Nuevo León <br>Los anhelos no son la re

Proyectos que se posponen, presupuestos que se reajustan, obras que se detienen, vialidades que camb

El reposo inercial de la industria de la construcción ha desatado, paradójicamente, una competencia tan feroz que los profesionales del ramo se han visto obligados a sacrificar costos y abatir honorarios al mínimo indispensable. Hay quienes ya ni siquiera piensan en obtener utilidades; lo único que buscan es mantenerse activos mientras llegan tiempos mejores.

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Para Isaac Guajardo, socio del despacho GMG Arquitectos, se trata de una guerra que ha llegado al canibalismo porque algunos “tiran a matar” al cotizar obras por debajo del costo. Su esperanza es evitar, o al menos postergar, la liquidación de sus empleados, en agonía desde hace más de un año.

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Parecen muy lejanos los días de 1994 cuando el entonces gobernador Sócrates Rizzo anunciaba o inauguraba obras de infraestructura como la Presa el Cuchillo, plantas tratadoras de agua, una línea del metro o la Biblioteca Magna. Ese año la inversión pública fue de $961.8 millones de pesos.

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Pero la devaluación cambió el panorama, y en 1995 sólo se ejercieron $656.8 millones de pesos; varias obras fueron suspendidas por tiempo indefinido.

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En el sector privado las cosas no van mejor, sobre todo porque los empresarios han asumido una actitud de extrema cautela: continúan lo que ya empezaron sólo si están en posibilidades de hacerlo y posponen los nuevos proyectos en espera de señales económicas estables. En los últimos dos años, fueron concluidos algunos trabajos importantes, como el Parque Industrial Kalos y el edificio Oficinas en el Parque, entre otros, aunque quienes se lanzaron a construir en plena crisis son los inversionistas de Alestra, Avantel y HEB.

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Héctor Velasco, presidente estatal de la Cámara Nacional Industria de la Construcción (CNIC), señala que “el sector está trabajando a 50% de su capacidad y 150 empresas afiliadas están al borde de la quiebra”. El promedio mensual de trabajadores permanentes se ha reducido en 35% con respecto a 1994, cuando el IMSS tenía registradas a 95,000 personas activas en el ramo. José González, socio de GMG Arquitectos, afirma que más de 125 empresas pequeñas y medianas viven una situación de angustia debido a la carga financiera y fiscal que soportan, si bien su prioridad es conservar la estructura interna. No pueden darse el lujo de desocupar al personal capacitado; de ahí la existencia de una especie de campaña de solidaridad en la que todos deben sacrificar parte de sus honorarios para seguir operando. Dice que “el primero que se va, va a ser el último en regresar”.

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Hay muchos grupos interesados en iniciar grandes proyectos, pero los frena la incertidumbre y la falta de liquidez, expresa el arquitecto Isaac Guajardo. “Ya no es desconfianza, sino que el ritmo para reacelerar el proceso económico no se ha dado con la velocidad que esperamos...va a pasar este año y parte del otro o más”. En su despacho hay al menos 50 clientes pendientes de empezar obras.

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Es tal la “rebatinga”, que todos los empresarios, desde productores de materiales hasta los que se encargan de los últimos detalles de acabado, se han visto forzados a mejorar sus sistemas de trabajo y, al mismo tiempo, bajar sus honorarios para poder participar en concursos cada vez más concurridos. Antes, los constructores se mostraban reacios a tomar proyectos fuera de Nuevo León, pero ahora poner condiciones es un lujo que no se pueden dar.

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César Lazo, secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, advierte que, en lo relativo a obra pública, sólo están reactivando proyectos prioritarios y que no requieren nuevos créditos. Uno de ellos es el Anillo Vial Metropolitano, obra de 43 kilómetros que conectará los municipios del área metropolitana aprovechando vías de tránsito intenso ya existentes. El presupuesto original, en pesos de 1994, era de $200 millones, pero falta realizar 60% de la obra, que representa una inversión de $220 millones de pesos, de los cuales serán ejercidos $22 millones en este año (para construir 4.5 kilómetros).

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Valle Oriente, que sería un detonador comercial y residencial mediante la creación de un eje norte-sur para agilizar el flujo vehicular, fue suspendido en mayo de 1995, ocho meses después de su arranque. Lazo señala que el presupuesto original era de $375 millones de pesos; hoy es de $724 millones, entre adeudos y trabajos pendientes. La obra no será reanudada hasta que se apruebe una propuesta que reduce la inversión a $562 millones de pesos.

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Por lo pronto, seguirán las desviaciones de rutas, un grave problema para los comercios, hoteles y restaurantes de la zona. Inversiones recientes, como las de JC Penney, Sears, Hotel Quinta Real y la Torre Comercial América se ubicaron en esta área precisamente por las perspectivas que ofrecía un ambicioso proyecto que por ahora está en el aire.

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El presidente de la CNIC destaca que actualmente un importante foco de desarrollo es el municipio de Cadereyta, donde se está acondicionando la infraestructura para construir industrias petroquímicas. Ya se trabaja en proyectos que, en conjunto, suman una inversión de $800 millones de dólares, y en agosto se van a licitar obras por un valor adicional de $1,200 millones de dólares. Es lo más relevante del sector, por eso la cámara ha solicitado a Petróleos Mexicanos que garantice cierto porcentaje de obras en torno a ese proyecto para las empresas locales.

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La falta de actividad ha afectado la venta de cemento, dice Mario Pacheco, gerente comercial de Cementos Mexicanos. En 1994, la demanda estatal fue de 1.45 millones de toneladas en el estado; el año pasado bajó a 950,000. Lo que ha sostenido la venta de cemento en este año ha sido la autoconstrucción, a pesar del deterioro del poder adquisitivo del peso.

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En el renglón de vivienda las cosas son distintas. Francisco Leal, director de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios y de Vivienda (Adivac), afirma que el Fondo de Vivienda (Fovi) y el Infonavit son las únicas opciones para superar la crisis del sector; sin embargo, los bancos no están aportando los recursos necesarios prometidos en diciembre de 1995, cuando la asociación ganó 12,000 créditos de Fovi apoyados por la banca comercial. En el primer semestre del presente año, sólo han construido 409 casas —300 de interés social y 109 de tipo popular—. La vivienda de interés medio, cuyo valor fluctúa entre $170,000 y $250,000 pesos, está totalmente parada, pues no tiene caso invertir cuando hay 8,700 unidades desocupadas.

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Velasco dice que actualmente está en estudio un programa especial de $300 millones de pesos en el que participarían la CNIC, el gobierno estatal e Infonavit para construir 3,000 viviendas cofinanciadas. Un grupo de 12 empresarios aportaría el terreno urbanizado, que equivale a 30% del valor de la operación y el Infonavit apoyaría con el 70% restante correspondiente a edificación. “Nos van a ir pagando como un renta cuando ya esté terminado esto... mueves tus máquinas, mueves a tu gente, de alguna forma reactivas un poquito la economía; esperamos que vengan otros programas”. En opinión de González, este tipo de proyectos se tiene que reactivar porque la vivienda es un satisfactor importante para paliar en algo las necesidades sociales.

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