Procesadores. Fintas y amenazas

El mercado de servidores corporativos podría dar un vuelco en cosa de un año, cuando Intel lance M
Andrés Piedragil Gálvez

Después de un intenso programa de reuniones con los principales fabricantes de servidores corporativos, ha llegado el momento de decidir. Sobre el escritorio del director general están las dos propuestas finalistas. A primera vista, éstas no difieren gran cosa en términos de lo que la compañía está buscando: ambos equipos permitirían obtener las ventajas competitivas que ofrecen aplicaciones como el trabajo en red, correo electrónico o los servicios de Internet.

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En tal caso, lo normal sería que los criterios técnicos pasaran a segundo plano y cedieran su lugar a otros, en los que, por lo general, las diferencias son más evidentes, como los valores agregados que ofrece cada fabricante de equipo: precio, políticas de garantías, soporte técnico, capacitación, etcétera.

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Sin embargo, los documentos que revisa el director general exhiben otra diferencia que ha pasado desapercibida. Los servidores en cuestión utilizan distintos procesadores: uno se basa en la plataforma Pentium III de Intel; el otro, en la tecnología Alpha de Compaq. A primera vista, cualquiera pensaría que esta diferencia sólo se relaciona con tediosas consideraciones técnicas sobre “megahertz”, “memoria de caché” o “velocidad de reloj”. No obstante, el factor de los procesadores (conocidos popularmente como chips) no es un aspecto que deba tomarse a la ligera.

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Estos dispositivos no son sólo el cerebro de un servidor corporativo y la fuente de poder que lanza las aplicaciones; al mismo tiempo, son uno de los elementos que juegan un papel importante en cualquier decisión relacionada con la infraestructura del cómputo empresarial. Un examen a dos de las principales ofertas en el mercado de procesadores para servidor corporativo lo puede confirmar.

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Escenario compartido
En este mercado, Compaq e Intel son dos de las ofertas más conocidas en el ámbito mundial. La primera ofrece el procesador Alpha –tecnología que heredó al momento de adquirir a Digital Equipment–, que actualmente sólo se incluye en la línea de servidores del mismo nombre. Intel, por su parte, ofrece líneas específicas de sus procesadores Pentium –Xeon, en el caso de los equipos empresariales–, los cuales son utilizadas por distintos fabricantes de hardware –Acer, Dell, Hewlett-Packard (HP) e incluso Compaq, para algunos sistemas– como plataforma para el desarrollo de servidores corporativos.

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Hasta el momento, los chips de ambas compañías no han entrado a un escenario que los confronte directamente. Por el contrario, los sistemas basados en Pentium y en Alpha conviven dentro de los ambientes de cómputo empresarial. Por ejemplo: equipos con procesadores Intel se utilizan como servidores departamentales –es decir, están dedicados a atender necesidades de trabajo de ciertas zonas en una organización–, mientras que los equipos Alpha se colocan en el nivel de los llamados Data Centers (o centros principales de cómputo).

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¿Qué factores han determinado esta asignación de roles y posiciones? Según Donovan Paytuvi, gerente de producto del área de servidores de alto desempeño de Compaq México, una posible respuesta es que “Intel no tiene la suficiente tecnología para llegar a los niveles altos del corporativo. Hasta ahora, esta compañía no representa una competencia en la zona más importante del cómputo empresarial. Es difícil encontrar a una organización que cimiente su arquitectura central, el alma de sus tareas de cómputo, en equipos basados en Intel.”

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Sin embargo, más que hablar de una insuficiencia tecnológica o de la falta de ella, lo correcto sería señalar que las estructuras internas de los procesadores son distintas; esto, en el fondo, se manifiesta en el nivel de desempeño que ofrece cada chip al momento de desplegar ciertas aplicaciones. Así, los procesadores Pentium se apoyan en una arquitectura de 36 bits, que aunque ofrece un buen rendimiento en las aplicaciones empresariales más comunes (como compartir archivos), no brinda el mejor desempeño para correr aplicaciones de misión crítica, que requieren de un mayor poder de cómputo (data warehousing, aplicaciones científicas, sistemas para toma de decisión, por mencionar algunas). Para ese caso, la arquitectura de 64 bits de Alpha –la única con esta característica, hasta el momento– es la opción más adecuada.

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Este factor de “arquitectura/aplicación” es el que realmente permite determinar las fortalezas de cada uno de los chips y, por lo tanto, su posición en los ambientes de cómputo empresarial.

