Otro año de sobrevivencia

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Arturo Hanono

Aunque todavía no termina el año, se puede afirmar que 1995 fue para sobrevivir, y así como existen épocas para sembrar y otras para recoger la cosecha, tomando en cuenta las fluctuaciones de los mercados financieros, con decir que se subsistió fue suficiente para los golpeados mexicanos.

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Entre rumores, temblores y huracanes, el año se fue desarrollando y en su transcurso los mercados financieros experimentaron importantes fluctuaciones, lo que provocó variaciones en el tipo de cambio, en las tasas de interés y en el precio de las acciones que se cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores.

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A grandes rasgos, se pueden identificar varios periodos críticos: enero, marzo, octubre y noviembre, en los que interactuaron factores económicos y políticos. En estos periodos críticos no sólo se observa un escaso margen de maniobra, con fuertes presiones sobre los mercados financieros, sino que también se registra una conjunción de factores económicos y políticos que en otras épocas no se habían hecho tan patentes.

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De las crisis recientes es interesante observar la reacción de los mercados financieros a cada uno de estos acontecimientos. Tasas, paridad y bolsa no necesariamente se mueven en forma simultánea y homogénea; en ocasiones, unas se han adelantado a las otras y no todas han tenido la misma duración -ni tampoco presentan correcciones de magnitud -similar-.

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Las crisis de diciembre y marzo se podría decir que fue una sola, de mayor duración; sin embargo, por la forma en la que respondieron las tasas y el tipo de cambio, es preferible dividirlas en dos. De hecho, el programa económico tuvo dos facetas y dos presentaciones.

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Revisando cierres mensuales para la bolsa, se tiene que mientras noviembre de 1994 finalizó en 2,591 puntos, en diciembre terminó en 2,375 y llegó a su nivel más bajo a finales de febrero, al tocar 1,595 puntos, lo que significan tres meses de ajuste. Posteriormente se dio una recuperación, de marzo a agosto (seis meses), para iniciar nuevamente un proceso de ajuste. Después de que la bolsa durante casi tres meses se ubicó entre los 2,400 y los 2,600 puntos, en noviembre se colocó un escalón abajo, es decir, entre los 2,200 y los 2,400 puntos.

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En el caso de las tasas de interés (Cetes 28 días), su movimiento se dio entre 14 y 50% (diciembre-febrero), para posteriormente presentar una corrección mucho más importante y ubicarlas incluso hasta 80%. A partir de abril, las tasas comenzaron su baja para llegar, a mediados de septiembre, a niveles de 32%. Para la primera semana de noviembre las tasas se ubicaron en 54.24%, lo que refleja un fuerte brinco respecto a su nivel más bajo reciente (+22 puntos). Sin duda, las tasas han sido las que mayores fluctuaciones han presentado.

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En el caso de la paridad, el tipo de cambio en diciembre subió de N$3.50 nuevos pesos a N$5 nuevos pesos hasta enero. Entre febrero y marzo fluctuó entre N$5 y N$6 nuevos pesos, para posteriormente tocar casi los N$8 nuevos pesos durante la primera semana de marzo. Entre abril y septiembre la paridad fluctuó entre N$6 y N$6.30 nuevos pesos, y en noviembre nuevamente se vio un aumento importante para llevar a la cotización del dólar a sobrepasar la barrera de N$8 nuevos pesos.

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La perspectiva. Para ver el futuro es importante ver el pasado, evaluando la puntería individual y la de los especialistas. Ante las fluctuaciones de los mercados, a lo largo del año los analistas coincidieron sólo en una cosa: la constante revisión de sus pronósticos. La frecuencia tuvo su origen en las diferentes señales que se recibieron, así como en la interpretación de las mismas por parte de los agentes económicos. Ante esta situación resulta difícil ser optimista sobre el futuro, y quizá el máximo horizonte de inversión sean siete días.

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Aunque tratar de ser optimista hoy en día parece difícil, en algún momento hay que volver a serlo, ya que el propio optimismo es humano e incurable. De acuerdo con Max Gunther, autor del libro -Los Axiomas de Zurich, cada día de actividad en la bolsa es un ejemplo. No importa hacia dónde se está moviendo el mercado, siempre hay optimistas por ahí diciendo que el próximo gran mercado comenzará la próxima semana, y también hay pesimistas diciendo que no. ¿A quiénes escuchar? Con mayor frecuencia a los optimistas, porque su canto es más dulce.

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El optimismo -apunta Gunther- siempre ha tenido buena publicidad. Es -una característica agradable, y aquellos que la tienen "son almas alegres, donde una sensación general de esperanza y de buenas expectativas no hace daño". Sin embargo, él considera que hay que ser cauteloso con el optimismo cuando se aplica a empresas monetarias específicas, ya que puede ser un estado mental peligroso.

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"Nunca haga un movimiento si simplemente se siente optimista", opina el autor; en cambio, recomienda, busque la confianza, la cual no proviene de esperar lo mejor sino de saber cómo manejará lo peor, es decir, surge -del uso constructivo del pesimismo. Cuando se sienta optimista -dice-, trate de juzgar si ese sentimiento está realmente justificado por los hechos. Finaliza su reflexión afirmando: "Antes de comprometer su dinero a una empresa, pregunte cómo se va a salvar si las cosas salen mal. Una vez que haya concebido eso claramente, usted tendrá algo mejor que el optimismo. Tendrá confianza". Esto quizá representa el mejor lado de las crisis.

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