Opinión. BBVA o Banamex

¿Qué opción sería mejor para Bancomer en términos de la Ley de Competencia?
Xavier Ginebra Serrabou

Banamex ofreció a Bancomer fusionarse en una operación por $2,400 millones de dólares, que duplica la oferta que le hizo el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA).

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Cómo saber si esta fusión debe ser autorizada con base en los criterios de la Ley Federal de Competencia Económica (LFCE)?

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La ley permite objetar aquellas fusiones que dañen, impidan o eliminen el proceso de competencia (artículo 16). Se consideran dañinas las que originan un agente económico con poder sustancial, es decir, aquél que no está sujeto a una competencia efectiva, tiene poder para fijar los precios unilateralmente e impedir el acceso al mercado, lo que puede suponer el desplazamiento de otros agentes o facilitar la realización de prácticas monopólicas (artículo 18).

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Se considera que un agente económico posee poder de mercado cuando alcanza una participación de 40%, tomando en cuenta otros factores, como las barreras a la entrada. Una fusión Banamex-Bancomer superaría 50% del mercado, por lo que detentaría poder dominante en la banca.

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Aunque hay menos restricciones, el mercado bancario sigue bastante cerrado. El posicionamiento en el sector, si no se logra a través de fusiones y adquisiciones, puede llevar mucho tiempo. A esto hay que añadir el poder de mercado en otros mercados complementarios (Afores, arrendadoras, casas de bolsa) y la fusión Banamex-Bancomer conllevaría poder sustancial, lo cual aumentaría el peligro para la competencia. 

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Una justificación para las fusiones son las ganancias en eficiencia. En este sentido, la fusión acarrearía menores costos operativos y una mayor oportunidad de competir en mercados globales. De otro modo, la banca mexicana quedaría prácticamente en manos extranjeras con la pérdida que supondría para la soberanía monetaria.

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Algunas pérdidas en eficiencia serían la desaparición de un fuerte competidor, que hace que la competencia aumente. En La ventaja competitiva de las naciones, Michael Porter señala que los países que han logrado sectores con ventajas competitivas internacionales exigen por lo menos la rivalidad de dos fuertes competidores –de tamaños similares y de preferencia nacionales–. En esta línea, de autorizarse sin fuertes limitaciones –como la obligación de venta de sucursales, algunas Afores filiales y quizá una de las dos casas de bolsa; la prohibición de una cláusula en los contratos colectivos que impida competir a los empleados que sean despedidos en otros bancos; la notificación de cualquier operación futura de fusión; y que sus contratos con proveedores fuesen aprobados por la CFC y/o por la CONDUSEF los contratos con sus usuarios– se eliminaría fuertemente la rivalidad competitiva. En este sentido, no sería deseable la fusión. Además, otra pérdida en eficiencia serían los cerca de 20,000 despidos de personal capacitado –a menos que fuesen absorbidos por otros bancos–.

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Una ganancia en eficiencia sería la creación de un banco mexicano con capacidad de competir globalmente. A este respecto, el tamaño del megabanco no dejaría de ser pequeño en comparación con los bancos mundiales –Citibank, HSBC, los propios BBVA y Santander–.

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Otros países han autorizado la fusión de sus dos bancos nacionales más importantes. Empero, hay que analizar si la banca mexicana compite en un mercado realmente globalizado para que se justifique la fusión. De otro modo, en caso de aprobarse, deberían imponérsele fuertes candados para que no abuse de su posición dominante –cosa que en la práctica, como el caso de Telmex ha demostrado, es muy difícil–. El tiempo y el análisis que realice la CFC darán más elementos de juicio.

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