Pincelada mexicana

Los pintores migrantes cotizan en alza en la Gran Manzana.
Anabelle Nuñez

Como cualquier migrante, la pintora  mexicana Andrea Arroyo llegó a Nueva York hace 20 años en busca de la tierra prometida. “Aquí todos encuentran un lugar y un público”, se repetía constantemente. La competencia y el alto costo de vida fueron los factores que en principio le impidieron atraer las miradas de los conocedores de arte.

- Pero al igual que en la Gran Manzana se observa un boom por la comida étnica y los cantantes latinos, en la pintura pasa lo mismo, luego de que la cantante Madonna puso de moda la “fridomanía”. En el caso de Arroyo, hoy vende sus obras 10 veces más caras que en su primera exposición formal hace 10 años. La pintura mexicana es cada vez más buscada por los expertos internacionales. “Mi obra ha llegado a coleccionistas en Europa y Japón”, dice orgullosa.

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- La obra de Andrea Arroyo evoca a un México que añora. Éste fue el sello distintivo que ganó las miradas de los expertos y que incluso hoy, decora grandes murales en distintas escuelas neoyorkinas. Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, la recaída económica tuvo también fuertes repercusiones en el mundo del arte, sin embargo, a decir de Arroyo, México ya tiene un lugar en el gusto de los neoyorkinos.

- Pero también ha sufrido las exigencias de una ciudad cosmopolita que es punto neurálgico de artistas de todo el mundo. Según Arroyo, a diferencia de otros países, en esta urbe “se valora al arte como parte fundamental de la riqueza que Nueva York ofrece al mundo”. Pero también es un hecho que ahí es el lugar con los índices más elevados en el cobro de impuestos que se exigen a los trabajadores independientes como Andrea Arroyo.

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