Primera llamada

La reactivación económica de Estados Unidos está a la vista. ¿Las empresas mexicanas lo saben?

Para hablar de ciclos Gilberto Rendón se pinta solo. El presidente de Visa Flor, empresa mexicana dedicada al cultivo de flores de ornato que envía al vecino país del norte 45% de su producción, sabe que la vida de su mercancía es muy corta. "Por eso es muy sensible al consumo", dice. Esta particularidad le permite al directivo percibir una mejoría en los pedidos provenientes de Estados Unidos. Incluso espera que sus ventas en este mercado crezcan 15% con respecto al año anterior. Gilberto Marín, presidente de la productora de pañales desechables Mabesa, también vislumbra alivio en sus operaciones. Estima que en febrero y marzo las ventas hacia la unión americana comenzaron a ganar terreno con un avance de aproximadamente 2%. Muy pronto, señala el ejecutivo, las cosas volverán a ser como antes. Estos dos casos ejemplifican el impacto que los primeros síntomas de recuperación de Estados Unidos tienen en la economía nacional. Aún no existen evidencias contundentes para afirmar que el principal socio comercial de México ya salió del bache económico, pero diversos indicadores permiten suponer que la reparación podría estar a la vuelta de la esquina.

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Anticipándose a las repercusiones generales, Merrill Lynch mejoró sus pronósticos de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para 2002 y 2003. La correduría internacional explica que el cambio es mínimo, excepto por el deterioro significativo en las cuentas externas. Sus proyecciones sobre la riqueza local pasaron de 1.2 a 1.4% en este año y de 5.6 a 5.7% en 2003. Aunque algunas empresas no corren con la misma suerte. SanLuis, corporativo mexicano dedicado al sector automotriz, espera que los inventarios se reduzcan a niveles que fomenten el restablecimiento de la producción. "Sí vemos una mejora, estamos produciendo más que el año pasado; pero es de un dígito: no es significativa", reconoce Héctor Amador, director de Relaciones con Inversionistas del conglomerado.

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¿Héroe o villano?

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A partir de la firma del Tratado de Libre Comercio, en 1994, el intercambio comercial ha sido el mecanismo de transmisión de los vaivenes del ciclo económico estadounidense a México. La dependencia es tal que BBVA-Bancomer estima que por cada punto porcentual de incremento en la actividad económica de aquel país, México responde, un trimestre más tarde, con un aumento de 1.2 puntos. En el comercio exterior el sector maquilador es el termómetro de la sincronía entre ambos países. La institución bancaria dice que este segmento representa cerca de la mitad de las exportaciones totales del país y alrededor de 60% de las no petroleras. La deceleración que experimentó Estados Unidos a lo largo de 2001, y que fue declarada oficialmente recesión el 26 de noviembre, causó una estrepitosa caída en esta rama de la producción local: 17% hasta octubre de 2001. Además, en materia de empleo se reportó una pérdida de 204,000 plazas laborales entre diciembre de 2000 y noviembre del siguiente año.

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"Hay una tendencia equivocada a creer que la recuperación de Estados Unidos tendrá una respuesta automática en México", opina Pablo Álvarez Icaza, director de estudios económicos en Bursamétrica. Entre otros factores, fundamenta su hipótesis en la pérdida de competitividad del sector exportador, ocasionada por menor productividad, rezago en las inversiones, mayores costos salariales y el fortalecimiento del tipo de cambio. El especialista espera que los efectos de mejoría en el vecino del norte sean más notables hasta el próximo año. Por ejemplo, conjetura que en 2002 las exportaciones crecerán 3% y al año siguiente 13.5%. Mientras tanto, las importaciones aumentarán 1.98% en este año y en 2003 reportarán una ganancia de 11.4%.

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Banamex comparte estas expectativas. Aunque predice un crecimiento del PIB de 1.8%, reconoce que en la primera mitad del año la actividad económica continuará débil, por lo que el avance será casi nulo. "Para la segunda parte, a partir de la recuperación de Estados Unidos, esperamos una importante reactivación de la economía mexicana, que implica que el sector externo retome su trayectoria de crecimiento y que el mercado interno muestre mejores resultados", afirma la institución bancaria.

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Primeros síntomas

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Los especialistas basan su optimismo sobre la recuperación de Estados Unidos en los indicadores financieros. De acuerdo con Bital, las cifras más relevantes son el aumento de 1.4% en el producto interno bruto (PIB) del cuarto trimestre de 2001, que contrastó con la caída de 1.3% en los tres meses previos. Mientras tanto el consumo doméstico –que representa 70% del PIB– creció 6% y el gasto de gobierno aumentó 10.1%.

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La institución bancaria señala que la reactivación también se reflejó en el aumento de las órdenes de bienes duraderos, que se incrementaron a un ritmo de 2.6% en enero. El índice de la actividad manufacturera pasó de 49.9 puntos en el primer mes del año a 54.7 puntos en febrero, "además de que se mantuvo a la alza por cuarto mes consecutivo, siendo la primera ocasión, después de 18 meses, que se ubica por encima de 50 puntos, considerada como una zona de expansión económica".

