Obra en busca de protagonistas

Los protagonistas hacen que las cosas ocurran. Los espectadores las miran pasar. Pero...
Javier Martínez Staines

El darwiniano y canibalesco mundo corporativo puede ser observado, gozado y sufrido de muchos modos. Un acercamiento bastante primario es el de los actores activos y pasivos; es decir, protagonistas y espectadores. Y, como es imaginable, los primeros son reducidos en número, pero de impacto profundo, mientras los segundos son el rebaño sagrado que baila al tenor que le marcan los primeros. A veces, sin embargo, los corderos llegan a superar la estatura de sus pastores, sobre todo cuando estos de plano no saben lidiar con los lobos.

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No es novedad: la vida en las corporaciones es un microcosmos de la comedia humana. Como tal, sin embargo, refleja uno de los déficit más graves que el mundo presenta: la ausencia de liderazgo. Ocurre que los protagonistas no están a la altura de las circunstancias. Lejos de ser éste un fenómeno exclusivo de la esfera política, donde la ausencia de estadistas (líderes que piensan en las siguientes generaciones) se llena con malos políticos (que sólo piensan en las próximas elecciones), también el universo empresarial sufre por falta de conductores éticos y apasionados, inspiradores de confianza, generadores de respeto y compromiso. En sentido estricto, las oportunidades que deja de lado todo el país por el muy deficiente liderazgo político, también deben interpretarse como estrechez mental por parte de la comunidad de negocios.

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Tanto espectador y tan pocos protagonistas. Ese parece ser el nombre de la obra trágica que se escribe en México en el siglo XXI, que pone el acento en la desgracia vivida en las bien llamadas décadas perdidas de los 80 y los 90, años en los que avanzamos consistentemente dando vueltas en círculo. Cierto, hay que enfatizarlo: la ausencia de protagonistas en esta obra no implica la inexistencia de protagonismos. Basta con leer diarios y mirar noticiarios televisivos para corroborarlo. Ahí está siempre presente el desfile de aspirantes ociosos a protagonizar la película que todos queremos ver: un país que crece, sin pausa, que concede oportunidades a su gente, que pone las condiciones para la mejora sistemática del nivel de vida. En cambio, a veces los espectadores, cansados de ser víctimas de tantas tonterías en la cima, se sacuden el letargo y se transforman en protagonistas, con más eficacia. El ejemplo más contundente lo vivimos el pasado 27 de junio, cuando la gente se volcó a la calle para exigir seguridad en la manifestación cívica más concurrida que este país haya visto.

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Si esta historia no se escribe con guiones más inteligentes en el mismísimo interior de las organizaciones, es poco lo que puede hacerse. Dada la incompetencia de los funcionarios públicos en este país, la sociedad mexicana tiene que ocupar espacios. Sobra decir que las empresas tienen mucho que aportar. Para ello, urgen protagonistas con visión transformadora y sentido de trascendencia.

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* El autor es director editorial de Grupo Editorial Expansión y perdió el sentido del humor de tanta frustración acumulada.
Comentarios:
jstaines@expansion.com.mx.

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