiernos delgados, más promotores del mercado. Además, los analistas están percibiendo que los dos candidatos que van adelante en las encuestas son favorables al mercado; entonces yo no vería ninguna sorpresa en las elecciones.” - No obstante, Álvarez Icaza, de Bursamétrica, señala que “el 2000 no escapa de la coyuntura electoral y la evolución económica estará muy ligada con lo político. En ese sentido, estima que habrá un buen crecimiento hasta el segundo trimestre, pero “después se observará una desaceleración en el tercer trimestre y tal vez una recuperación en el cuarto. Paradójicamente, esta será impulsada por la incertidumbre de cambio de sexenio que propiciaría un incremento importante del consumo de bienes duraderos, casas y aparatos electrodomésticos, como una forma de ahorro preventivo que las familias siempre realizan ante una situación incierta”.

- Sin ignorar lo anterior, pero considerando la probabilidad de un contexto relativamente favorable, Sánchez expresa: “La forma como evolucionará la economía mexicana estará dada por la política económica del país, y lo más importante es que la política monetaria y fiscal se apeguen a una política ortodoxa, disciplinada y de acuerdo con las metas que han establecido las propias autoridades”. Añade: “No vemos ningún problema para que la economía mexicana continúe la senda de la recuperación y se avance en la estabilización macroeconómica. Los argumentos en lo que nos estamos basando para descartar una crisis de fin de sexenio aplican tanto para el fin de esta administración como para el principio del próximo gobierno. Estamos convencidos que el próximo presidente recibirá una economía con unas finanzas públicas más sanas que lo que recibió este presidente al principio de su administración y ciertamente exenta de graves problemas de endeudamiento público externo, como fue el caso de los tesobonos.”

- Según Guillermo Aboumrad, director de Análisis Económico de Citibank, “la vulnerabilidad de la economía a choques externos o internos se ha reducido de manera considerable. La respuesta de política económica a la crisis financiera internacional de 1998 corrigió la tendencia creciente del déficit en cuenta corriente y de la inflación”. Además, dice, “la credibilidad que ha ganado la política monetaria da seguridad a los mercados financieros de que, en caso de un choque externo o interno que comprometa la meta inflacionaria, la respuesta será decisiva y oportuna”.

- A su vez, Fernando J. Losada, economista de ING Barings, destaca que México tiene muy buenas posibilidades de tener una transición de manera tranquila, sin los sobresaltos que caracterizaron otros finales de sexenio. “Si bien es posible que se observe cierta volatilidad en las semanas previas a las elecciones, los fundamentos de la economía se ven muy sólidos.” Aclara, incluso, que los principales riesgos son una desaceleración muy brusca en el ritmo de crecimiento de la economía de Estados Unidos, o una corrección muy rápida y profunda en su mercado accionario. “Sin embargo, no creemos que estos escenarios sean muy probables.”

- Albo, de BBV, apunta que ahora existen cuatro elementos de tipo cuantitativo que distinguen a la economía con respecto a la situación de hace seis años. “En primer lugar hay un mayor control fiscal y el compromiso presidencial de reducir el déficit a pesar del periodo electoral; en segundo lugar, el déficit en cuenta corriente es muy inferior al observado en 1994; en tercer lugar, el financiamiento es más sano, con inversión extranjera directa, pocos vencimientos de deuda y el apoyo del ‘blindaje’ financiero y, finalmente, el tipo de cambio flexible evita que se acumulen desequilibrios.” A lo anterior, añade, se agregan tres factores de tipo cualitativo que no había en 1994: “Hay un gran avance en la transparencia en la información y ahora los mercados tienen más capacidad para percibir eventuales problemas; como hay más conciencia del riesgo, los inversionistas actúan con más prudencia, y hay más democracia”.

- Lo cierto es que, como señala César Castro, del Centro de Análisis y Proyecciones de la Economía Mexicana (CAPEM), aunque cada fin de sexenio se genera incertidumbre, al comparar el 2000 con 1994 “queda claro que estamos en una mejor posición”.