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La experiencia de trabajo de Elizabeth Torres, gerente de soporte de Grupo Qualita, empresa integradora de sistemas, avala lo anterior: “Si una empresa busca un sistema para administrar archivos, la solución podría ser un servidor pequeño basado en Intel. Sin embargo, si esa misma organización necesita un equipo para una aplicación que apoye la toma decisiones, lo mejor sería acudir a la oferta de Compaq. Hoy, el reto es encontrar, dentro del abanico de opciones, la respuesta adecuada para cada necesidad.”

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Y sin embargo, la última palabra no ha sido dicha. El próximo milenio podría reorganizar la geografía actual.

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El futuro, a 64 bits
A mediados del próximo año, Intel planea lanzar su primer chip de 64 bits: Merced, desarrollado junto con HP. Que esta empresa se desplace hacia esa arquitectura representa el boleto de entrada al espacio de los sistemas y aplicaciones corporativas de alto rango. A partir del 2000, la tecnología de Intel podría dejar de ser una que sólo interesara a quienes buscan un sistema restringido a zonas pequeñas.

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A pesar de ello, Compaq no considera que el arribo de Merced implique una amenaza a su posición dominante en la parte alta de los procesadores para servidor corporativo. Por principio de cuentas, señala Paytuvi, Merced sería la primera experiencia de Intel en el ámbito de los 64 bits. En tal sentido, la madurez tecnológica del procesador es un proyecto a largo plazo y, por lo tanto, de resultados inciertos.

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Thomas A. Leacy, vicepresidente y director de ventas y mercadotecnia para las Américas de Intel, cree en cambio que el nuevo chip no enfrentará problemas de soporte tecnológico. “Desde hace ya algún tiempo –dice Leacy– Intel ha trabajado con los sectores de hardware y software para asegurarse que Merced tendrá un nivel de adopción amplio. Ningún usuario corporativo se enfrentará a un escenario de incertidumbre. Cuando el procesador esté disponible, las corporaciones ya encontrarán una plataforma de trabajo, con aplicaciones y equipos de cómputo, totalmente listos para aprovechar sus ventajas al máximo. Para Intel no tiene sentido lanzar un procesador que no le asegure al usuario beneficios y productividad inmediata.”

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Pero Paytuvi insiste en que es necesario valorar la experiencia en el mercado. Desde su punto de vista, un empresario no debe olvidar que Alpha es ya una plataforma de 64 bits y Merced no lo será hasta dentro de un año. Este factor, que en 1999 parece insignificante, “es muy importante para el hombre de negocios que quiere garantizar su inversión en tecnología”. Como ejemplo, el ejecutivo recuerda que, según los analistas de la industria de tecnologías de información, la versión de 64 bits de Windows NT, sistema operativo de red de Microsoft, desplazará a UNIX como plataforma de las operaciones de cómputo corporativo.

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“¿Qué pasa si hoy una empresa compra un servidor basado en Intel, de la marca que sea? Son 32 bits y permite que la compañía obtenga todas las ventajas de la versión actual de NT. Cuando salga Windows NT de 64 bits, es un hecho que éste correrá en equipo Intel; pero lo hará con una gran diferencia: operará con un rendimiento de 32 bits; es decir, no se obtendrá el máximo desempeño del sistema operativo. Si una organización desea explotar todo el potencial de NT a 64 bits, deberá adquirir otro servidor. Esta situación no se presenta en los servidores Alpha: puedes utilizar la versión actual de NT y, cuando el sistema operativo crezca hasta los 64 bits, sólo hay que reinstalar”, establece Paytuvi.

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A pesar de las críticas, Intel no cree que su llegada al ámbito de una nueva arquitectura afecte a los servidores basados en 32 bits. Por el contrario, la compañía del Pentium III ve en esta situación una gran oportunidad de integración. “Vamos a seguir creando nuevas tecnologías de 32 bits –promete Graco García, director de mercadotecnia de Intel de México–. Con Merced lo único que cambiará será la filosofía del desarrollo: a partir del próximo milenio, la prioridad será la compatibilidad entre las distintas arquitecturas, para facilitar la comunicación entre los distintos sistemas informáticos de una empresa. Quien piense que, tras el lanzamiento de Merced , Intel se olvidará de los procesadores de 32 bits, está totalmente equivocado.”

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Si bien la carrera por los 64 bits no iniciará hasta dentro de un año, los objetivos de Intel y Compaq ya están claros. ¿Quién es el favorito? Esa pregunta es difícil de responder, incluso para alguien como Torres, de Grupo Qualita, dedicada a implementar soluciones de cómputo empresarial.

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“Intel es una empresa que marca pautas en el desarrollo tecnológico –razona la integradora–; seguramente, su oferta de 64 bits estará muy bien diseñada y respaldada. Pero Alpha es un procesador muy maduro desde varios puntos de vista: arquitectura, desempeño y calidad. No podría decir que uno es mejor que otro.”

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