Piratería <br>El precio de la fama

Cualquier famoso pirata inglés que viera los jugosos botines que logran sus descendientes, seguro q

Aun cuando las autoridades mexicanas no cuentan con cifras sobre el valor del comercio no oficial, las empresas afectadas hacen cálculos “a ojo de buen cubero”, y califican el daño de “grave”.

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Cifras de la Alianza Internacional para la Propiedad Industrial (IIPA, por sus siglas en inglés), organización que representa a varias empresas de la industria del entretenimiento en Estados Unidos, indican que en 1996 perdieron $414 millones de dólares en tierra mexicana por falta de controles más estrictos en la protección de los derechos intelectuales, y la Motion Pictures Association califica al país como el paraíso de los piratas. De hecho, la IIPA calcula que la piratería acapara alrededor de 50% de la industria formal de renta y distribución de películas en México, que representa $60 millones de billetes verdes.

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Óscar de la Torre, director de Protección a la Propiedad Industrial del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), organismo fundado en 1994 para atacar la piratería, indica que aún es imposible saber a ciencia cierta el monto económico de este negocio, pero calcula que representa... ¡la mitad del mercado de las marcas registradas!

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¿ORIGINAL O COPIA?
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Para determinar si un producto es ilegal –“pirata”–, según la legislación mexicana, éste debe asemejarse a otro (el original) al grado de que cree confusión visual, ortográfica, gramática o fonética. En todo caso se trata de una competencia desleal.

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El hecho de copiar, imitar o reproducir un producto genera fuertes dolores de cabeza a las grandes compañías productoras de bienes de consumo. Sin duda la pregunta obligada es: ¿por qué se copia un producto? La respuesta es sencilla: porque haciéndolo se obtienen jugosos ingresos.

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En opinión de David Shaw, abogado especializado en marcas y derechos de autor, la piratería es el precio de la fama. Las marcas, dice, sirven para distinguir un producto o servicio de otro; cuando éstas “pegan”, casi automáticamente son pirateadas.

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Hoy todo es susceptible de reproducirse ilegalmente. Desde prendas de vestir, software, juguetes, perfumes, casetes, discos compactos, relojes, videos, tenis y muchos otros artículos. “La piratería es un problema que las empresas no quieren tener, pero el día que lo dejan de tener lo quisieran de vuelta”, bromea Shaw.

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El fenómeno de falsificación es relativamente joven en México. En la década pasada los productos copia provenían de países orientales como China, Corea y Taiwán. Sin embargo, la novatez de los piratas mexicanos quedó atrás. De la Torre indica que en un operativo en 1994 se incautaron 1,000 productos; ahora, si bien les va, localizan 40.

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Uno de los primeros sustos serios a los piratas nacionales sucedió el 1º de julio de 1991, en Izazaga 34, en el Centro Histórico de la ciudad de México. En ese entonces la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) decomisó 16,320 pantalones marcas Levi’s 501, 505 y Silver Tab apócrifos.

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Desde las reformas a la ley las autoridades incrementaron la lucha contra la piratería. Sin embargo, cada día más fuertes y más audaces, los delincuentes desplegaron velas y establecieron sus madrigueras en estados como Puebla y Michoacán y en el Bajío, ya como verdaderos productores y exportadores de mercancía “chueca”.

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Para combatirlos está el IMPI, como autoridad administrativa, pero también tiene responsabilidad la Fiscalía Especial de Delitos de Propiedad Industrial de la Procuraduría General de la República (PGR) y el Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDA), antes Dirección de Derechos de Autor, de la SEP. También se modificó el marco legal y entró en vigor en marzo de 1997 la nueva Ley Federal de Derechos de Autor, la cual ha sido descrita por especialistas en marcas y derechos de autor como plagada de contradicciones, imprecisiones y omisiones.

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LA LUCHA CONTRA LA IMPOSTURA
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Conscientes de que sus marcas son reconocidas y por supuesto pirateadas, los representantes de empresas como Levi’s, Reebok, Pond’s, Disney, Calvin Klein y Twentieth Century Fox Home Entertainment proponen, se quejan, actúan y sufren el precio de la fama.

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Para Levi Strauss de México –una de las más perjudicadas por la copia ilegal–, su principal competencia no es, como podría suponerse, Guess o Calvin Klein, sino los propios Levi’s piratas.

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César Mantilla, ex director general de Levi Strauss de México, explica que en una encuesta realizada entre consumidores top de la pirámide de consumo, encontraron que mantienen 39% de la preferencia contra Guess, su más cercano competidor, que ostenta 17% del mercado. Sin embargo, del universo que “dominan”, la mitad es de ellos y la otra mitad de la piratería.

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Mantilla hace algo más que soñar con que la piratería desaparezca. Durante 1997 Levi’s invirtió en el país $1.7 millones de dólares para el rubro de la piratería. Este dinero, informa Mantilla, se aplicó en operativos y redadas conjuntas con las autoridades judiciales, capacitación de funcionarios aduanales y en la educación del consumidor, el objetivo más difícil de cumplir.

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Por su parte, André Bruère, director general de Reebok de México, intentará pegarle a los piratas en donde más les duele: el precio. La compañía buscará reducir los precios de venta de sus productos sin perjudicar la calidad a través de una mayor eficiencia global de la empresa.

