Políticos y estadistas

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Sergio Sarmiento*

Escribo estas reflexiones antes de las elecciones del 6 de julio. De cualquier manera, es claro que ningún partido político alcanzará la mayoría absoluta en la nueva Cámara de Diputados. El Congreso tendrá que seguir dependiendo de alianzas de circunstancia para la aprobación de cada iniciativa. Y la parálisis que hemos visto en las reformas importantes del país va a continuar.

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Los ciudadanos mexicanos no parecen estar dispuestos a otorgarle un mandato claro a ninguno de los contendientes. El Presidente, el jefe de gobierno del Distrito Federal y varios gobernadores  tienen elevados niveles de popularidad personal, pero éstos no se han trasladado a sus partidos.

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El problema es que los institutos políticos  tienen visiones muy distintas del mejor camino para construir un país más próspero. Todos se dan cuenta de los problemas que afronta la nación, pero cuando se llega a los detalles, lo que quiere decir cada uno con reforma fiscal o eléctrica es del todo distinto.

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En otros países, especialmente los que han alcanzado mayor prosperidad, no hay diferencias tan radicales en las posiciones de los partidos. En el caso de la reforma fiscal, por ejemplo, la tendencia en todo el mundo es simplificar los sistemas, darle más peso a los impuestos al consumo (como el IVA) que a los que gravan el ingreso (como el ISR), eliminar deducciones, exenciones y tratos especiales. Pero en México los institutos políticos han preferido mantener un sistema complejo e injusto sobre la base de que no se puede aceptar que se cobre IVA a medicinas y alimentos.

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En el caso de la energía, la tendencia también en todo el orbe –incluso en naciones como China– es dejar la generación abierta a la inversión privada. Los gobiernos de los países prósperos se dan cuenta de que no tiene ningún sentido reservar la electricidad, el gas o el petróleo a monopolios estatales. En México, sin embargo, se siguen manteniendo éstos.

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Los candidatos buscan adoptar políticas populares, porque esto les garantiza el voto. Por eso son populistas. Pero la experiencia nos dice que los verdaderos estadistas están dispuestos a ver más allá de la próxima elección y buscan generar condiciones que den un mejor nivel de vida a la población,  tomando medidas benéficas aun cuando no sean populares.

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En México eso no está ocurriendo. Nuestros políticos sólo buscan conservar sus empleos y privilegios. Por eso no se atreven a impulsar las reformas que el país necesita, pese a que esto significa que los mexicanos sigamos viviendo en la pobreza.

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*Comentarista en TV Azteca y columnista en el diario Reforma.

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