Optimismo cauteloso

Qué incluye y qué no la mejora de la calificación a la deuda mexicana de largo plazo. Dicho de ot

Aplausos con matices. Así es como debemos interpretar las recientes mejoras a la calificación de la deuda mexicana por parte de Moody’s y de Standard & Poor’s. A fin de cuentas, la generosidad de la primera –al conceder finalmente el grado de inversión– fue matizada por la segunda –que la dejó un escaloncito abajo–.

- ¿Significados? El primero es bastante obvio: no olvidemos que Standard & Poor’s (S&P) palomeó de más al país en 1994, lo cual dejó muy mal parada a la calificadora neoyorquina cuando el sueño se transformó en pesadilla a fines de ese mismo año. Moody’s fue entonces la prudente. Ahora, los papeles son exactamente al revés. Evidentemente, la primera no desea un desencanto similar esta vez.

- Pero lo que hay que mirar son los significados más profundos de la mayor aprobación de la deuda mexicana. Las calificadoras perciben una disminución importante en el riesgo de insolvencia del país, gracias a una política macroeconómica que señalan como “prudente”. Se generaliza, pues, una percepción favorable sobre el manejo de las variables por parte de las autoridades financieras del país. Y eso, finalmente, deberá traducirse en una mayor captación de recursos externos.

- Hasta ahí, todo bien. Pero, especialmente en el caso de México –la historia ha sido una maestra cruel– todo optimismo conlleva una cláusula de cautela. Además de la primera razón citada párrafos arriba, ¿por qué no concedió S&P el grado de inversión? Por la siempre extensa lista de pendientes, en la que están incluidos asuntos nada menores: reforma y fortalecimiento del sistema financiero, reforma fiscal integral (¿ha escuchado hablar de esto?), disminución de la carga en el pago de intereses de la deuda pública total, mejora del ingreso per cápita y activación del crédito, entre otros.

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- Por ello, pese a lo positiva que es la noticia, debemos evitar las fanfarrias fáciles que tan tristes desenlaces suelen tener. La prudencia tiene que seguir imperando: dimensionar el hecho como lo que es –percepción favorable–, pero insistir en la solución de los muchos problemas que aquejan a nuestro país.

- Y un último asunto importante, sólo para terminar de matizar: el ascenso en la calificación es para la deuda mexicana en moneda extranjera. De ninguna manera mejora el costo del crédito en pesos. Aquí la historia es la misma: el Banco de México tiene sus prioridades, y la primera de ellas es bajar la inflación (tasas de interés, en efecto). Aunque esa es ya otra historia, hay que tenerla presente. De ese modo, queda todavía más claro: la noticia de la palomita en la calificación del riesgo-país es muy positiva, pero no estamos hoy para festejos desmesurados.

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