Oscura navidad

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Andrés Piedragil Gálvez

La portada de la edición número 406 de Expansión, con fecha diciembre 19 de 1984, no podía ser más elocuente: una casa sombría, un árbol de navidad –maltrecho, deshojado– prácticamente sin adornos, pocos y maltratados regalos en el piso. En medio de la época del año que inunda las calles con representaciones de felicidad, bienestar y alegría, la escena reproducida en la cubierta de nuestra revista parecía fuera de lugar.

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No obstante, el entorno económico del país difícilmente estaba en condiciones de inspirar un cuadro distinto. El gobierno de Miguel de la Madrid lidiaba con una de las más graves crisis en la historia de México: deuda externa en permanente reestructuración, desempleo abierto de 8.5% de la población económicamente activa, tasa anual de inflación de 35% y un crecimiento del producto interno bruto (PIB) de entre 3 y 4%.

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¿La portada sería distinta hoy? ¿La escena perdería algo de su aspecto lúgubre? Quizá las sombras no serían tan marcadas. Sin embargo, la navidad de 2002 también estará signada por la incertidumbre: a causa de la deceleración económica global, y sobre todo la del principal socio comercial del país, todos esperan que el próximo año llegue con el regalo de la recuperación. Algunas señales indican que la mejoría está en camino, otras voces dudan que eso ocurra. Mientras tanto, habrá que esperar al pie del árbol.

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