Prioridad después de la crisis

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Carlos Sámano

El nivel de deuda con el que operan las empresas cotizadas en bolsa representa un importante indicador del “riesgo financiero” de la economía. Vale la pena conocer las “señales” que nos dan las tesorerías corporativas.

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El punto máximo de endeudamiento de las principales empresas cotizadas en bolsa se registró en diciembre de 1995, después de la devaluación y en plena crisis. La relación entre el endeudamiento y el capital contable mayoritario alcanzó 68%. A marzo de 1999, este indicador había descendido a 61%.

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Otra manera de medir el nivel de apalancamiento es relacionando la deuda con la capacidad operativa de las empresas (conocida como flujo de operación: la suma de la utilidad de operación y la depreciación del periodo). Este indicador tiene la ventaja de no mezclar aspectos puramente contables, para analizar así sólo la capacidad de generación de efectivo que tiene una entidad. En diciembre de 1994, la deuda equivalía a poco más de tres veces el flujo, disminuyendo hasta casi dos veces en marzo de 1999.

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Luego de importantes inversiones el sexenio pasado, al inicio de la presente administración las empresas se concentraron en consolidar esas inversiones, buscando aplicar el flujo a la disminución de su riesgo financiero. Estas inversiones marginales tienen la característica de haber sido financiadas con recursos de los accionistas, principalmente.

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Si bien al inicio del sexenio las expectativas económicas no favorecieron la inversión, ahora existe una mayor disponibilidad para llevarla a cabo, si bien el control del riesgo financiero representa una prioridad.

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Hasta marzo de 1999, las principales empresas cotizadas en bolsa reportaban pasivos en moneda extranjera que representaban 96% de la deuda total, mientras que las ventas de exportación sólo cubrían 52% de estos pasivos con riesgo cambiario. Este último indicador ha mejorado sustancialmente de 1994 a la fecha, como resultado de la mayor participación de las empresas en los mercados externos.

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Las señales más recientes son por demás optimistas, como la reciente colocación de bonos convertibles realizada por Teléfonos de México, la cual colocó deuda por alrededor de $1,000 millones de dólares. Esto muestra la confianza de Telmex sobre el riesgo cambiario de fin de sexenio y de los inversionistas extranjeros sobre la economía mexicana. Hay que considerar que dicha colocación se llevó a cabo antes del “blindaje financiero”, anunciado por el gobierno.

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La única manera de crecer es invirtiendo, y los fondos se obtienen tanto de los accionistas como de terceros. ¿Estará la mayoría de los empresarios dispuesta a incrementar nuevamente su riesgo financiero a finales de un sexenio? Sólo el tiempo lo dirá.

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El autor es director de análisis de Casa de Bolsa Bancomer

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