No quiero oro, yo quiero plata...

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Luis FC Malo Juvera

A pesar de soportar –mal– crisis y pobreza, no se puede afirmar que México “no tiene plata”. Es sabido que el territorio mexicano ha sido pródigo en la producción de este metal precioso, lo que puede comprobarse al revisar la extracción registrada desde hace más de un decenio, periodo durante el cual la extracción se ha mantenido estable (alrededor de 2,400 toneladas anuales). Zacatecas es el rey platero, seguido de Chihuahua y Durango.

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A pesar de ello, la duda mata: ¿al mexicano realmente le agrada la plata?

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Las cifras, frías, dicen que sí: de toda la producción del metal, alrededor de 33% se destina a la joyería, según la Cámara Minera Mexicana. Pero los conocedores perciben que las joyitas de plata no son, paradójicamente, usadas por los mexicanos, a pesar de que muchas de estas piezas son de la mejor calidad y los artesanos mexicanos que las elaboran tienen una gran ventaja competitiva, debido a que sus trabajos son hechos a mano –cada pieza es única–, a diferencia de las fabricadas en países como Italia donde se producen en serie, perdiendo así la originalidad del diseño.

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Baste recordar la escena típica de muchas playas mexicanas, donde es casi inevitable ser abordado por un lugareño que carga un portafolios repleto de joyería de plata. Este comerciante necesita hablar un poco de inglés por una razón muy sencilla: su principal clientela son los turistas extranjeros, quienes aprecian especialmente el metal. Así, la plata mexicana brilla más fuera del país.

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Pero hay quienes tienen el corazón de plata e intentan combatir esa indiferencia mexicana. A golpe de vender y promover piezas de joyería y orfebrería platera quieren forjar un gusto por el metal. Ejemplo de ello es la empresa Tane Orfebres o bien los creadores del Centro Platero Madero 16, ubicado en el centro histórico de la ciudad de México, donde se concentran más de 100 joyerías enfocadas a la venta de artículos de plata. Vicente Calderón, presidente de dicho centro, afirma que “tiene como propósito conquistar el mercado y enseñar a los mexicanos a querer lo nuestro, la plata”.

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Aseguran varios comerciantes que la gente local prefiere poseer cualquier joya con un mínimo “bañito” de oro que una buena pieza de plata. Por supuesto que esto es propiciado por los joyeros, cuyo principal ingreso proviene de la venta de artículos de oro, quienes casi siempre ven a la plata como un metal de segunda (por eso, si acaso tienen en sus aparadores alguna pieza de este material “no tan precioso”, estará en el lugar más recóndito de los mismos). Por el contrario, defienden a capa y espada las joyas elaboradas con el “metal fino”: el oro.

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Efrén Cabrera, comerciante joyero de una acomodada colonia del Distrito Federal, percibe que “las señoras de buena posición económica que compran plata lo hacen únicamente por su fuerte sentido ‘ahorrativo’, pretextando que usar oro, sobre todo en piezas grandes, es de muy mal gusto. Pero desde luego que lo hecho con oro siempre será lo más fino”.

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A los plateros parece no importarles que la plata sea usada para premiar a los segundos lugares; protegen lo que llaman la “tradición mexicana” y el sentido artesanal que contiene cada una de las joyas hechas con el blanco mineral. José Sánchez, platero de cepa, asegura: “Hoy podemos encontrar trabajos de plata iguales o mejores que los que están hechos de oro, pero con dos ventajas adicionales: mayor variedad y un precio al alcance de todos. Existe una oferta que abarca desde unos aretes de $15 pesos hasta un juego de cubiertos de $40,000 pesos”.

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Pero al parecer el camino aún es largo para estos plateros, quienes tienen en la costumbre ornamental de la mayoría de los mexicanos un gran enemigo a vencer.

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Por lo pronto, si alguien tiene el deseo de comprar joyería de plata, debe saber que encontrará dificultad para poder adquirir objetos de “plata pura”, pues para que este metal adquiera dureza y no se deshaga por el continuo roce con el cuerpo o con el pasar de los años, cada kilo debe contener alrededor de 75 gramos de aleación, lo que lo hace más resistente y manejable. Los que saben de esto aseguran que el mejor -quilataje para que la plata pueda ser trabajada es el 925.

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Pero cada quien sus gustos y, sobre todo, sus gastos. Independientemente de que el metal ha sido señalado como una posible salvación de la economía (esa es la tesis de empresarios como Hugo Salinas Price), sería muy benéfico para muchos que viven de esta industria que cada vez más mexicanos –chovinismo bien entendido– comenzaran a adornar sus orejas, muñecas y cuellos con joyería de plata 100% nacional.

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