Por un sistema solidario

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El debate sobre cómo concebir y organizar la seguridad social no es nuevo. -Desde la década de los 80, los gobiernos de prácticamente todos los países -del mundo han replanteado el papel del Estado como proveedor de bienestar a -través de los sistemas de pensiones y el acceso a los servicios de salud. Las -razones de este viraje tienen que ver, sobre todo, con costos y eficiencia.

- El modelo solidario de seguridad social se tradujo en México como el triunfo -indiscutible de la casta revolucionaria en el poder. Ya en los 50, cuando nació -el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la población mexicana se -encontraba dividida por diferencias sociales profundas. El nuevo Instituto -partía, entonces, del principio de que tales desigualdades podrían atenuarse a -través de un sistema de seguridad que amortiguara los costos para los más -desprotegidos. Era la manera en que una sociedad se solidariza con sí misma y -con el proyecto de un país justo, al que se apuesta como una aspiración -colectiva.

- No obstante, al más fiel estilo de los vicios inherentes al estatismo, con -el paso del tiempo el IMSS cayó en una espiral burocrática que repercutió en -una pésima administración de los recursos y un muy deficiente servicio a sus -afiliados. Para echar leña al fuego, el gobierno se desentendió del tema y -prefirió colocar casi toda la responsabilidad de la seguridad social sobre -patrones y trabajadores. Así, este modelo arribó a los difíciles 90 con el -estigma de la inviabilidad.

- Y, ciertamente, el viejo modelo es inviable. Sin embargo, esto no justifica -el salto mortal que el gobierno mexicano pretende dar hacia la total -mercantilización de las pensiones y los servicios de salud. Nadie está en -contra de una reforma –de hecho, urge– a un esquema de seguridad social -anquilosado, pero no es ético que en el afán de impulsar la medicina privada y -el sector financiero se margine de toda protección a la mitad de los mexicanos.

- La iniciativa privada ha anunciado ya que, para acceder a un programa de -salud integral, un trabajador debe cotizar, por lo menos, siete salarios -mínimos. Si consideramos que 90% de los asalariados en este país se encuentran -debajo de ese rango, podemos imaginar qué va a pasar con esa gran mayoría de -con nacionales a quienes no tocará disfrutar de las bondades del nuevo modelo.

- Cuidado. Los esquemas importados de naciones con características -demográficas, económicas y sociales (Singapur, Estados Unidos, Chile) muy -distintas a las de este país, no son funcionales. Un nuevo sistema de seguridad -social debe construirse a partir de la propia realidad mexicana: más de 50% de -la población vive sumida en la pobreza. El Estado no puede trasladar la mayor -parte de esta responsabilidad al sector privado, cuando ni siquiera existen las -mínimas condiciones de estabilidad para que las inversiones fluyan en el ritmo -necesario.

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- Así, lo que requiere el país es un modelo solidario de participación -mixta: el Estado mantiene la primera responsabilidad sobre la protección social -de la población, los empresarios participan con mayor amplitud en la -administración del sistema y los trabajadores aportan recursos, pero con la -plena seguridad de obtener un servicio eficiente de salud y un fondo para el -retiro que les garantice un mejor nivel de vida.

- La realidad social de México exige un modelo eficiente y solidario. Ni el -mercantilismo a ultranza, ni los programas de caridad gubernamental aportarán -la solución a un problema tan complejo.

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