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Veterano de muchos combates, Rafael Almada atestiguó durante quince años las grandes hazañas de la industria del vino. Como director general de la Asociación Nacional de Vitivinicultores (ANV) ha visto el lento crecimiento de los vinos nacionales, luego el derrumbe de la producción a causa de la importación de productos de ínfima calidad, y ahora la estrepitosa caída del consumo debido a la crisis financiera y del poder adquisitivo. A continuación, una síntesis de sus declaraciones a EXPANSIÓN.

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¿Cuál ha sido el comportamiento de la industria este año, y qué podría hacerse para el futuro?
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Sin temor a equivocarme, 1995 es el año más atípico que hayamos visto en toda la historia de esta industria. Ha sido sumamente difícil. La situación es dramática en cuanto a que el poder adquisitivo no ha mejorado; también nos ha afectado la falta de estabilidad política. Creemos terminar el ejercicio en niveles por debajo de las estimaciones de principios de año. Las pérdidas sufridas en el mercado interno, por fortuna, se han logrado paliar con la exportación de uva de mesa vinos. La exportación de uva de mesa a Estados Unidos alcanzó este año seis millones de cajas de 10 kilos. Esto se consigue porque la uva mexicana se cosecha antes que la de ese país y se aprovecha un mercado temporal en los canales de distribución. Los vinos mexicanos también han seguido penetrando en Europa, en países con tradición vinícola como Alemania, Francia e Inglaterra. Este año exportaremos algo más de 200,000 cajas (10% más que en 1994), principalmente productos de Domecq, Cetto, Santo Tomás y Casa Madero. De todos modos, estamos hablando de volúmenes pequeños. La industria está trabajando al 50% de su capacidad máxima teórica, que es de 3.5 millones de cajas anuales. En México, en 1995 se consumirán aproximadamente 1.2 millones de cajas de vino nacional, y otro volumen similar de marcas importadas.

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¿Mejorarían las exportaciones si los productores tuvieran apoyo gubernamental?
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Antes, las exportaciones tenían una forma errática. En los últimos años, sin embargo, ha habido una acción proactiva. Se han investigado los mercados, y estas inversiones han tenido frutos. No sólo se exportan los mejores vinos sino algunos más económicos, que han encontrado nichos de mercado específicos.

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Es necesario discutir con las autoridades, particularmente las hacendarias, para que entiendan que en el caso del vino de mesa la competitividad internacional pasa por la congruencia entre nuestros impuestos y los que se aplican en los países con los que competimos. El vino mexicano paga 21.5% de impuestos sobre el precio de venta, que acumulado al IVA representa 39.7%. Los destilados, como el brandy, pagan 44.5% más el IVA (66.1% acumulado).

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También hay que considerar que algunas prácticas de comercialización impiden la oportuna recuperación de los recursos económicos. En otros países se acostumbra un crédito máximo 30 días, pero en México se puede extender hasta 90 días. Como los impuestos se pagan a plazos fijos, nos convertimos en financieros del fisco. El aparato burocrático ha mejorado, pero todavía es susceptible de perfeccionarse. Para nuestra industria es importantísimo llegar en forma oportuna a los mercados extranjeros. No hacerlo es una falla de -marketing. No sentimos oposición de las oficinas responsables, pero tampoco hemos encontrado el modo de agilizar estos trámites.

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¿Los estímulos debieran extenderse a los productores en el campo?
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El cultivo de la vid es un negocio de mucha paciencia y grandes inversiones, porque durante los primeros cuatro años no es explotable. En el periodo -1983-1984 llegamos a tener 75,000 hectáreas de viñedos y ahora hemos caído a 45,000. ¿Por qué no recuperar aquella superficie mediante estímulos a la producción del campo? Sería una medida importante para paliar el desempleo, porque este es el cultivo que más ocupación genera en el momento de la cosecha: 120 jornales por hectárea. La industria origina más de cinco millones de jornales al año en el campo. Estas no son inversiones volátiles sino de largo plazo, porque los productores no están pensando en arrancar las plantas y correr.

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Este año hubo un caso de intoxicación por metanol en el estado de Morelos, con varias víctimas. ¿Cuál es la posición de la industria respecto del tráfico de estos productos clandestinos?
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Es absolutamente una competencia desleal y estamos muy preocupados. Llevamos muchos años negociando con las autoridades sanitarias, y este año la Secretaría de Salud promovió la campaña "No te la juegues", precisamente para combatir el consumo. No sabemos quiénes son los productores, pero sí que toman botellas vacías, les dan una lavada superficial y las rellenan con alcoholes que sacan quién sabe de dónde. Hay un problema sanitario serio porque esas seudo-fábricas no tienen ningún control de calidad o de laboratorio.

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