Por detrás del conflicto

Las compañías pequeñas del mercado de telefonía captan nueva demanda y crecen, mientras Telmex y
Alejandro Castillo

A pesar de la competencia de los gigantes del sector, las nuevas telefónicas han comenzado operaciones y sus resultados sorprenden a todos, incluidas a ellas mismas. El inicio no ha sido fácil ya que han enfrentado un mercado sumamente concentrado.

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De acuerdo con cifras de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), hasta diciembre de 1999 en el país había 10,927 millones de líneas telefónicas, de las cuales, 10,878 eran de Telmex, el principal oferente, al que, por cierto, la Comisión Federal de Competencia le ha atribuido condiciones de dominancia en varios mercados.

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Sus más cercanos competidores, Avantel y Alestra, aunque se han limitado a proporcionar servicios de larga distancia y en éste tienen suscriptores que equivalen a 20% del total de líneas instaladas, ya cuentan con la concesión para proporcionar servicios de telefonía local, que no han ejercido en tanto no se resuelvan sus diferencias legales contra Telmex. Otra empresa que también se ha consolidado es Iusacell, que con su oferta de telefonía celular, ahora enfrenta la competencia de las pequeñas.

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Sin embargo, la realidad ha demostrado que Telmex, Avantel, Alestra y Iusacell no son capaces de  satisfacer la totalidad de la demanda del mercado. Éste sigue siendo un campo fértil para el surgimiento de otras opciones que, poco a poco, comienzan a registrar avances. Son firmas que se caracterizan por ofrecer soluciones de telefonía local, pero no excluyen las de larga distancia, o las tecnologías alámbrica o inalámbrica, fija o móvil.

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En general, cuentan con menos capacidad financiera, adoptan soluciones tecnológicas con gran pragmatismo y tienen un plan de crecimiento que se podría denominar modular, ya que a partir de atender una ciudad o localidad, progresivamente aumentan su capacidad instalada. A pesar de enfrentar muchas condiciones desfavorables –desde los problemas para instalar sus equipos, por las normas de uso del suelo, hasta la necesidad de aceptar las condiciones de la competencia–,  los resultados de estas empresas reflejan un desempeño mejor de lo esperado.

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En este grupo se ha ubicado a firmas tan diversas como Axtel, Marcatel, Maxcom, Nextel, Pegaso y Unefon que, en las condiciones actuales, ya demostraron que cuentan con capacidad para mantenerse en el mercado.

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Empresas jóvenes, pero agresivas.  A excepción de Maxcom, que ha realizado importantes esfuerzos para el tendido de líneas y mantener una mezcla de oferta alámbrica, el resto se ha basado en las distintas tecnologías de telefonía inalámbrica, que requieren, relativamente, una menor inversión en infraestructura.

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Aunque hubo algunas que comenzaron a ofrecer sus servicios en ciudades como Tijuana (Pegaso), Puebla (Maxcom) y Acapulco (Unefon), al mismo tiempo o casi de inmediato atacaron los mercados del Distrito Federal, Monterrey y Guadalajara, los principales centros urbanos del país.

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Por su número y presencia regional, son sobresalientes los esquemas de distribución de Pegaso, por medio de concesionarios y las grandes cadenas comerciales, y Unefon, que utiliza la infraestructura de las tiendas Elektra, que tienen una gran presencia en el país.

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Hasta el momento no existen esquemas para evaluar cuál de estas empresas es la que ofrece la mejor calidad relativa. De hecho, más bien han debido superar una imagen negativa que se generó por las deficiencias, sobre todo en el caso de los servicios inalámbricos. Esa situación afectó particularmente a Pegaso, cuyo crecimiento superó la capacidad instalada; por esa razón, esta empresa se vio obligada a acelerar su instalación de antenas para corregir la calidad del servicio.

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En ese contexto pareciera que, si bien tiene menor alcance, Maxcom cuenta con la tecnología más adecuada para atender la necesidad de gran calidad para corporativos empresariales.

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Problemas por superar
La empresas emergentes no han podido ignorar las pugnas que prevalecen entre Telmex, Avantel, Alestra y, en algunos momentos Iusacell. Sin embargo, su posición no es homogénea. Maxcom y Unefon se refieren con aceptación a la regulación vigente y a la actitud que tiene Telmex en relación con sus competidoras. Axtel, a su vez, en aparente alianza con Telmex, realiza una intensa actividad promoviendo que no bajen las tarifas de interconexión, sino que aumenten a $5.8 centavos de dólar.

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El argumento de Axtel es que los nuevos operadores locales requieren que se les pague una tarifa alta, para contar con recursos para seguir instalando nuevas líneas.

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En cambio, Marcatel denunció que Telmex, con las tarifas que fijó para los servicios que proporciona a los operadores, les impide capitalizarse y criticó a esa empresa por haber disminuido de manera artificial las tarifas de larga distancia. Los directivos de Marcatel señalan que las tarifas de interconexión altas repercutirán negativamente en el largo plazo.

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Por lo pronto, en el medio de las telecomunicaciones se analiza la propuesta de la Secretaría de Comunicaciones y transportes, de fijar tarifas diferenciadas de interconexión, para que Telmex cobre sólo $1.9 centavos de dólar y los operadores emergentes cuatro centavos. Como nota, Avantel advirtió que se amparará si la tarifa de interconexión con Telmex es superior a $1.9 centavos de dólar.

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Un futuro por definirse
La posición de los nuevos operadores podría modificarse, para bien o para mal, dependiendo de la solución que den las autoridades a la demanda de Alestra y Avantel de que se aplique una regulación que obligue a Telmex a responder con calidad, oportunidad y precios en lo que se refiere a la interconexión. La posibilidad de que eso ocurra es más fuerte ahora que las autoridades de Estados Unidos pidieron que la situación que prevalece en México sea analizada por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

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El interés de las autoridades estadounidenses podría estar relacionado con la enorme rentabilidad de Telmex que, en los últimos años, independientemente de las circunstancias, se ha encontrado dentro de las 500 empresas más grandes del mundo, según el ranking de Fortune; si bien en el monto de ventas está en la última parte del listado, en lo que se refiere a utilidades se encuentra entre los primeros puestos, con un margen que resulta envidiable, incluso para las firmas que generan tecnología. A pesar de sus reclamos, Avantel informó que con inversiones por $1,300 millones de dólares, en 1999 logró ventas por $550 millones, 36% más que en 1998.

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Si el status actual se mantiene, las telefónicas emergentes podrán seguir operando en condiciones que ya conocen y que pudieron superar. De hecho, es probable que ese sea el mejor escenario para las nuevas compañías, ya que en cierto modo les ha permitido avanzar progresivamente.

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Pero si se obliga a Telmex a limitar su poder de dominancia en el mercado, es probable que se vuelva más intensa la competencia con empresas que, como Avantel y Alestra, cuentan con una gran capacidad financiera, disponen de una infraestructura básica considerable –con la que ofrecían sus servicios de larga distancia– y podrían incrementar la oferta de líneas en poco tiempo.

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Una probable consecuencia sería una guerra de tarifas, que desembocaría en una pérdida de márgenes y la imposibilidad de competir por parte de las telefónicas emergentes. Otra sería que, para operar en condiciones de mayor competencia, aumentara la participación de los socios extranjeros –con experiencia en otros mercados– para mantener en operación a las nuevas firmas. Después de todo, el mercado mexicano vale el esfuerzo.

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