Quebec, capital de la nieve

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El largo y duro invierno canadiense se vuelve encanto, tradición y risa en la ciudad de Quebec. Por eso, cuando el frío y la nieve descienden sobre la urbe, los habitantes y visitantes no se encierran en sus casas y hoteles, más bien se abrigan y se activan. Caminan por el Vieux-Québec, el barrio antiguo rodeado por 4.5 kilómetros de muralla que en siglos pasados protegía la ciudad de invasores ingleses o americanos.

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El Vieux ofrece calles estrechas, iglesias y casas de arquitectura francesa hechas de piedras. Muchos de estos inmuebles ya son tiendas, cafés, galerías y museos, aunque quedan algunas calles donde sólo le acompaña el leve crujido de la nieve bajo sus pasos.

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Para mantener el frío a raya, una pista de patinaje espera cerca de una apertura en la muralla, la puerta Saint Jean, y una resbaladilla sobre la terraza Dufferin, desde donde se ve el río Saint Laurent y, del otro lado, la ciudad de Lévi.

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La noche llega temprano a esa latitud pero la gente no se retira a sus aposentos, pues la blancura invernal resalta el resplandor del alumbrado y los restaurantes convidan a compartir cena y vino.

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