PEGI. Generando competitividad

La Planta Eléctrica Grupo Industrial, en la que participan los grandes consorcios de Monterrey, tie
Alba Leal García

Muchos de los avances que caracterizan a Monterrey son producto de la escasez de recursos que históricamente ha tenido que enfrentar este importante polo de desarrollo. El caso de Planta Eléctrica Grupo Industrial (PEGI) no es la excepción.

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Esta empresa, que nació bajo el esquema de copropiedad el 22 de marzo de 1943, fue el primer proyecto de cogeneración de energía en América Latina. Surgió del esfuerzo conjunto de varios grupos industriales regiomontanos para hacer frente al desbasto de electricidad que se presento en ese año, cuando la ciudad sólo disponía de seis megawatts (MW) ‑aunque la capacidad normal era de 16MW‑, debido a problemas surgidos en una subestación de la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza, la empresa canadiense proveedor del servicio.

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Nelson Arizmendi, subdirector de Planeación Petroquímica de Alfa ‑grupo socio de PEGI‑, explica que en abril de 1946 la planta inició operaciones generando 17MW, que en su momento representó 1.9% de la capacidad instalada a nivel nacional. Simultáneamente, producía 16,000 kilogramos por hora de vapor, lo que significó importantes ahorros de energéticos para los socios. Los resultados superaron las expectativas, pues si el costo promedio para el servicio público era de seis a ocho centavos por kilowatt/hora, en PEGI se obtuvo de 3.9 centavos, que bajó a 1.6 cuando se suministró gas natural en los terrenos de la planta.

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Para 1960 la planta alcanzo una capacidad de 151.5MW (4.6% de la capacidad instalada en el País) y 20 años después llegó a producir 178MW y 110,000 kilogramos por hora de vapor. Este incremento se obtuvo a raíz de un permiso que otorgó el gobierno, porque no había suficiente agua para generar la energía que necesitaba el país, expresa Patricio González, gerente de Desarrollo de Proyectos Eléctricos de Cemex.

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Ahora, PEGI cuenta con dos plantas que abastecen a 25 empresas de Alfa, Cemex, Cydsa, Frenas, Gidusa, Ucar, Vitro, Orión, Peñoles y Axa, entre otros. Tiene capacidad instalada para producir 180MW y funciona con una red de transmisión propia de 59 kilómetros de longitud que cubre los municipios de Apodaca, San Nicolás y el área industrial de Monterrey.

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En 1960 se decretó la nacionalización de la industria eléctrica. Las empresas socias de PEGI se siguieron surtiendo de la planta, señala González, pero resolvían sus necesidades de incremento a través de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), porque el gobierno impuso limitaciones a los proyectos privados de generación de energía. Además, explica Arizmendi, en 1973 fue frenado aún más el desarrollo de la copropiedad, al decretarse la cancelación de la energía de respaldo que le proporcionaba la CFE desde 1968. Esta regulación fue derogada en 1994 con las tarifas de respaldo, por lo que ahora se abren nuevas puertas a los proyectos de cogeneración.

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Nueva luz. La modificación a la Ley del Servicio Publicó de Energía Eléctrica, decretada en diciembre de 1992, y las posteriores reformas a los reglamentos, facilitan la generación de energía eléctrica por particulares para satisfacer las necesidades de la industria, pero sólo mediante el esquema de sociedades. Y esto es una buena noticia para los regiomontanos, pues como dice González, los cambios en la legislación nos permiten entrar a nuevos esquemas para modernizar PEGU, que después de nacer como una empresa de vanguardia se vio limitada en su crecimiento porque no era costeable invertir.

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Las necesidades actuales de los socios ascienden a 80OMW, y para responder a ellas se diseño un proyecto de expansión de las dos plantas actuales, además de integrar dos más, lo que aumentaría la producción a 550MW y brindaría la oportunidad de beneficiar a 20 compañías más, algunas de ellas subsidiarias de los socios. De concretarse estos planes ‑y las variables macroeconómicas deberán ayudar‑, PEGI se convertiría en la empresa más grande de cogeneración del país.

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Ambos están convencidos de que la cogeneración es el mejor camino para producir energía térmica y electricidad porque se obtiene el máximo provecho del gas natural y de los combustibles en general. González explica que los ciclos convencionales de generación, similares a los de la CFE, tienen una eficiencia de 35%; las turbinas con ciclos combinados tienen hasta 52%, mientras que la cogeneración ofrece hasta 85%, lo que significa que se gana más del doble en el aprovechamiento del energético.

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Los beneficios, agrega Arizmendi, son claros: ahorro de energéticos, reducción de emisiones contaminantes, mayor competitividad, oportunidad de crear infraestructura en las zonas industriales, menor consuno de agua, fomento del desarrollo regional y fortalecimiento de la red de abastecimiento. Y el potencial es grande, ya que México podría generar 9,000 MW a través de la cogeneración.

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