Pavimento de intenciones

El llamado club de países ricos pide apoyar a las pequeñas empresas... ¿Alguien le hará caso?
JGC

Los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ya se dieron cuenta. Según la Carta de Bolonia, firmada por los 29 países afiliados a ese organismo multilateral –y por 22 naciones en desarrollo–, las pequeñas y medianas empresas (pymes) siempre han asumido un papel “importante” en “el crecimiento económico, la ocupación, el desarrollo global y la cohesión social”.

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En la Carta de Bolonia fueron plasmadas las directrices generales que deberán servir de guía a las políticas nacionales en materia de pequeña y mediana industria. Estas, según el documento, contribuirán a un desarrollo sostenible, capaz de reducir la distancia que separa a países ricos y pobres. La cumbre reconoció con particular fuerza una nueva forma de desarrollo económico que parece modificar, si bien por ahora sólo formalmente, el tradicional esquema impuesto por las multinacionales, en favor de realidades productivas como los distritos industriales creados para estimular el desarrollo de la pequeña y mediana empresas.

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El esquema fue esbozado por Giuliano Amato, jefe del gobierno italiano, al inaugurar los trabajos de la Conferencia. Amato puso un particular énfasis en tres grandes rubros: no gravar a las nuevas empresas, para dejarlas crecer; trabajar en la formación de los recursos humanos, no sólo para adiestrarlos en las nuevas tecnologías sino para permitirles una real inserción en el mundo del trabajo y facilitar a las naciones emergentes el acceso a las nuevas tecnologías.

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Todo lo anterior deberá sin embargo ser acompañado por una ulterior liberalización de los mercados, tema sobre el cual resurgieron las conocidas divergencias entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE). A la liberación a ultranza del comercio, propuesta por Washington, la UE contrapone reglas precisas y transparentes, capaces de evitar el peligro de los monopolios que “marginan a las industrias de los países emergentes”. La posición de la UE no puede, sin embargo, ser interpretada como una defensa desinteresada de las necesidades de los países en desarrollo, sino como la manera en que la comunidad europea intenta frenar la expansión estadounidense.

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Para la OCDE la Carta de Bolonia representa un importante paso político en esta era de la globalización ya que fue “la primera vez en la que los problemas de los países menos desarrollados han sido llevados a nivel internacional y gubernamental tan alto”. Esto es cierto, pero queda la duda de si el acuerdo signado será respetado por los países altamente industrializados. Al respecto parece poco probable que estas naciones concedan, a las pequeñas y medianas empresas un libre acceso a las nuevas tecnologías.

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