Razones de la pobreza chilanga

El DF es, entre las grandes urbes latinoamericanas, la de menor poder adquisitivo. ¿Por qué no alc
Leonardo González y Martín Hess

La evolución de las variables fundamentales macroeconómicas en México ha sido positiva durante los últimos tres años. La inflación está controlada, el tipo de cambio fluctúa libremente de acuerdo al mercado de divisas, las tasas de interés muestran una tendencia a la baja y el riesgo país ha mejorado notablemente, por encima de Brasil y Argentina. A pesar de estas buenas noticias, los mexicanos perciben la realidad de manera diferente debido a contrastes abismales entre los distintos indicadores económicos y su poder de compra.

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El mercado interno enfrenta una recesión en múltiples sectores de la economía y la inversión se ha frenado dramáticamente. Existe una crisis de desempleo y un pujante mercado informal.

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Pero, sobre todo, el poder adquisitivo de la población sigue sin mejorar. Y lo que es más grave: ha empeorado con relación al resto del mundo.

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De acuerdo con la prestigiosa publicación suiza Prices and Earnings, de la consultora UBS, en 2003 la capital del país ocupa la posición 63 con respecto a 70 ciudades incluidas en el estudio. Este dato representa una caída sustancial con respecto al año 2000.

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Este no es un fenómeno relativo al diferencial entre economías avanzadas y en desarrollo. Cabe destacar que el Distrito Federal es la peor ciudad entre las ocho latinoamericanas analizadas con un estándar de vida comparable.

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DF, al final de la fila
Según UBS, actualmente el poder adquisitivo de un salario anual mexicano es sólo 20% del de las mejores ciudades en el mundo. El indicador revela cuánto puede comprar el capitalino promedio lo que, obviamente, no es mucho.

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Este valor se calcula a partir de las horas brutas y netas pagadas en 13 distintas ocupaciones representativas, así como sus contribuciones a la seguridad social sobre el valor monetario de una idéntica canasta de consumo en cada ciudad.

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Dado el nivel de desarrollo y estabilidad económica del país, sorprende que la ciudad de México ocupe la última posición entre las urbes latinoamericanas incluidas en la muestra: Bogotá, Buenos Aires, Caracas, Lima, Río de Janeiro, Santiago de Chile y Sao Paulo. Es significativo que en el año 2000 solamente estaba por encima de Caracas, una ciudad que mejoró su posición relativa a pesar de la grave crisis en Venezuela durante el primer semestre de 2003.

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Los logros y avances de México en materia económica no son suficientes ni abren la posibilidad de una vida mejor.

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Como el nivel de precios de muchos productos y servicios es muy elevado, el dinero no le rinde a los capitalinos y el flujo de efectivo neto sigue siendo una de las variables más importantes en las familias mexicanas.

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Un ejemplo del costoso nivel de vida en la ciudad de México es el gasto en vivienda. Los alquileres se encuentran en la posición 40 con respecto a las 69 ciudades restantes, y se ha incrementado marginalmente en relación a 2000. De hecho, la renta de casas habitación es más cara que en algunas ciudades europeas, como Barcelona.

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Según el informe suizo, el Distrito Federal comparte con Lagos, Nigeria, los precios más elevados en la compra de electrodomésticos.

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El único rubro en que la ciudad tiene importes bajos dentro de la comparación internacional es en el de transporte público, que está altamente subsidiado por el gobierno local. Sólo en tres urbes, ninguna de ellas latinoamericana, este renglón es más barato. Los $2 pesos que se pagan por un viaje en Metro son 20 veces más económicos que en las metrópolis más caras del ranking, y los viajes en taxi cuestan una decena de veces menos.

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¡No alcanza!
La cuestión que concierne al poder adquisitivo no sólo es un asunto social y del bienestar de los capitalinos. También afecta a la política de movilidad de recursos humanos de las corporaciones multinacionales que, al enfrentar este problema, pueden elegir otros destinos para sus empleados con el fin de evitar pagar salarios elevados que igualen la capacidad de compra en otras latitudes.

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Ante esta preocupante situación existen múltiples argumentos defendidos por expertos y analistas. Por una parte, el ambiente económico ha incentivado la realización de inversión intensiva en mano de obra, similar a otros países de Latinoamérica. La liberalización comercial ha sido una estrategia que beneficia a los productos y servicios importados más competitivos en el mercado. El tipo de cambio es un indicador acerca de la esperanza que existe en el exterior sobre el desarrollo económico del mercado nacional. Paralelamente, el sector informal continua creciendo, según avanza la recesión en el país.

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Tal contexto no es la causa del bajo poder adquisitivo, pero obviamente exige mejoras sustanciales en la competitividad de los principales sectores de la economía. ¿Cuáles son las causas que explican el porqué no le rinde el dinero a los chilangos?

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Por el lado de los precios elevados podemos responsabilizar a la red de oligopolios que existe en México y que garantiza la existencia de precios no competitivos para bienes y servicios. El Estado no sólo tolera estos grupos sino que hay casos en que los protege. La red, a su vez, se ve beneficiada por los bajos salarios que pagan a la fuerza trabajadora. El nivel de precios es comparable entre las distintas ciudades del país, por lo que podemos hablar de un problema generalizado.

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Existe también una estructura sindical que negocia ventajas que no se manifiestan en mejores salarios, sino en beneficios para sus líderes. A todo esto se suma un ambiente de restricción de liquidez que impide la realización de inversiones en tecnología y proyectos productivos, lo cual generaría un trabajo más pródigo y justificaría un aumento real de salario.

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La publicación de UBS demuestra claramente que estas circunstancias adversas nos sitúan en el peor lugar de la clasificación internacional de precios y ganancias.

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Es indispensable una reforma institucional que permita cerrar la brecha del desarrollo con respecto a los países industrializados y un mejor funcionamiento de los mecanismos de mercado.

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Con el fin de mejorar el salario real es preciso hacer cambios en los precios que no afecten negativamente el poder adquisitivo de la población y producir con técnicas más eficientes que las aplicadas en la actualidad. Esto requiere invariablemente de mejores sistemas educativos.

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Otra urgencia es mejorar el área fiscal en el país, para que garantice el mejor funcionamiento del Estado y amplíe las expectativas de gobernabilidad y gasto público.

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Si no se realizan estas y otras medidas no sólo no se podrá combatir el bajo poder adquisitivo; también se pondrán en riesgo los logros en materia macroeconómica.

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