Rebelión en las urnas

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Alfonso Zárate

El más longevo partido de Estado del planeta perdió el poder en una batalla cívica. El 2 de julio, contra la predicción de Fidel Velázquez (“llegamos por las balas y sólo nos iremos por las balas”), el país cambió. Y cambió sin tiros de por medio, sin pacto de élites ni cartografía política. Sólo a través de un acto de llaneza democrática: cruzar un emblema en millones de pedazos de papel. Fue la rebelión en las urnas, la reedición pacífica del ¡ya basta! zapatista que en 1994 bajó de las cañadas.

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El 2 de julio se materializaron muchas décadas de ir tejiendo la transición: los movimientos cívicos y la tozudez de los panistas; la insurgencia sindical ferrocarrilera y magisterial de finales de los 50; la osadía estudiantil que en el 68 desacralizó al Señor Presidente. Fueron los agravios acumulados de Tlatelolco a Aguas Blancas; del domingo 7 de 1940 a la “caída del sistema” en el 88.

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Fue la inseguridad pública rampante, la corrupción y la impunidad; la ineptitud gubernamental, los “errores de diciembre” y Fobaproa; el desgaste irreversible de los dinosaurios y la insensibilidad de los tecnócratas frente a los 40 millones de pobres y los siete millones de analfabetas...

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La contundencia de las cifras alejó los escenarios de conflicto social; la madurez y el sentido de responsabilidad de los protagonistas: Ernesto Zedillo en su carácter de jefe de Estado, la serena reacción de los perdedores; los primeros movimientos de Fox, la prudencia en el festejo.

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Otra buena noticia: el PRD conserva la capital. Un país con tanta pobreza y exclusión necesita de una fuerza institucional que subraye los contenidos sociales. El PRD tendrá que revisarse a fondo. El liderazgo premoderno de Cárdenas debe dar paso a nuevos estilos y orientaciones para construir una izquierda cabalmente democrática. Pero no todo es miel sobre hojuelas. Aún no se pueden descartar tensiones en nuestra inesperada “transición de terciopelo”.

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El 2 de julio Francisco Labastida decía: “Por encima de todo está México... Nuestro partido está vivo, seguirá vivo.” El país transitaba de la aceptabilidad de la derrota a la aceptación de la derrota. “La ciudadanía tomó una decisión que todos debemos respetar. Yo pondré el ejemplo.”

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Después de un costoso y azaroso proceso de cambios políticos, se da el “corte de caja de la transición”. Sin embargo, el triunfo de Fox no es la alternancia democrática sino su anticipo, su expresión simbólica. La alternancia no se consuma en el acto electoral, es un continuo que recién empieza y que debe concluir con el tránsito de la condición de súbditos a la de ciudadanos.

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Lo que viene, sin dilación pero sin prisa, es dejar atrás los excesos del presidencialismo. En palabras de Julio María Sanguinetti, “acompasar el miedo de los que se van con la impaciencia de los que llegan”.

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-El autor es director de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC.

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