Otra trinchera contra la crisis

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Una vez más se le ofrece a los diversos sectores de la población mexicana la reiterada promesa del crecimiento. Su nueva denominación es Programa Nacional de Financiamiento al Desarrollo (Pronafide).

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El pasado 3 de junio, cuando fue presentado en Los Pinos por el presidente Ernesto Zedillo y el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, el Pronafide recibió la anuencia generalizada de la comunidad empresarial, si bien se expresó claramente la necesidad de aterrizarlo y calendarizarlo; es decir, precisar sus cómos y sus cuándos.

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Con el flamante programa se pretende alcanzar un crecimiento económico de 5% en promedio de aquí al año 2000, generar un millón de empleos anuales, reducir el desempleo y el empleo informal, elevar gradualmente los salarios y sustentar el bienestar de las familias.

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¿Más de lo mismo? ¿Otro ladrillo en la pared de las promesas con meros fines electorales? Probablemente no, habida cuenta de que para este año electoral el Pronafide calcula un crecimiento de sólo 4.5%, inferior al 5.1% registrado en 1996 y también a los pronósticos para los años subsecuentes. Por lo demás, el 6 de julio está a la vuelta de la esquina; ni por arte de alquimia el programa fructificaría con tal celeridad. Lo que sí puede aventurarse es que el éxito o fracaso del Pronafide será determinante para que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se mantenga en Los Pinos en el año 2000.

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En el mejor de los casos, el nuevo programa puede establecer un piso de certidumbre para el desarrollo económico, no de aquí al próximo 6 de julio, sino para después de esa fecha, cuando muy probablemente tendrán que establecerse acuerdos con la oposición, mismos que garanticen la gobernabilidad del país.

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No hay que echar en saco roto las palabras del Presidente –y habrá que recordárselas, en caso de ser necesario–. Nuestra generación, dijo al presentar el programa, es la primera capaz de conjugar el crecimiento económico con una plena democracia, “donde todas las voces se oyen y todos los votos cuentan, donde hay respeto a las libertades, reconocimiento al pluralismo y renovación de la cultura política”.

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Merecido reconocimiento
-Desde la primera edición de su nueva época (septiembre 27 de 1995), Expansión invitó a sus páginas al caricaturista Antonio Neri Licón. Hoy, Nerilicón –tal es su nombre de batalla– ha merecido el Premio Nacional de Periodismo 1996 en su especialidad. Seguramente el lector tiene presentes los afilados trazos con los que, cada 14 días, este joven profesional delinea la personalidad de los grandes hombres de empresa en “Caras de la moneda”. Su vena crítica también se manifiesta con frecuencia en “Los apuntes de...”. Celebramos este merecido reconocimiento y nos enorgullecemos de contarlo en nuestro equipo de trabajo.

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Descanse en paz
-Lamentamos profundamente el deceso de don Manuel Mancebo, acaecido el pasado 23 de mayo. Decano de la Escuela de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad de Las Américas Puebla, don Manuel también era miembro del Consejo Editorial de Expansión. Extendemos nuestras condolencias a sus familiares y colaboradores.

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