- Coherencia y viabilidad
Sobre esas bases, Losada, de ING Barings, considera que “las proyecciones contenidas en los Criterios Generales de Política Económica son consistentes y mesuradas. No solamente son viables, sino que como ocurrió en 1999, existe la posibilidad de alcanzar metas aún superiores a las del plan del gobierno, particularmente en el área de crecimiento. Esta administración ha concentrado sus esfuerzos en reducir los riesgos de crisis económica al final del sexenio, y está en muy buen camino para lograrlo. Descartando algún episodio de violencia política mayor, la incertidumbre característica de las elecciones presidenciales podría generar algún ruido durante el primer semestre del año. Sin embargo, esta volatilidad potencial no generará ninguna consecuencia importante, y deberá desaparecer durante la segunda mitad del año”.

- Aboumrad, de Citibank, apunta que “la recuperación de los salarios reales y la baja en las tasas de interés han sentado las bases para una recuperación del mercado interno durante el 2000. La posibilidad de lograr un crecimiento más balanceado entre exportaciones y mercado interno con respecto a 1999, reduce la vulnerabilidad de la economía.”

- González, de GEA, señala que la propuesta del gobierno parece coherente. “La única propuesta que no me gusta mucho es la de tipo de cambio y la inflación. Si el tipo de cambio se deprecia más rápido de lo que el gobierno espera, entonces las tasas de interés también subirán y eso puede disparar el costo financiero arriba de lo que ellos estaban calculando. No se debe olvidar que la deuda interna es una carga fiscal importante.”

- Por lo que se refiere al papel asignado al precio del petróleo, Castro, de CAPEM, puntualiza un aspecto que podría contribuir en el crecimiento del año 2000: “Entre 1998 y 1999 el gasto público estuvo castigado por la caída en el precio del petróleo, pero como éste ya se recuperó, eso está permitiendo hacer más espacio para que el año que viene terminemos con un gasto más alto, se ejercería lo que se conoce como un gasto anticíclico.” Por supuesto, el precio del crudo, que es una variable clave de los Criterios, no seguirá subiendo: “En abril se van a reunir los países productores y empezarán a aflojar el recorte de la producción, porque también es perjudicial que ocasionen presiones inflacionarias a los países consumidores, como Estados Unidos, porque ellos a su vez responderían con tasas de interés. Entonces se espera que se restablezcan los niveles de producción y eso propiciará que el precio del petróleo baje un poco, pero no habrá una crisis, ya que los países europeos y los países asiáticos ya están de regreso y la demanda crecerá a pesar de que se desacelere un poco la economía estadounidense.”

- Krohn y Cervera señalan que las perspectivas de la economía mexicana para el 2000 son alentadoras. “Nuestros pronósticos en torno al crecimiento económico, déficit fiscal, déficit en cuenta corriente y tasas de interés promedio son muy similares a los presentados por el Ejecutivo. Creemos, sin embargo, que la meta de reducir la inflación a un nivel de 10% en el 2000 es agresiva y, por lo tanto, difícil de lograr. Nuestra crítica principal al presupuesto del 2000 reside en el tratamiento que da el Ejecutivo a los ingresos no tributarios. Creemos que una reclasificación más pura de éstos resultaría en un déficit fiscal cercano a 2% del PIB.” Así, sugieren la exclusión de los siguientes renglones del cálculo de ingresos totales: a) ingresos por concepto de privatizaciones, b) ingresos esperados derivados de la venta de colateral liberado a través de la recompra de deuda soberana en los mercados internacionales, c) flujos de efectivo provenientes de utilidades, realizadas en años anteriores, de bancos de desarrollo y otras entidades del sector público.

- Raúl Feliz, del CIDE, resume lo que parece una expectativa generalizada: “Estamos esperando que durante los seis primeros meses del 2000 la economía mexicana tenga un extraordinario desempeño positivo, el cual, por cierto, será continuación del que se inició desde el segundo semestre de 1999. Sin embargo, por la naturaleza misma del ciclo económico, en la segunda parte del año la economía se desacelerará. Actualmente se beneficia de factores como el precio del petróleo, el cual a partir del segundo trimestre del año 2000 comenzará a ajustarse a la baja, una vez que el invierno quede atrás y la OPEP comience a aumentar el volumen de producción. A eso se agrega la posibilidad de que la Reserva Federal suba las tasas de interés 25 puntos base por lo menos dos veces durante el primer semestre, lo que forzará una desaceleración en la economía estadounidense y eso desacelerará el crecimiento en México. Pero no será una crisis económica.”  

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