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Otros indicadores que pueden sugerir que la tendencia negativa de Estados Unidos está próxima a revertirse son las solicitudes iniciales de ayuda por desempleo, que se mantuvieron a la baja en febrero. De hecho el promedio de las últimas cuatro semanas fue el menor desde agosto de 2001.

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Además, la mayoría de los analistas de Estados Unidos revisaron a la alza sus proyecciones del PIB para la primera mitad del año. "Finalmente, esta coyuntura se está dando sin presiones inflacionarias; en enero este indicador, comparado con el mismo mes de 2001, fue de 1.1%, la cifra más baja desde 1965", agrega.

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Banorte, por su parte, explica que el desempleo en febrero fue menor al estimado. En este periodo se crearon 66,000 plazas de trabajo, cuando se esperaban 13,000; la tasa de desocupación bajó de 5.6 a 5.5%, contra las expectativas que sugerían un aumento. "Este reporte es una señal más de que la economía de la unión americana está en los inicios de una franca recuperación", asienta el grupo financiero.

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Finalmente Santander-Serfin destaca el incremento de 0.4% en producción industrial durante febrero. "Este dato es de particular importancia para la economía mexicana, pues existe una alta correlación entre los ciclos de negocios de ambos países, por lo que tal información deberá reflejarse en un mayor dinamismo del sector manufacturero en el país al cierre del primer trimestre." La institución agrega que la utilización de la capacidad instalada también creció a 74.8%, el nivel más alto en los últimos cinco meses.

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Peso fortalecido

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Merrill Lynch considera que la menor competitividad de México limita la dinámica exportadora y el crecimiento económico con respecto a la unión americana desde la firma del acuerdo comercial. En las presentes circunstancias, "esto aumentaría la vulnerabilidad externa y eventualmente presionaría la moneda", previene la firma internacional. Sin embargo, calcula que el precio del dólar al cierre del año se ubicará en $10 pesos y en $10.1 pesos en 2003.

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Una medida sugerida por grupos empresariales para tomar ventajas de los síntomas de la recuperación de Estados Unidos es propiciar la devaluación de la moneda local. "Nuestros márgenes de exportación han bajado porque los costos siguen subiendo en México", se queja Walter Kohler, presidente de la firma de aspiradoras Koblenz. Jonathan Heath, economista de Latinsource México, critica la postura de culpar únicamente al peso de la falta de competitividad. "Argumentar que el país se irá a la ruina por un tipo de cambio muy fuerte es como olvidar los principios económicos básicos", asevera. Y explica que hay sectores que debido a la paridad monetaria tendrán que salir del mercado, pero que eso no representa un problema macroeconómico.

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Para Fernando Losada, economista de ABN Amro, el vigor del peso es consecuencia directa de los flujos de capital externo, tanto directos como de portafolios. BBVA-Bancomer opina que el valor de la moneda nacional con respecto al billete verde no es una variable estadísticamente significativa para el dinamismo de la mayoría de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos. Según el banco, la situación que prevaleció en 2001 no influyó en la contracción que sufrió en ese año y la estabilidad que mantendrá en 2002 tampoco inhibirá su recuperación.

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Heath opina que la reactivación del vecino del norte, y su efecto en México, no será demasiado fuerte, "porque casi siempre las recesiones son simétricas: la forma en que se entra tiene que ver en cómo se sale". El especialista piensa que el nivel de inventarios y la falta de demanda deprimida durante la recesión acotarán el dinamismo del rebote.

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Losada acepta que el país se beneficiará de la nueva situación en la unión americana, pero sugiere aprovechar la coyuntura para avanzar en las reformas estructurales con el fin de procurar una economía más resistente a choques externos. "Los avances son mínimos. No hay más tiempo que perder", insiste.

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Otro experto asegura que una productividad elevada es la única forma real de aumentar el bienestar de la población. La combinación de salarios por arriba de ésta, más un tipo de cambio fortalecido, originó que el año pasado la competitividad se redujera 13 puntos. ¿Qué podemos hacer para sostener la productividad? Promover el cambio estructural y mejorar los elementos culturales, porque no estamos acostumbrados a la competencia, responde el especialista financiero.

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Durante 2001 y los primeros meses de 2002 la productividad promedio del trabajo cayó, lo que refleja que este indicador retrocedió más rápido que la cantidad de gente despedida. Sin duda se trata del renglón más afectado, considera Raúl Feliz, del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE): "Con la reactivación no habrá un rápido incremento en el nivel de empleo, sino que las empresas atenderán la misma demanda con igual número de personas hasta que la productividad se recupere."

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A pesar de que los efectos son cada vez más evidentes, muchos hombres de negocios del país prefieren manejarse con cautela, en espera –quizá– de subirse a una ola más grande. "Generalmente las crisis son más graves de lo que te dicen y las recuperaciones más lentas de lo que te anticipan", opina Francisco Zinser, director general de la cadena hotelera NH México.

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