Otra vez Slim

Sinónimos de audacia empresarial, el hombre fuerte de los negocios en México está de vuelta. Y, a
Alberto Barranco Chavarría

Desteñido el estridente rumor que lo vinculaba maliciosamente a otro Carlos & Charles, con oficinas itinerantes en La Habana y Dublín; desafinada la versión de su inminente retiro, tras el reparto, calificado como temprano, del imperio a sus hijos, Carlos Slim Helú está otra vez en el eje del círculo, con aureola del más audaz estratega...

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De hecho, temprano aún el 99, pareciera imposible que algún mexicano pudiera disputarle el título de “El Hombre de Expansión”, a contracorriente de la desaparición de los estímulos fiscales a la inversión y del enrarecimiento del clima político en la fase previa al destape de candidatos a la Presidencia de la República.

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Se diría que como en aquellos lejanos días posteriores al crac de 1987, el empresario de ascendencia libanesa vuelve a navegar en sentido contrario, sólo que ahora con velas desplegadas...

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¿Quién podía asegurar que era el mismo comprador de las fábricas de papel Loreto y Peña Pobre el que anunciaba frente a las cámaras, micrófonos, libretas y grabadoras en posición de tiro, su oposición tajante a la imposición por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones (Cofetel), del esquema “el que llama paga” para la telefonía celular?

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¿Sería el mismo Slim en su época de incipiente empresario bursátil, allá al amanecer de la década de los 60, el que retaba a un debate público al presidente del organismo regulador oficial, y luego tramitaba un fallido amparo definitivo contra la medida calcada de Argentina?

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Lo cierto es que en su inaudita subida de perfil, el hombre manejaba su viejo Mustang cuando sus colegas lo hacían en carros blindados, escoltas adelante y atrás, el que difícilmente se dejaba ver en un restaurante de lujo, estaba sembrando la estrategia para cuando se derramara la bilis de la clientela al impacto del cobro de $2.20 pesos por minuto por acceder de un teléfono fijo a otro móvil...

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Conste que nosotros nos opusimos.

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De hecho, la opinión pública ya probó una cucharadita del nuevo Slim, cuando le llegó a su casa el aviso de que el aumento a ocho dígitos de los números telefónicos en las tres ciudades más importantes del país, se daba por orden de la autoridad.

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A mí que me esculquen.

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Y aún hay más, como diría aquel que ya no sale: en desafío a la leyenda que lo ubicaba un día sí y otro también como el futuro gran magnate de la comunicación, tras la compra de 49% de Cablevisión y tras la participación de una de las Sociedades de Inversión de Capitales de su Grupo Financiero Inbursa en una sonada inyección de recursos para la firma de Clemente Serna Alvear, Medcom, Slim capitalizó parte de la deuda de Televisa con su banco, para ingresar como socio del emporio.

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Y a contrapelo de la tradición que lo desvinculaba de los procesos de privatización similares y conexos, el propio grupo financiero adquiere la participación de 50% del Grupo Financiero IXE en la Afore XXI del Seguro Social...

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...con la esperanza de engullirse también el porcentaje de éste para integrar, en la carambola, la Afore a vencer en el mercado dada la posición de XXI e Inbursa como líderes en el renglón cualitativo de la clientela.

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Y mientras Slim corta el listón de la que anunció profusamente como la tienda Sanborn’s número 100 en el país, por más que en realidad se trataba de la 103, sus equipos compraban y compraban acciones de Grupo ICA en el piso de remates de la Bolsa Mexicana de Valores...

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...en tanto se preparaba la oferta para integrar a Sears la cadena Salinas y Rocha, autorizándose de pasadita un préstamo de $60 millones de dólares a favor de Cintra, la firma controladora de Aeroméxico y Mexicana de Aviación, cuyos dueños, más allá del gobierno como mayoritario en la magia del Fobaproa, son justo sus acreedores bancarios.

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¿Segundo aire de Carlos Slim?

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