Política y comunicaciones

Pocos entienden que existe una relación directa entre mejores comunicaciones y estándares más ele
Mónica Mistretta

Está en la calle, en la publicidad, en las noticias y hasta en los programas cómicos. Es casi inevitable no referirse a la política o, mejor dicho, a los políticos, hasta en esta humilde columna. Confieso, de antemano, mi poca afición a los intríngulis de la farándula política, sigo muy por encima las actividades partidistas y, por ende, procuro opinar poco al respecto (aunque a veces me cuesta trabajo cerrar la boca).

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Puede ser que me equivoque –vaya de antemano una disculpa para el atento lector–, pero yo no he escuchado a ninguno pronunciarse sobre la manera en que México puede acceder a mejores niveles de vida a través del desarrollo y uso de tecnologías de información.

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Reconozco que nuestro país tiene problemas urgentes que resolver, tan patéticos como la muerte de niños por desnutrición, la desigualdad, la inexistencia de un aparato de justicia, por sólo mencionar algunas. Pero esto no va a arreglarse más rápido si nos olvidamos de la tecnología para concentrarnos en lo urgente. En cambio, puede ser que la difusión y el acceso a tecnologías de información por parte de los mexicanos mejore muchos escenarios.

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Fue en marzo de 1994, en la primera Conferencia Mundial de Desarrollo de Telecomunicaciones, celebrada en Buenos Aires, cuando el vicepresidente Al Gore hizo un llamado a construir la Infraestructura Global de Información (GII, por sus siglas en inglés). En ese momento había poco consenso sobre qué demonios hablaba el político estadounidense, y lo que ello implicaría. Sin embargo, a partir de ese momento el mundo entero comenzó a pensar en las posibilidades de lo que entonces se dio en llamar la superautopista de la información.

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Lo anterior viene a colación porque la iniciativa de crear la GII por parte de la administración Clinton dio lugar a una reforma sin precedentes en telecomunicaciones, y creó los principios del acceso no discriminatorio a la información, promovió la competencia en las comunicaciones y se declaró el carácter universal de la red. En esa ocasión, la declaración final con vistas al siglo XXI apuntó: “Las telecomunicaciones son un componente esencial del desarrollo político, económico, social y cultural” y que “nuevos desarrollos tecnológicos en tecnologías de información y telecomunicaciones tienen el potencial de cerrar las brechas de desarrollo entre países desarrollados y en vías de desarrollo, y, al interior de los países, entre áreas densamente y escasamente pobladas”. La declaración también reconoció que “las telecomunicaciones pueden perpetuar, sin proponérselo, las brechas de desarrollo”. Los entrecomillados provienen de la disertación que el investigador Jonathan D. Aronson, de la Annenberg School for Communication, Universidad del Sur de California.

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Y cito: “Independientemente de quién gane la elección el mes próximo, es cada vez más claro que el sector de las telecomunicaciones y la información será el más importante en el esfuerzo de hacer competitivo a México, a los mexicanos, y a su economía en el próximo siglo. Si, como se cree, estamos en el amanecer de una economía global de la información, entonces poseer un sistema de comunicación eficiente, en constante modernización, y competitivo es absolutamente necesario para la prosperidad futura. Los servicios de telecomunicaciones están inevitablemente en el corazón de cualquier economía moderna de servicios”.

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Lo anterior iba acompañado de una invitación a permitir cambios y competencia por parte de los sectores público y privado. Todo ello ante la proximidad de las elecciones de 1994.

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No puede negarse que las condiciones han mejorado, pero todavía existen enormes retos para cerrar la brecha entre quienes tienen acceso y quienes no a la información, así como para incrementar la teledensidad. Por desgracia, parece que todavía son pocos los que entienden que existe una relación directa entre mejores comunicaciones y estándares más elevados de salud, nutrición, educación y bienestar. Los candidatos ¿lo sabrán?

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