No es la Presidencia

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Sergio Sarmiento

Hubo un tiempo en que algunos observadores de la política de oposición estaban convencidos de que sólo era necesario expulsar al PRI de Los Pinos para empezar a superar nuestro subdesarrollo. Hoy nos damos cuenta de que eso es falso. Ni la democracia ni la alternancia en el poder garantizan que se puedan llevar a cabo las reformas que nos permitirían iniciar un proceso de desarrollo rápido.

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No hace falta ser un genio para saber cuál es el camino hacia el crecimiento. Las experiencias de naciones como España, Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán o Chile, nos lo dicen. Esta vía implica estabilidad política, un ambiente abierto a la inversión productiva privada, un sistema fiscal razonablemente sencillo y equitativo, una educación de alta calidad, y reglas fiscales y financieras que fomenten el ahorro y la reinversión de utilidades.

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Nuestro país no tiene ninguna de estas características. Si bien ya tenemos una democracia, ésta ha abierto las puertas a un sistema en que los partidos no pueden llegar a acuerdos y están constantemente en pleitos con los que no buscan el bien de la sociedad sino una ventaja para la próxima elección. A pesar de nuestra necesidad de inversión, México sigue teniendo leyes que la prohiben en muchos campos. El sistema fiscal no sólo es complejo e inequitativo, sino que con la miscelánea del año 2002 se ha vuelto todavía peor. La calidad de la educación se deteriora cada vez más. Nuestras reglas fiscales y financieras, lejos de promover el ahorro, lo castigan. Todos estos factores debilitan constantemente a las empresas y hacen más difícil que el país pueda ser competitivo.

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Lo peor de todo es que no hay ningún viso de que el problema pueda resolverse. No es por falta de voluntad del Presidente, sino por la carencia de una visión clara por parte de los legisladores sobre lo que se necesita para desarrollarse y alcanzar mayor prosperidad. Las medidas que está tomando el Congreso, como el establecimiento de nuevos impuestos suntuarios y especiales, sólo han logrado retrasar más a nuestro país.

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La expulsión del PRI de Los Pinos en el año 2000 fue un acontecimiento necesario para darle al sistema político mexicano una mayor competencia interna. Pero de nada sirve la alternancia de partidos si el viejo sistema populista se mantiene vivo en las cámaras. Poco cambian las perspectivas de México si el mandatario no puede impulsar iniciativas sensatas, como una verdadera reforma fiscal o la apertura del sector eléctrico, porque los legisladores las vetan.

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A menos de que se produzca un verdadero cambio en el sistema político y entiendan diputados y senadores cuáles son las medidas que llevan a un país a hacia adelante, seguiremos los mexicanos viviendo en la pobreza.

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–Sergio Sarmiento es periodista y analista político.

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