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Tal encomienda no se apetece nada sencilla. De los cinco millones de pares de tenis de supuesta alta calidad que se venden en México al año, 1.5 millones son de dudosa procedencia. Para Bruère, parte de la solución al problema de la piratería es un mayor rigor fiscal frente a los implicados. De la Torre responde que al encontrarse mercancía de dudosa procedencia, la Secretaría de Hacienda realiza auditorías fiscales y la PGR investiga si se trata de contrabando. “Usamos lo mejor de cada ley e institución gubernamental para combatir la piratería”, indica.

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Bruère explica que al comprar un producto de calidad, el consumidor asegura el concepto de garantía y durabilidad, mientras que las copias atentan contra la propia salud del cliente o fomentan el robo de mercancía original.

- -LOS CASOS
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Para una empresa de entretenimiento como Disney, la salud del pequeño consumidor es fundamental, dice Joaquín del Rivero Yaniz, director de la empresa de entretenimiento infantil.
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“Actualmente se vende en los semáforos un set pirata con Winnie the Pooh y sus amigos. No sabemos si la pintura o el plástico pueden ser tóxicos para los infantes y al ver las caricaturas de Disney la gente piensa que son nuestras”, explica Del Rivero.

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Con 140 licenciatarios y más de 2,000 productos en diversas industrias como la del vestido, accesorios, productos para el hogar, juguetes y deportes, entre otros, Disney –asegura el ejecutivo– demanda de sus asociados los más altos estándares de calidad en sus productos. Recomienda adquirir los productos en tiendas departamentales, boutiques o comercios establecidos para no llevar una desagradable sorpresa a casa.

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Dentro de la industria pirata también se encuentran aquellos productos que son imitaciones idénticas, las que quieren aparentar ser un original, importaciones paralelas, y los que sólo se toman la molestia de rellenar envases.

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Pond’s de México lo vive en carne propia. Armando Cuéllar, director comercial de la empresa, afirma que en operativos con las autoridades han detectado Crema S de Pond´s rellena con producto de ínfima calidad. Los piratas compran a los pepenadores sus envases, que en el mejor de los casos reetiquetan y venden en puestos ambulantes, salidas del Metro y casa por casa, añade.

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“Pero existen otros con más imaginación y dinero que hacen uso de la tecnología”, explica Cuéllar. Los pseudocomerciantes copian, con ayuda de imprentas, los gráficos del jabón de tocador Dove.

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Las importaciones paralelas son parte del problema de piratería que viven las empresas. Rafael Kably Micha, director de Grupo Demim Café, licenciatario de la marca Calvin Klein en México, lo sabe. Kably afirma que los clubes de precio como Price y Sam’s importan prendas de vestir originales a bajo precio y un porcentaje de éste es defectuoso.

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La industria del video es un mercado que vende siete millones de casetes anuales aproximadamente, cifra nada despreciable para los piratas. “Con cerca de 6,000 videoclubes caseros, las películas grabadas artesanalmente tienen un gran mercado, comenta Sergio Sentíes”, director de Mercadotecnia de Twentieth Century Fox Home Entertainment México.

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Con menos de un año comercializando sus videos, Fox, que ostenta 20% del mercado, ya se enfrenta a los piratas y utiliza una vieja estrategia: “Si no puedes contra tu enemigo, únetele”. Sentíes afirma que las grandes empresas del video estudian cómo meter de nuevo al camino del bien a los pequeños clubes de renta.

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El “plan amigo”, como le llama la Asociación Mexicana del Video, consiste en apoyos económicos, descuentos en la adquisición de títulos, estantería y hasta pintura para los locales, todo esto para evitar malos pensamientos de los pequeños empresarios.

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PIRATAS IN SITU
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Para nadie es desconocido que mucha de la mercancía pirata o robada en el país tiene como destino final Tepito, ese barrio bravo famoso por ser semillero de boxeadores, artistas, comerciantes y piratas, reconocido desde el siglo XVI como lugar de intenso intercambio comercial.

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Ninguna autoridad federal, local u organismo empresarial tiene registros de las operaciones comerciales que se realizan los fines de semana en Tepito, pero se presume que son operaciones millonarias.

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“En Tepito puedes comprar cualquier producto falsificado, además de cocaína, cuernos de chivo, diamantes y el más reciente estreno de Disney”, explica un vecino del lugar.

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El también comerciante asegura que las autoridades reconocen que Tepito es uno de los mercados más peligrosos, porque la ley la imponen los lugareños. En el anonimato afirma que es un secreto a voces que la policía judicial vende protección en la zona. “Ni la policía preventiva, ni el ejército, ni la federal entran sin pedir permiso. Unos porque no quieren y otros porque no pueden”, explica resguardado en su puesto repleto de mercancía.

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Otro vendedor de mercancía “caliente” de Plaza Meave, edificio que concentra a un sinfín de puestos con mercancía de contrabando, reconoce que se compran productos robados debido a lo atractivo de su precio. “Mucha mercancía que llega a la plaza viene sobre pedido”, comenta.

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También asevera que muchos cartuchos de videojuegos a la venta son piratas, pero asegura que las máquinas Nintendo que comercializa son reconstruidas. “No vendemos aparatos pirata, son juegos de desecho de Nintendo of America”.

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Para este comerciante, el público es el que manda y le piden cartuchos más baratos, tenis de precios más accesibles con tal de tener la prenda de moda. “Al cliente lo que pida”, afirma.

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Una encuesta filmada en video por la naciente Alianza contra la Piratería muestra a consumidores de todos los estratos económicos opinando sobre la piratería. La mayoría sabe que consume productos pirata y no le interesa el daño a las empresas. “¿Por qué pagar más por lo mismo?”, es la constante respuesta. Gran problema.

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